sábado, 18 de julio de 2026

¿Y SI SÍ?

 

   Autor: Istvan Zsiros, 30/08/2015, Budapest.
Borderless love. 

¿Y si la mejor forma de resistir es través del arte, del amor, de las buenas acciones, de las palabras? ¿Y si es verdad que la mayor protesta no es un grito, sino un verso (o una pintura, un dibujo, una escultura, una película o una canción)? ¿Y si podemos hacer las cosas de otra manera? 



Porque somos muchos los que pensamos igual...:

* Una fotografía (la que ilustra esta entrada): Borderless love de Istvan Zsiros, tomada en 2015 en la estación de tren de Budapest durante la huida de los sirios de la guerra. No creo que haya resistencia mayor que la que representa esa imagen.  

* Unas palabras: las de David Cantero y su alegato contra la indiferencia que puedes leer a continuación. Palabras transcritas una a una porque yo no puedo decirlo mejor. «No quiero dejar de conmoverme, de emocionarme, de inquietarme, no quiero mirar hacia otro lado, no quiero que me de igual».

* Una canción: Si se callase el ruido de Ismael Serrano cuya versión en acústico puedes encontrar al final de esta entrada. Si se callase el ruido/ oirías la lluvia caer/ limpiando la ciudad de espectros/ te oiría hablar en sueños/ y abriría las ventanas./ Si se callase el ruido/ quizás podríamos hablar/ y soplar sobre las heridas/ Quizás entenderías/ que nos queda la esperanza. Ojalá se callase el ruidoso estrépito de los que nunca debieron ser escuchados.   


David Cantero, en Las tardes de RNE. 10/07/26.

«No quiero convertirme en un miserable, no quiero permanecer impasible, no quiero esconderme y ser un cobarde, no quiero volverme insensible, no quiero mirar callado como el mal avanza ante la indolencia de los que deambulan extraviados en la decadencia moral. 

No cabe la neutralidad ante la amenaza de los que añoran dictaduras y guerras, los del siniestro aguilucho, los de la misoginia y la homofobia, los del machismo y el racismo. No sirve la equidistancia ante las injusticias, no vale la pasividad ante los que causan sufrimiento, ni la indiferencia ante la oscura sombra que se cierne ante esta sociedad adormecida, amodorrada. 

No quiero dejar de conmoverme, de emocionarme, de inquietarme, no quiero mirar hacia otro lado, no quiero que me de igual, no quiero perder la poca esperanza que me queda, no quiero dejar de buscar la verdad, no quiero dejar de apreciar lo que es injusto, no quiero dejar de combatir la perversidad, no quiero permitir que me arrebaten la rebeldía, las ganas de cambiar lo que no está bien, de luchar contra lo que nos corrompe y nos pervierte.

No quiero quedar impávido ante los siniestros, acobardarme ante los malvados, encogerme de hombros, hacerme un ovillo y enterrarme hasta que pase lo peor. No quiero olvidar, quiero recordar con detalle todo lo que sucedió para no volver a caer en ello. 

Quiero sumergirme en los confines del océano, bucear hasta el fondo y desenterrar todo lo que queda de aquel que fui, de aquel que no se rindió ni se rendirá, encontrar todo aquello que me hizo ser quien soy, como soy. 

No quiero tener que arrepentirme de no haber hecho, de no haber dicho, de no haber sabido, de no haber escuchado. No quiero convertirme en madera podrida como tantos. No quiero ser lo que ellos quieren que sea, no quiero que la vida deje de ser lo que debe de ser la vida. No quiero renunciar a ser libre y bueno, no quiero plegarme ante su opresión y su estupidez, ante el pernicioso declive que pregonan sin reparos. No quiero naufragar en ese mar mugriento, no quiero ser como ellos, siquiera parecerme un poquito. 

Quiero seguir alentando la libertad, la sensatez, la bondad y la compasión. No quiero caer en ese pozo de amarga indiferencia, en su ciénaga de odio y crueldad.

No quiero perder el sentido de la honestidad y la injusticia. No quiero mirar con apatía como con sus botas lo aplastan todo. No quiero permanecer sin hacer nada. No quiero conformarme con malvivir en medio de esa zozofra, de esa incertidumbre. No quiero ahogarme entre los restos del tremendo naufragio que vimos venir impásibles, inútiles, incapaces, impotentes, indiferentes, sin hacer absolutamente nada.

