jueves, 26 de diciembre de 2019

79 libros y muchas vidas.




«Aprender a leer es lo más importante que me ha pasado en la vida». Mario Vargas Llosa.

«He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos». Thomas de Kempis.

«Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído». Jorge Luis Borges. 


2019 esboza sus últimos momentos y a mí me encanta girar un poco la cabeza y mirar para atrás solo para recordar lo bonito y lo aprendido. 

Este año que acaba he leído 79 libros contando con el que estoy leyendo ahora (Antes. Entonces. Nunca de Raúl Ariza, pedazo de novela). No concibo un día sin leer, sin que un libro me esté esperando tras un buen, regular o mal momento. Los libros han estado ahí cuando pesaba 100 kilos en abril y también cuando peso 75 kilos ahora (tengo que mencionar este logro, nunca imaginé que lo conseguiría, un reto del que me siento muy orgullosa 😄 ). 

Siempre he tenido un libro a mi lado: cuando esperaba al lado del teléfono noticias sobre la salud de algún familiar, cuando preparaba nuestras vacaciones, frente al mar o en la piscina, tras un día duro de trabajo, en la incertidumbre laboral y en la esperanza, tras un bonito día familiar, en el sueño o en el insomnio, en el parque mientras mi hija juega o esperando en la sala de algún médico. Leer es mi medicina, mi antídoto, mi poción mágica. 

La luz de El Palmar. Abril 2019.

Trato de alternar clásicos con contemporáneos, libros en papel y mi kindle (aunque prefiera el papel, pero por un tema de espacio en casa el ebook me ayuda a no tener que comprar más muebles 😁). También busco muchos libros de segunda mano, he leído libros prestados, y también la suscripción Bookish me ha ayudado a descubrir nuevos/as autores/as y editoriales. Me he enamorado de Impedimenta (¡qué ediciones tan cuidadas!) y, últimamente, de Talentura (¡qué potente catálogo!).

En esta última entrada del año, os cuento los libros que más me han gustado a modo de resumen. Hay algunos que volveré a leer porque no era el momento y sé que debería darles una segunda oportunidad. Entre los que más me han gustado están:

