«El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo». Diario de viaje de un filósofo. Hermann Keyserling.
Este libro lo compré en 2016 de segunda mano y me costó la «friolera» de 30€. A mí «se me va la cabeza» cuando se trata de buscar leyendas hechas papel y es que, me habían hablado tanto de este libro mítico, que cuando lo encontré a un precio razonable no pude resistirme. En 2016 estaba descatalogado, era muy difícil encontrar ejemplares de segunda mano por menos de 50€ por lo que, al final, fue una ganga. La fortuna actual, para quien quiera leerlo, es que Ediciones B lo ha reeditado y lo puedes encontrar por unos 12€. Y yo te aconsejo que no lo dudes y te hagas con uno; El camino más corto debe de estar en todas las bibliotecas y librerías, y te cuento, en mi opinión, el porqué.
Un mito del periodismo español.
Manu Leguineche (1941-2014) es uno de nuestros periodistas y reporteros de guerra más icónicos. Estuvo en los grandes conflictos de nuestro tiempo, y no solo en los grandes, si no también en aquellos de los que no se habla apenas. Quiso conocer de primera mano los pueblos, las gentes, y embadurnarse de su cultura y de su forma de vivir. Falleció a causa de un cáncer en 2014 a los 72 años.
Con 23 años se enroló en la Trans World Record, hablamos de 1965. Junto con otros cuatro compañeros se trazaron el objetivo de dar la vuelta al mundo en 4x4 y batir la marca anterior de 33.790 km. Y lo consiguieron, aunque eso, al final, casi es lo de menos. El periodista, más de una década después de aquella aventura, decidió escribir este libro que se publicó por primera vez en 1978.
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| Manu Leguineche en la expedición. |
Un mundo en guerra.
«El panorama es el siguiente: ahora mismo hay guerra abierta en 35 países, lo que coloca en armas a 38 millones de hombres. Y, aún más importante, los desórdenes y disturbios se suceden en 29 de los 34 países situados en nuestro camino (...)».
Así hablaba el jefe de la expedición, Harold Steven, para ilustrar a sus compañeros sobre la situación en la que se encontraba el recorrido. Mientras yo leía, tenía la impresión de que este mundo siempre ha estado y estará en guerra. Un párrafo me llamó la atención:
«Llevamos la violencia en la sangre, la ley del más fuerte, el estigma del miedo. El miedo, la opresión, el falso orgullo. Ese es nuestro triángulo maldito».
Si bien estas palabras iban dirigidas a la población camboyana, no puedo dejar de pensar que es aplicable al globo terráqueo en su conjunto y a la mayor parte de la historia de la humanidad. En su recorrido llegaron a Alejandría, a Damasco, a El Cairo, a grandes ciudades milenarias que habían sido invadidas, una y otra vez, por distintos imperios, llegando a nuestros días. Mi impresión es que, desde los tiempos de Alejandro Magno (incluso antes), la ambición humana no ha cambiado en lo más mínimo. El ser humano sigue queriendo más y más: más riqueza, más territorios,... Más, más y más.
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| Algunas fotos de la expedición. |
Estos cuatro aventureros tuvieron la oportunidad, para bien o para mal, de conocer algunos de los eventos que marcaron nuestra historia, conocieron países nacientes y otros que ya no existen como tales. Manu tuvo la fortuna de entrevistarse con grandes personalidades como Indira Gandhi o el Dalai Lama. Además, contemplaron monumentos ya desaparecidos como los Budas de Bamiyan.
Después de cruzar el norte de África, sobrevivir al calor, al desierto, a los robos, etc. conocieron Persia, Irak, Afganistán, Pakistán. Alcanzaron la India, donde los expedicionarios se separaron y comenzaron a vivir unos meses a solas. Manu también se enamora del sudeste asiático donde se convierte en vendedor de vitaminas, intenta atrapar a un tigre o, también, quizás, conoce el amor.
Un libro irrepetible.
Siendo sincera, en mi primer ataque al libro no pude continuar, no era el momento, quizás demasiados datos. Esta semana, entre tardes de ventilador y chapuzones en la piscina, nos hemos acompasado tan bien, que la lectura ha fluido y me he dado una vuelta por el mundo y por momentos históricos que no he tenido la oportunidad de conocer. La lectura de libros así te hace viajar a países al alcance de unos pocos, volver al pasado para comprender el presente y, supongo, que el futuro; estar delante de grandes personalidades, de convivir con otras culturas y contemplar otros paisajes; de conocer nuestro planeta, la riqueza de la naturaleza, de las distintas visiones del mundo... Y entender que formamos parte de una misma realidad.
Para acabar el libro, Al Podell, uno de los miembros de la expedición, le hace una pregunta a Manuel Leguineche que hoy nos debería conducir a una profunda reflexión:
«¿Qué te parece si repetimos el viaje en 1980, a los quince años de aquello?¿Habrá cambiado el mundo?¿Habremos cambiado nosotros?».
Para no destriparte el libro, no te diré lo que le responde el periodista español. Pero si la pregunta fuera dirigida a mí le diría que el mundo ha cambiado mucho pero, en algunas cosas, muy poco... Por desgracia.