Seguiré haciendo lo que haga falta para que esta vida siga mereciendo la pena ser vivida sin miedo y con alegría».





Al final no estamos solos


domingo, 28 de junio de 2026

LA BELLEZA DE PILAR PI

 



«La creatividad existe porque la realidad no basta».
Pilar Pi.


Mis pacientes/usuarios/alumnos me han escuchado muchas veces hablar de la importancia de crear belleza, de que si uno busca en su interior y entre sus neuronas es capaz de crear cosas hermosas para intentar compensar la fealdad que nos rodea: el dolor, el sufrimiento, los pensamientos nocivos, los estigmas, las miradas de desaprobación... Eso hacen cada lunes en nuestro taller de escritura creativa en la Comunidad Terapéutica. Y eso les refuerzo e intento que nunca olviden: que son capaces de contribuir al mundo con su propio arte. Y es absolutamente maravilloso. 

Y yo también lo busco. Y lo anhelo. E intento aportar mi parte.  

Busco la belleza para seguir creyendo. 
Busco la belleza para conservar la calma. 
Busco la belleza para que mi conciencia no me torture. 
Busco la belleza para evitar la amargura. 
Busco la belleza para mantener la esperanza. 

Y esa búsqueda muchas veces da sus frutos. Aunque mantengo una constante contradicción con las redes sociales (mantengo a raya la cantidad de «amigos» y mi Instagram seguirá siendo privado), esas mismas redes a las que a veces permito que absorban mi tiempo deslizando absurdamente el dedo, también me han dado contactos y amigos de verdad que me aportan mucho, como mi amiga Maribel. Gracias a ella, he encontrado a la artista Pilar de la Cal, Pilar Pi. Y qué gran suerte. 



Pilar comenzó a dibujar en una habitación de hospital, como herramienta de expresión y canalización emocional durante un largo proceso patológico. Pero sus dibujos no se han quedado guardados en ningún cajón. Pilar les ha insuflado vida, les ha permitido volar más allá de las paredes donde fueron creados. Esto es lo que realmente importa y marca la diferencia entre las personas: de una etapa de dolor, incertidumbre y miedo, Pilar consiguió (y continua haciéndolo) contribuir al mundo con la belleza de su arte y de su humanidad. 

Las exposiciones de Pilar han destacado principalmente en la zona de León y Galicia. Su obra ha estado ligada al entorno de la Tebaida Berciana y ha contado con muestras individuales de carácter terapéutico. Entre las más destacadas os menciono las siguientes: Monasterio de San Pedro de Montes (León) donde participó en la exposición colectiva Pictrix Thebais; cafeterías APeTéCeMe (Orense) donde su obra ha sido distribuida en los establecimientos de esa red de cafeterías; y en el Hospital El Bierzo (Ponferrada) donde realizó la muestra individual «Recién amanecida». 




Pilar también ha puesto en marcha la exposición itinerante de dibujos terapéuticos titulada «La magia está en todas partes». Con ella ha realizado un circuito previo principalmente por las cafeterías APeTéCeMe de diferentes hospitales de Galicia y Salamanca. Sus dibujos representan un emotivo canto a la vida y a la esperanza. 

Su contribución llega más allá: todas sus exposiciones son a beneficio de asociaciones que luchan contra la leucemia como ABACES (asociación berciana) o ASCOL (asociación de Salamanca).



Os cuento que la siguiente exposición será el próximo 3 de julio, en la Oficina de Turismo de Molinaseca, Bierzo. Será conjunta con Fernando López Peñamil y sus bordados. Lo recaudado de los dibujos será destinado a un paciente con leucemia con pocos recursos económicos del Hospital Clínico de Salamanca. Esta exposición y su objetivo cuentan con el apoyo de la doctora Mónica Cabrero, hematóloga del Hospital Clínico de Salamanca. 




Pilar es un ejemplo pasmoso de cómo se puede dar la vuelta al dolor y transformarlo en belleza, es un ejemplo de resiliencia y generosidad. Es un ejemplo de contribución a esta sociedad a través del arte, y yo me siento enormemente agradecida de haberla encontrado. Podéis seguirla en sus redes: Facebook: Pilar Pi, Instagram: calpilardela e informaros de cómo poder apoyar su labor. 