  • Mondo y otras historias, de Le Clézio. (Enero*) Un conjunto de relatos a cual más bello.
  • Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie. (Febrero) El libro sobre el racismo que todo el mundo debería leer.
  • El caminante, de Hermann Hesse. (Febrero) Un librito de poemas y relatos que transmite paz y sabiduría. Precioso.
  • Suite francesa, de Irène Nemirovsky. (Marzo) Un libro que marca, que deja huella, inolvidable.
  • Yo confieso, de Jaume Cabré. (Marzo) Un "novelón", uno de esos libros que espero que se considere gran clásico de la literatura en unos años.
  • La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger (Abril). Extraordinario. Si quieres leer sobre resilencia este es el libro. 
  • Diluvio personal, de Miguel Angel Molina (Mayo). Los microrrelatos de este autor provocan adicción. Una joyita del microrrelato.
  • Todo cuanto amé, de Siri Hustvedt (Junio). Una novela brillante. El arte, el amor, el desamor y la pérdida unidos. Magnífico.
  • La retornada, de Donatella Di Pietrantonio (Junio). Una historia sobre madres que nunca dejan de serlo. Portentoso.
  • La literatura no tiene cura, de Manuel Valderrama (Junio). Un sobresaliente ensayo sobre la vida y la mente de muchos escritores clásicos. Un libro que los amantes de la literatura debemos tener.
  • La posada de los vientos y otros relatos inquietantes, de Rocío de Juan (Junio). La literatura fantástica no es mi fuerte, pero este libro es especial y me encantó. 
  • La campana de cristal, de Sylvia Plath (Junio). Brutal, impactante, imprescindible.
  • La ladrona de libros, de Marcus Zakus (Julio). Un libro sobre libros, un ejemplo de como las historias salvan vidas. Bello.
  • Belleza roja, de Arantza Portabales (Julio). Maravilloso. La autora no falla en ningún género, adictivo, una de mis autoras preferidas. 
  • Farenheit 451, de Ray Bradbury (Julio). Un clásico que me debía. Conmovedor, agitador. 
  • Mala letra (Julio) y Cicatriz (Septiembre), de Sara Mesa. Uno de mis grandes descubrimientos del año. Relatos emocionantes e impactantes. 
  • Un lugar al que volver, de J.C. Whaley (Agosto). Una dulzura, hermoso, genial.
  • La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel (Agosto). Inolvidable y brutal.
  • El camino más corto, de Manuel Leguineche (Agosto). Me gustó tanto que hice una entrada sobre este clásico de la literatura de viajes. Aquí puedes leerla. 
  • Las flores perdidas de Alice Hart, de Holly Ringland (Agosto). Un libro lleno de emoción, de belleza pero también de personajes atormentados. 
  • Referencial, de Ignacio Ferrando (Septiembre). En mi cuaderno donde anoto las impresiones de lo que leo escribí esto sobre él: «Brutal e impactante, nos invita a reflexionar sobre nuestras referencias y lo únicos que somos». Excelente.
  • Un corazón demasiado grande, de Eider Rodriguez (Octubre). Relatos que me han recordado mucho a Carver. Magnífico. Un autora a la que seguirle los pasos. 
  • Rendición, de Ray Loriga (Octubre). Una distopía sensacional.
  • La voz dormida, de Dulce Chacón (Diciembre). Uno de los libros que más me han emocionado este año, solo de recordarlo provoca que mis ojos se humedezcan. 
  • Canción dulce, de Leila Slimani (Diciembre). El libro viajero, escrito de una forma muy bella cuenta una historia tremenda.
  • El principito se fue a la guerra, Santiago Garcia-Clairac (Diciembre). Conmovedor, excelente.
  • El espesor de un lápiz, de Miguel Torija (Diciembre). Una novela a la que le tengo un cariño especial. Es original, única, auténtica, sorprendente.
  • Antes. Entonces. Nunca, de Raúl Ariza (en proceso). Sin embargo, en cuanto acabe esta entrada me adentraré en el mundo al que nos lleva, a esa mente espeluznante, a ese recorrido vital que deja sin aliento. 

Aún no soy capaz de dejar de sorprenderme cuando alguien me dice que no lee, que no tiene tiempo para leer... Y yo solo puedo decir, desde el mayor de los respetos y asombros: ¡Lo que te estás perdiendo! Me hayan gustado más o menos, cada libro que he leído me ha aportado algo, me ha hecho vivir distintas existencias, viajar, reír, emocionarme,... Leer es combustible para el fuego, y agua para la desazón, leer es vida y muerte, leer es existir. 

Ría de Huelva, 25 de diciembre de 2019.

De este año que acaba me quedo con cada persona que me ha ayudado, que me ha ofrecido su mano, con la que me he reído o llorado; me quedo con los momentos compartidos (los bonitos y los feos); me quedo con mi "club de escritura", con mis relatos (los decentes y también los "tontacos"); me quedo con mi familia a la que me gustaría ver más; me quedo con mi compañero de vida que cada día me enseña el verdadero significado de la palabra amor, y con mi hija. Mi hija: mi aliento, lo más bonito de la vida, el motor que todo lo mueve.

Agradezco a la vida cada momento de estos 365 días, y de corazón os deseo que los días que vienen os traigan mucha paz, amor, alegría, esperanza... y libros.

Con todo mi cariño, feliz 2020.

Parque de El Alamillo, 24 de diciembre de 2019.


*Fecha de lectura.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Un año de palabras.


«Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre». Ricardo León. 

Este año las palabras han sido mis grandes compañeras; las palabras me han regalado momentos inolvidables y me han traído a personas increíbles. 

