No preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti.
John Donne.
Cumplí un sueño, un sueño que muchas veces pensé que no iba a suceder nunca. Me daba pudor, reparo, no quería ser moralista... Hasta que un día los pensamientos fueron: «¿Por qué no?» Y ese pensamiento cambió las cosas.
En mi libro hay muchos sueños, por que, como seres humanos, los sueños son innatos a nosotros mismos. Y hablo de TODOS los seres humanos. De la misma manera soñamos los blancos, los negros, los asiáticos, los mestizos, los mexicanos, los salvadoreños, los estadounidenses, los marroquíes, los etíopes y los que nacimos en este país. Absolutamente todas las personas tenemos sueños, proyectos, imágenes de cómo queremos que sea nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Muchas veces somos nosotros mismos los que truncamos nuestro sueño, no nos creemos dignos o merecedores de ese éxito, nos falta confianza en nuestras posibilidades. Nos quedamos acurrucados en nuestra cama, con miedo a sacar la patita y antes de empezar ya lo damos todo por perdido.
Otras veces son las circunstancias, las políticas, la economía, los vendavales y las tinieblas las que hacen pedazos nuestras ilusiones. A veces, incluso, podemos morir en el intento.
En «Olor a rueda quemada» ficciono la realidad, convierto en un relato una realidad más dolorosa de lo que yo he sido capaz de reflejar con mis palabras. Me dicen que son relatos duros, que sacuden, que por qué escribo esas cosas... Sin embargo, la vida real es mucho peor y, lo siento, pero tenemos que contarlo. No podemos mirar a otra parte.
![]() |
| Un pequeño homenaje a un gran hombre: Yannis Behrakis. |
Sinceramente, tengo algo de cobardía, me «escondo» tras el papel y la tinta para denunciar lo que otros defienden con su vida y su libertad. No tengo narices para hacer lo que ha hecho Carole Rackete, salvando, literalmente, la vida de 42 seres humanos, sin mirar a los lados, de frente, sin opciones, porque no las tenía. Tanto Carola, como muchos otros de sus compañeros, se juegan la libertad y a veces su vida, por cumplir los sueños/derechos de otros seres humanos: el sueño de poder VIVIR, de poder comer, de poder salvar la vida, de tener una existencia segura, de poder proporcionar educación a sus hijos, de poder pasear libremente... A mí me parece que todos ellos, como todos nosotros, tienen el derecho (tenemos el derecho) de luchar por lo que simplemente se merecen. ¿O es que nosotros no haríamos lo mismo?
![]() |
| La imagen que inspiró el relato que da nombre al libro. |
Después del viernes me invade una sensación de satisfacción, satisfacción no solo por haber cumplido este sueño, o por haber estado rodeada por tanta gente a la que quiero (que también), sino por la seguridad de que he hecho y estoy haciendo justo lo que quería. «Olor a rueda quemada» es el libro que me estaba esperando para que yo lo escribiera. Quizás nunca pueda ir al «terreno» y no pueda ayudar a la gente en un campo de refugiados o en un país en conflicto, pero, quizás, este es el camino que la vida me ofrece para ayudar a dar voz a los que se la han quitado.
En mi libro no solo hay dolor: hay amor, héroes y heroínas, poesía, mar, bondad, generosidad, y, sobre todo, mucha esperanza. Esperanza en que un mundo mejor es posible, únicamente tenemos que pensar que las campanas doblan por todos nosotros, que cualquier muerte nos afecta porque estamos ligados como humanidad... Y que debemos ponernos en marcha.
Gracias a todos por acompañarme.
¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerde de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas;
doblan por ti.
John Donne.