Para terminar os dejo esta reflexión sobre la importancia del arte que tanto me ha llegado y que he «robado» del perfil de Instagram @mattnr26 de Matt Rodríguez. Creo que resume muy bien lo que, seguramente, tanto Pilar como yo pensamos: 

«El arte nunca fue solo entretenimiento. Está en las canciones que nos salvaron. En los libros que nos cambiaron la forma de pensar. En las películas que nos marcaron. En las obras que nos hicieron sentir menos solos. El arte cuenta quienes somos. A veces sentimos cosas que no sabemos explicar. Y ahí aparece el arte. El arte transforma emociones en expresión. Es uno de los actos más puros de libertad. Crear arte sana: a veces una canción dice lo que nosotros no somos capaces. 
El arte es parte de lo que somos. 
Nos conecta. Nos emociona. Nos transforma. Nos recuerda que seguimos sintiendo. 
Porque donde exista arte existirá humanidad. 
El arte nos salva».



Gracias, Pilar.
Gracias, Maribel. 




viernes, 12 de junio de 2026

PRIMAVERA DE MICRORRELATOS INDIGNADOS 2026



 

AHORA

Ahora es solo una mancha verde entre otras muchas manchas verdes que se confunde en la inmensidad de la marea que recorre las calles de la ciudad. Ahora no tiene nombre ni apellidos; no es la profe, ni la maestra Begoña, no es la compañera, ni la encargada de la biblioteca, ni una de las maestras voluntarias en la última excursión; no es la tutora de 2º B, ni tampoco la profesora de plástica o la preferida en las guardias de Anabel. Ahora no carga libros, no tiene esquemas en la cabeza, ni ejercicios, ni exámenes, no tiene manchadas las manos de tinta ni de tiza ni utiliza el papel maché. Ahora no olvida la burocracia, ni las aulas atestadas o la falta de tiempo para hacer las cosas bien; no es el miedo a perder la vocación, a olvidar qué significa enseñar, mostrar, educar, compartir, crecer, acompañar, incluir, orientar, alentar, inspirar, estimular, despertar, guiar, apasionar.

Ahora es frustración, es dolor, cansancio y preocupación. Ahora es ansiedad y es valentía, es «ni un paso atrás», es huelga indefinida. Ahora es por vuestros hijos y por los nuestros, es por nuestra dignidad, por la de todos, y por los que vendrán. Ahora son las plazas, las calles, los silbatos, el ruido y el silencio atronador de los que nada esperan ya. Ahora es solo una mancha verde entre otras muchas manchas verdes que se confunde en la inmensidad sabiendo que no se rendirán.


María Requena.

Primavera de Microrrelatos Indignados 2026.

En apoyo a la Revuelta Educativa. 

domingo, 7 de junio de 2026

CUANDO EL MUNDO MIRA A OTRO LADO (o el Mundial de la vergüenza)

 

                      Foto: Unicef Italia. Gaza 

"La banalidad del mal no viene de los monstruos. Viene de la gente normal que deja de pensar".  Hannah Arendt.

Hannah Arendt nos dejó la frase anterior en los años 60, mientras cubría el juicio a Adolf Eichmann (uno de los principales organizadores del Holocausto). Ella, alemana de origen judío que sufrió en sus propias carnes la crueldad de los campos de concentración, esperaba encontrar un demonio, un monstruo, pero se encontró con una persona normal, como cualquiera de nosotros, que «solo» hacía su trabajo sin pensar. Había dejado de pensar. 

Lo más triste para mí no es que Hannah dejara esto por escrito en aquellos momentos; lo más triste es que tantas décadas después sus ensayos y estudios sobre el totalitarismo y la banalidad del mal estén de «rabiosa actualidad». Yo, que he leído algunos de sus ensayos, doy fe de lo escalofriante que resulta darse cuenta de las semejanzas, de los paralelismos con la situación mundial actual.  

En el libro que acabo de terminar de leer esta tarde, el emocionante Ahora y en la hora de Héctor Abad Faciolince, el autor cita: «El mal, dice Vasili Grossman, es una persona con un rostro y un nombre. (...) Hay personas que consiguen, con un uso coherente de la propaganda, el miedo, la violencia y la mentira, que su propia voluntad se convierta en la obediencia voluntaria de casi todo un pueblo». En este libro el autor paisa nos relata su terrible experiencia como víctima de un ataque ruso a civiles en la ciudad de Kramatorsk, al este de Ucrania, mientras comía en un restaurante italiano con tres amigos, y donde resultó fallecida la escritora Victoria Amélina de 37 años, el 27 de junio de 2023. Habían ido allí a documentar la crueldad humana, esa que acabaron experimentando en sus propias carnes a 25 km del frente de guerra. 