Empecé 2019 con el propósito entre mis objetivos de publicar mi primer libro de relatos. Y lo conseguí, como todos sabéis, gracias a la editorial DECH y a su editora Celia Gómez, una mujer dulce y maravillosa que me ha apoyado en todo este camino. Presentar mi primer libro a solas ha sido increíble: tantos amigos y familiares que os habéis unido a mí en esta aventura, que habéis escuchado lo que necesitaba decir y, sobre todo, que me habéis brindado vuestro apoyo. Nunca lo olvidaré y os doy las gracias de nuevo.



Las circunstancias obligan a que uno de mis principales objetivos para el año 2020 sea encontrar un nuevo camino para Olor a rueda quemada, un camino que será el mejor para él, porque, si de algo no tengo dudas, es de que mi libro pide a gritos seguir divulgando el mensaje que esconden sus relatos. No puede quedarse guardado con apenas siete meses de vida. Y, os digo, con determinación, que lo conseguiré.

Por otra parte, el año que encauza su recta final, me ha regalado un "club" que no me esperaba, un "cuarto propio", un "rincón" en una biblioteca donde cada martes nos reunimos un grupo de mujeres a escribir, leer, llorar, reír,... y otras muchas cosas. El taller de escritura de Gerena si que da para escribir una saga de novelas a la imagen de El club de la buena estrella o La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. En este espacio he encontrado mi espacio (valga la redundancia literaria) para escribir; yo que suelo tenerlo complicadillo para encontrar tiempo para unir palabras, gracias al taller lo hago semanalmente y encima sigo aprendiendo. 



En el taller he conocido a unas mujeres excepcionales, sensibles, valientes, preciosas... Rita (y su voz que me hipnotiza), Mª Jesús (y su elegancia sin igual), Blanca (y su valentía, su sabiduría, su acento castellano que adoro...), Lucía (y su bondad y dulzura), Alicia ( y su ser poesía), Elena (y esa fuerza que comienza a salir por todos los poros de su piel), Chari (y sus descripciones perfectas, su generosidad), Loli (y su Jerte, sus raíces, su fuerza), Mari (y su humor ejemplar), María (y su belleza que poco a poco voy conociendo) y María, la "profe", ¡y qué profe! Cómo admiro su capacidad para "mostrarnos", su sabiduría literaria (que qué daría yo por tener la mitad que ella), su maravillosa forma de escribir, y ese conjuro que cada martes pronuncia para que el taller tenga magia, eso, mágico es este taller. Por todo ello tengo que darle gracias a la vida por haberme conducido hasta vosotras en el momento perfecto, porque, aunque no lo creamos, la vida es perfecta tal y como es.

También he leído mucho; rondando los 70 libros ando. Por ejemplo, entre los libros que más me han gustado están: Rendición de Ray Loriga, Referencial de Ignacio Ferrando, Las flores perdidas de Alice Hart de Holly Ringland, Mala letra de Sara Mesa, Belleza Roja de Arantza Portabales o La campana de Cristal de Sylvia Plath, etc. Pero si hay un libro que me ha emocionado ha sido el último que he leído: La voz dormida de Dulce Chacón, prestado por Chari (muchísimas gracias con todo mi corazón). 

La voz dormida me ha contado la historia de los hombres y mujeres que en la posguerra española luchaban por sus ideales, por su libertad y dignidad. El libro habla de historias reales ficcionadas de ciudadanos en una época en la que la libertad se administraba con cuenta gotas y enamorarse podía costarte la vida o la cárcel. Una pena que Dulce Chacón nos dejara tan precozmente, pero sé que las escritoras como ella nunca mueren, su legado es demasiado profundo e importante; ella es inmortal.

La voz dormida nos habla de las voces que se callaron, y nos deja una herencia al resto de mujeres y hombres, la de que nuestras voces no queden silenciadas, que las alcemos, que no olvidemos de donde venimos... Y para ello y por ello, sigo con mis palabras, sigo escribiendo y sigo leyendo libros como este. 

Gracias a todos y todas por este año de palabras, de momentos bonitos que tapan los feos, que la vida os traiga mucha felicidad y que me lo contéis. Os quiero.