El mal de esta época son personas con rostros y nombres, igual que en la Alemania nazi (igual que en el genocidio de Ruanda, igual que en la guerra de los Balcanes, igual que en cada uno de los conflictos que nos han asolado y asolan este planeta). Los Adolf Eichmann de esta época también son personas con rostros y nombres, personas que también han dejado de pensar y que no se plantean la maldad de sus actos: esto es la banalidad del mal de la que hablaba Arendt. 

A principios de este año leí este artículo: El orden mundial. Y sus palabras vuelven a mi cabeza una y otra vez: «Estados Unidos es el mayor riesgo geopolítico del momento». Hemos podido comprobarlo mes a mes, día a día, tanto en su política interior como en la exterior. 

En abril de este año 120 ONG emitieron una alerta para viajar a Estados Unidos durante el Mundial (puedes leer la noticia aquí). «Ante la falta de acciones claras por parte de la FIFA y de autoridades locales, existen múltiples riesgos potenciales. Entre ellos destacan la denegación arbitraria de entrada al país, detenciones migratorias, deportaciones, vigilancia digital invasiva y restricciones a la libertad de expresión». También se sabe que el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) estará campando a sus anchas en las sedes, el mismo servicio que está llevando a cabo graves violaciones de los derechos humanos en territorio estadounidense. 

Igual que mientras escribo esto, mientras se celebre el Mundial de Fútbol gran parte de la población del mundo seguirá sufriendo las consecuencias desastrosas de las políticas del presidente de los Estados Unidos y sus secuaces: el pueblo cubano, el pueblo palestino, el pueblo iraní, etc. etc. etc. etc. 

Por eso, mi capacidad de entendimiento no logra comprender cómo la sociedad en general no habla de boicot, cómo nos estamos mostrando indiferentes a que uno de los acontecimientos deportivos más importantes se celebre en suelo estadounidense. No, y es un rotundo no, el fútbol no es apolítico y no puede ser indiferente. Los seres humanos no podemos disociarnos y mantenernos al margen de lo que les pasa a otros seres humanos. Sí, y es un rotundo sí, el fútbol a esta escala mueve demasiado capital como que para que las federaciones de fútbol (o quienes tengan el poder de hacerlo) se posicionen contra su celebración. A mí me parece bochornoso, indignante y vergonzoso, y solo me queda la esperanza de que se use su celebración para poner en relieve el retroceso tan brutal que ha sufrido el mundo en derechos y libertades gracias a personas con rostros y nombres

No es que sea una gran amante del fútbol, pero este año me ha dado grandes alegrías. Gracias al fútbol algunos de mis pacientes han vivido momentos que no olvidarán y mis compañeros y yo lo hemos vivido junto a ellos. Gracias al fútbol hemos creado una «Peña Bética» en mi Comunidad Terapéutica y yo soy la feliz «secretaria» que saca las entradas a nuestros aficionados, les ayuda a organizarse para ir al estadio y observa esas caras de ilusión que no tienen precio. Gracias a él nuestros usuarios han mostrado una motivación que no hemos podido conseguir con casi ninguna otra cosa. 

Igualmente, Asaenes (Asociación de Familiares, Allegados y Personas con Trastorno Mental Grave) y otras entidades dedicadas a la atención a personas con trastornos mentales graves ponen en marcha una liguilla de fútbol para todo aquel que quiera participar. En esos partidos desaparecen los diagnósticos, los medicamentos y solo quedan la ganas de unirse en equipo, divertirse y, por supuesto, si es posible, meter goles. 

En el librito El autoestopista de Grozni y otras historias de fútbol y guerra el recordado y añorado reportero de guerra Ramón Lobo (gran aficionado al fútbol y al Real Madrid) escribía: «En Sierra Leona (...) el juego desempeñó un papel notable en la reeducación de niños a los que el conflicto había robado la infancia, la inocencia. En sus calles polvorientas se mezclaban los ex guerrilleros, sus víctimas y los refugiados que habían regresado de la vecina Guinea Conakry. El fútbol fue la herramienta que sirvió para limar diferencias y crear áreas de entendimiento, de respeto».

Por eso, si saco esto de mis entrañas, no es en contra del deporte en sí, es en contra (y mucho) de que el  mundo mire a Estados Unidos sin condenar tajantemente su política más cercana al fascismo que sufrió Hannah Arent hace 80 años que a los derechos y libertades que deberían existir a estas alturas de la historia de la humanidad. 

Héctor Bellerín (jugador del Real Betis), con el que incluso he tenido la oportunidad de intercambiar algunas palabras, es un pequeño faro en la oscuridad que recorre el futbol de alta competición. Se moja. Claro que se moja. Y lee y está en el mundo. Y dijo en una entrevista que puedes leer aquí lo que sigue: «Creo que como futbolistas tendríamos que hacer muchísimo más» al ser preguntado por el genocidio en Gaza. 

Yo también creo que los futbolistas de élite tienen la enorme oportunidad de denunciar lo que pasa en el mundo, son un gigantesco altavoz, y no pierdo la esperanza de que este Mundial sea histórico no porque en parte se celebre en el país de un presidente tirano al que no le importan nada los demás seres humanos, si no porque la sociedad y el deporte empiecen a despertar del letargo de la gente normal que ha dejado de pensar. 

Héctor Abad termina Ahora y en la hora así: «Esta historia personal busca inocular al menos un pequeño anticuerpo contra esta antigua sed humana que tiende a preferir la fuerza y el mando de un hombre fuerte, de un tirano, en lugar del difícil, pero no imposible, acuerdo entre los muchos que pensamos distinto».

Pensemos, miremos, analicemos, leamos, denunciemos y critiquemos lo que existe a nuestro alrededor. En esta parte privilegiada del mundo (porque la geografía es una cuestión de azar) nos toca, a mi parecer, no mantenernos al margen. Yo lo tengo claro. ¿Y tú? 

domingo, 15 de junio de 2025

¿QUEDA ALGUIEN CON VIDA?

 



"La realidad es que, en su mayor parte, el mal lo causa la gente que nunca toma la decisión de ser buena o mala". Hannah Arendt.


Llevo todo el fin de semana pensando dónde ponerme a gritar. A gritar aunque sea para mí sola y para mi hija, para que el día que lea esto sepa que intenté mejorar un poco el pequeño mundo que me rodeaba.

En los últimos dos años he intentado mantenerme apartada de telediarios y redes sociales en cuanto a las noticias del mundo. No recuerdo la última vez que vi un telediario. Mi trabajo actual, al que adoro, me hace ser testigo de mucho sufrimiento, un sufrimiento debido a la propia enfermedad mental, pero también al contexto y a las injusticias que se dan en la sociedad en la que vivimos.

Ya podemos los profesionales partirnos la cara para que nuestros pacientes mejoren, sean autónomos, se mantengan estables y estén preparados para una vida en la sociedad que esta les escupe una y otra vez. Y os digo que realmente nos partimos la cara cada día. Es enormemente frustrante ver cómo personas que han sido capaces de bregar con una enfermedad estigmatizada de por sí no pueden incorporarse a un puesto de trabajo porque, basicamente, apenas hay ofertas de empleo. Entre el 80-90% de las personas con esquizofrenia nunca encontrarán un trabajo (ahora vas e intentas motivarles a seguir luchando). Es más, tampoco existe una red residencial en condiciones para las personas con enfermedad mental. Es más (mucho más), con las pensiones que tienen (ni siquiera teniendo una pensión en condiciones) podrán acceder al mercado de alquiler (claro, que sin tener enfermedad mental también lo llevas claro, sea dicho de paso). Y es que el contexto en el que vivimos juega en contra de las personas que han tenido peores cartas en la vida. Y es que el contexto en el que vivimos juega en contra de los propios derechos de las personas, con o sin enfermedad mental. 

(No, no, no voy a hablar de los robos de dinero público de nuestros políticos mientras no hay presupuesto para colectivos desfavorecidos porque igual me enfermo). 

Total, que dado que debo cuidarme para poder cuidar he intentado, en la medida de lo posible, mantenerme alejada de las noticias del panorama mundial porque sé lo mucho que me llega afectar. Pero en estos días inciertos y malditos obviamente ha sido imposible. Y escribo esto aporreando mi viejo ordenador porque es imposible mantenerse impasible ante lo que vive nuestro mundo en estos momentos. 

Hoy escuchaba a Almudena Ariza comentar que había visto la película "El ministro de propaganda de Hitler". Esta película habla sobre Goebbles y esta experimentada periodista explicaba que es aterrador ser consciente de cómo esta historia es tan actual, cómo los medios de propaganda nazi se parecen tanto a la manipulación de hoy en día, cómo hay tantas analogías entre lo que pasó con los judíos y lo que está pasando en Gaza. No aprendemos nada, decía. 

En estos días en las redes sociales podemos ver imágenes de Gaza que son realmente tenebrosas, simplemente lo único que queda por saber es si va a quedar alguien con vida. Estamos en 2025, este año hace 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. No hay palabras, solo indignación. 

Y no solo Gaza va a desaparecer del mapa con sus seres humanos incluidos ante nuestros ojos, también en la "tierra de la libertad", en Estados Unidos, Donald Trump está limpiando el territorio de las personas que no cree convenientes para sus intereses. ¿Piensa depurar la raza o qué coño tiene en la cabeza?

Gaza, Estados Unidos y los casi sesenta conflictos bélicos que ocurren en estos momentos en nuestro mismo planeta se deben gracias, y no nos engañemos, a dos factores únicos e incontestables: el poder (también llamado ambición) y su primo el dinero. Y punto. No hay más. Este es el resumen de la historia de la humanidad.

No soy una experta en política internacional, pero sí que a lo largo de mi vida he visto muchas miradas de personas con diferentes realidades y siempre vuelvo a ese momento que fue tan contundente para mí cuando con 21 años conviví con demandantes de asilo de tantas partes del mundo y me di cuenta de que todos queremos lo mismo. Todos los seres humanos buscamos darle un sentido a nuestra vida, vivir en paz y en seguridad para nosotros y nuestras familias. Es así de simple y tan cierto como el sudor que recorre ahora mismo mi espalda.

Esta semana le he contado a mi hija esta experiencia y otras muchas a esa misma edad, con esos 20 años tan importantes en mi vida en los que recorrí lugares de sufrimiento para entender qué narices podía hacer yo. Recuerdo que una hermana de las Hermanas Hospitalarias (durante mi estancia en el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos) me dijo que no podía asumir el sufrimiento del mundo, pero sí mejorar mi "pequeño mundo". Otra hermana de las Hermanas de la Caridad de la Madre Teresa (durante un voluntariado en Madrid con mujeres enfermas de SIDA) me dijo que con el simple hecho de transmitir a las nuevas generaciones que todos tenemos los mismos derechos era más que suficiente para contribuir a hacer un poco mejor este mundo.

Casi con 50 años he visto muchas miradas, he buscado explicaciones al sufrimiento en muchos ojos, he intentado mitigarlo desde mi profesión, mi vocación y mi humanidad, pero sigo sintiendo una enorme frustración ante ciertas narrativas de odio, destrucción y deshumanización. Hoy con 48 años me siento tan frustrada como cuando tenía 20, tan absolutamente asombrada por el mal que el ser humano puede llegarse a infringir a sí mismo, porque cuando se matan y aniquilan a otros seres humanos, se hace daño a la humanidad entera. 

Mañana volverá a ser lunes y volveremos a partirnos la cara para que nuestros usuarios tengan la vida más digna posible. Mañana volverá a ser lunes y seguiré intentando, como cada día, que mi hija se de cuenta de que la diferencia nos enriquece, que en ella misma se unen dos mundos y que eso la hace el mundo entero, y que en ello radica la belleza de la humanidad.  

Hoy grito con estas palabras escritas casi sin pensar, sin mirar, como un desahogo sobre el mundo que vamos a dejar a las nuevas generaciones, generaciones que en algunos lugares de este planeta están a punto de desaparecer. Hagamos lo que podamos en nuestros pequeños mundos, no caigamos en la manipulación mediática, en la manipulación procedente de la boca de unos pocos ciegos y ambiciosos, miremos al otro y a su sufrimiento y hagamos lo que esté en nuesta mano, no miremos a otro lado. Gritemos, aunque, a veces, sea lo único que podamos hacer. 


«"Humanos que cuidan de los humanos, y no humanos que se enfrentan a humanos". Os invito a saludar esta buena nueva». Behrouz Boochani. 

domingo, 7 de enero de 2024

De qué hablamos cuando hablamos...


El instante preciso en el que nos vimos por primera vez. Compañeros. Bailar en un despacho. How to save a life. Un cd de música que aún guardo. Un montón de risas. Una portada de una revista ficticia. La receta de una ensalada de raviolis. Y la de un brownie. Tu Elo y mi Manu. La exposición de tus cuadros. Salva, Quique. Un tiempo sin vernos. Emma. Mi hija en tus brazos. ¿Tú escribes? Escribo contigo. ¿Tú lees? Leo contigo. Un club de lectura con dos únicos miembros. Harry Quebert. Murakami. Carver. Cumbres garrapiñosas. Una academia de MR. Magdalenas. Jarek Zlateck. Mis cucarachas. La llamada. Mucha ilusión. Sales por la radio. Emoción. Un grupo de música por Facebook. Conciertos. Jamie Cullum. Los lunes y las frases. Me quedo con tu amistad. Una quedada microrrelatista. ¿Te unes a un proyecto? Por ti y por todos tus compañeros. Una presentación juntos. Y una firma de libros en Madrid. Tu libro y el mío. ¿Te vienes a mi taller de escritura? Una pandemia. El miedo. Tu enfermedad, tu fuerza, tu recuperación. Mi depresión, mi hipocondría. Tu ayuda. Tu paciencia. Tú que dices "Ójala pudiera ayudarte a encontrar trabajo". Tu apoyo. Tu gran obra que se parece a la de Tolkien. Buscar o no un agente literario. ¿Te vienes a mi trabajo? Tú que siempre dices que sí. ¿Lees mi libro de microrrelatos? Para lo que quieras, cuando quieras. Mi agobio, tu cariño, tu compresión. La mala noticia. Una noche en la que sueño que no llego a abrazarte. El abrazo que llega. Tu dolor que me traspasa. ¿Sabré cómo ayudarte? Te quiero mucho. Aquí estoy. Siempre. 

viernes, 25 de agosto de 2023

Ya somos el olvido que seremos


(No conozco al autor de la imagen)


Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad.
Héctor Abad Gomez. 


Para que deje todo lo que tengo entre manos y me siente a escribir sobre un libro mucho me ha tenido que emocionar, y desde marzo esto no me ocurría. Ahora mismo tendría que estar o estudiando para mi oposición o preparando mi tesina para dar por finalizado el máster, pero voy a usar los siguientes minutos u horas para dejar aquí escrito todo lo que me ha emocionado el libro El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. 

Será una tontería, pero me encanta que mi ejemplar, además, esté editado en Colombia, la tierra de procedencia del autor de este maravilloso libro y de su padre, Héctor Abad Gómez, porque... ¿qué quieres que te traiga de Bogotá? Libros, muchos libros (y arequipe, claro).

Reconozco que hasta la fecha no había leído nada de Abad Faciolince, que empecé a interesarme por él cuando escuché a otra autora colombiana a la que admiro mucho, Sara Jaramillo, hablar de él, y que supe más de su persona gracias (o por desgracia) al bombardeo que sufrió recientemente en Ucrania, y en donde falleció una de sus colegas ucranianas, entre otras víctimas. Pero nunca es tarde, y gracias a este libro he llegado a su universo literario y vital y aquí quiero quedarme. 

«Casi todo lo que he escrito lo he escrito para alguien que no puede leerme, 
y este mismo libro no es otra cosa que la carta a una sombra».

No tenía ni idea sobre qué iba este libro cuando hice mi lista de deseos colombianos, solo sabía que era el más conocido y admirado de su autor. No sabía que era el homenaje personal de un hijo a un padre, qué hijo y qué padre, qué palabras y qué amor, pero también qué violencia, qué sinrazón, qué pena, qué rabia y qué pérdida. 

Hoy, casualidades de la vida, hace 36 años que la vida de Héctor Abad Gómez terminaba en una calle de Medellín tiroteado por unos cobardes salvajes. Se acababa la vida de un padre amoroso, de un hombre bueno que luchó por frenar las injusticias voraces que devoraban a sus compatriotas, de un hombre valiente, de un ejemplo de ser humano en mayúsculas y haciendo honor a lo que eso significa: SER HUMANO, algo que a muchos se les olvida.


«Cómo células que somos de ese gran cuerpo universal humano, somos sin embargo conscientes de que cada uno de nosotros puede hacer algo por mejorar el mundo en el que vivimos y en el que vivirán los que nos sigan. (...) Saber que estamos contribuyendo a hacer un mundo mejor debe ser la máxima de las aspiraciones humanas».

Muchas cosas son las que impactan de este libro. Principalmente, la figura de defensor de los derechos humanos de Abad Gómez, y la relación con su mujer y sus hijos, y, en concreto, con el autor. Y creo que cuando una historia te llega tanto es porque refleja tus propios valores, incluso tus mismos intereses o a lo que uno aspira en la vida. Aspirar a ser una persona buena y que tus hijos sean felices. Creo que poco más sencillo, pero también poco más honorable y grande hay en esta vida. 

En este libro Abad Faciolince reproduce cartas, discursos, citas de su padre. Tuve dudas de cómo llamar a esta entrada. Podría haberse llamado Cartas de un hijo a su padre, o La página 297, porque es la página que me ha arrancado lágrimas y que no me queda otra que reproducir una pequeña parte aquí:

«En este momento quiero releer esta carta que revela el amor gratuito de un padre por su hijo, ese amor inmerecido que es el que nos ayuda, cuando hemos tenido la suerte de recibirlo, a soportar las peores cosas de la vida, y la vida misma:
(...) Cualquier cosa que tú hagas de aquí en adelante, si escribes o no escribes, si te titulas o no te titulas (...) estará bien; lo que importa es que no vayas a dejar de ser lo que has sido hasta ahora, una persona, que simplemente por el hecho de ser como es se ha ganado el cariño, el respeto, la aceptación, la confianza, el amor, de una gran mayoría de los que te conocen. Qué más da lo que crean de ti, que más da el oropel, para los que sabemos quién eres tú. (...) Lo que queremos nosotros es que tú vivas»

Esta historia chorrea amor en cada resquicio de sus palabras, el amor de un hombre a su familia, a otros seres humanos, a la belleza («amó todas las manifestaciones humanas de la belleza y que fue, al mismo tiempo, espontánea y discreta») y, así, a lo grande: a la vida. Un amor por los demás que le costó la vida, porque son los que aman y defienden a los indefensos, los que luchan por eliminar las injusticias, por ser la voz de los demás, por denunciar los que otros no quieren ver, esos son los que se la juegan de verdad. Así decía el propio Héctor Abad Gómez: «Si me mataran por lo que hago, ¿no sería una muerte hermosa?». 

Héctor Abad Gómez (1921-1987) fue un médico especialista en salud pública, catedrático, ensayista, activista social y por los derechos humanos. Fue pionero en la salud pública en Colombia y un referente en este área en Latinoamerica. Fue asesinado a balazos la tarde del 25 de agosto de 1987 en una calle de Medellín. 

Su hijo invoca a sus lectores en la tarea de evitar el olvido de su padre. Tiene razón en decir que la mayoría de nosotros moriremos y seremos recordados solo unos pocos años en la memoria de otros (ya somos el olvido que seremos), pero esto no pasará ni para el padre ni para el hijo. El autor intenta con El olvido que seremos hacer más perdurable («en un intento desesperado») el recuerdo de su padre («espero tener en ustedes, lectores, unos aliados, unos cómplices, capaces de resonar con las mismas cuerdas en esa caja oscura del alma (...) porque es un homenaje a la memoria y a la vida de un padre ejemplar»). El final de este libro es uno de los más hermosos y emocionantes que he leído en toda mi vida.

Sin ninguna duda este es un libro absolutamente imprescindible que todo el mundo debería leer, y es de los libros que quiero que mi hija lea y conserve (esa herencia emocional que decía un amigo mío), porque si llego a ser tan torpe de no ser capaz de transmitir el mismo amor que este padre transmitía a su hijo, quiero que ella sepa que lo intento, que es en lo que más pongo empeño cada día de mi vida. 

Héctor Abad Gómez moría de una manera atroz y sus familiares llegaron a encontrarle asesinado en la calle. Su único hijo varón, autor de este libro, encontraba en sus bolsillos varios papeles: una fotocopia de la lista de los amenazados de muerte y el poema Epitafio de Borges, copiado de su puño y letra, salpicado de sangre: 

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y que no veremos.
Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja, 
los ritos de la muerte y las endechas.
No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre 
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.

Tus recuerdos han entrado en armonía conmigo, lo que tú has sentido lo he comprendido y ha sido identificable con algo que yo también he sentido; este olvido será postergado por un instante más gracias a tus letras, Héctor.