lunes, 1 de marzo de 2021

Mujeres que compran flores.


Entrada a El Jardín del Ángel. 
(Desconozco el autor de la foto)



«Lo único que nos aparta de la felicidad es el miedo al cambio». 
Mujeres que compran flores, de Vanessa Monfort. 

Como decimos los lectores: «Cada libro tiene su momento», y este me ha llegado en el «MO-MEN-TA-ZO», este es justo el libro que necesitaba tener en mis manos para que llenase mi mente de pensamientos positivos, de ideas retadoras, de fuerza para afrontar los cambios y saber que estos son inevitables y muchas veces necesarios para sacarnos de esa «cómoda» zona de confort a la que nos agarramos aunque nos esté chupando la sangre cual vampiro. 

«Todo pasa. El mar nunca se detiene. Siempre está en movimiento, como la vida. Y hay que seguir reaccionando a ella. Siempre alerta. Siempre en movimiento».

Esta es la historia de cinco mujeres que compran flores y la florista de El Jardín del Ángel, la floristería más antigua de Madrid, en el barrio de las Letras... Y que yo no conocía, he de reconocerlo, pero pondré remedio a esta situación en cuanto mis pies vuelvan a pisar mi ciudad. 

Vanessa Monfort (autora que hasta la fecha tampoco había leído) narra de una forma bellísima cómo estas mujeres (Marina, Casandra, Gala, Aurora y Victoria) se encuentran bajo el olivo centenario de la floristería rodeadas de la influencia poderosa de Olivia (la dueña de El Jardín del Ángel) y sus flores, cuyos mensajes deberán aprender a descifrar. Cada una de ellas llega en un momento crucial de su vida: vidas estancadas, vidas grises, vidas que se encuentran en la rueda de ratón a la que a veces nos vemos abocados, vidas infelices, vidas que no son vidas. 

«Cuando algo nos golpea duro en la vida y nos saca de nuestro estado de confort, todo es nuevo lo quieras o no, y la persona que eres es reescribible. ¿Tú sabes la ventaja que tienes?».

Sin lugar a dudas, a veces los golpes que nos da la vida son muy duros, durísimos, pero yo he aprendido una cosa: que a pesar de ellos, de la dureza, los he traspasado, los he experimentado y he seguido viva, he seguido respirando, comiendo, durmiendo, abrazando a mi hija y a mi chico, hablando con mis padres... He seguido adelante. Ese párrafo anterior lo he leído varias veces, lo he subrayado, y marcado con una pegatina, y es que sí: sea por las buenas o por las malas, salir del estado de confort nos abre a otras muchas posibilidades y podemos reescribir lo que tenemos por delante, aunque muchas veces no sea fácil, aunque haya que enfrentar muchos miedos, aunque haya que tomar decisiones que nos dan vértigo, pero es la «oportunidad» que nos da la vida la que debemos aprovechar. 

«Hay un momento en la vida de cada persona en que esta recibe la oportunidad de hacer un cambio radical de 180 grados. Una única y gran oportunidad para crecer. La plenitud. El gran punto de giro de tu historia vital. Y claro, hay personas que lo aprovechan y otras que no».

Sí, este era el momento de leer este libro. Además me ha trasportado a mi ciudad favorita, a la ciudad en la que nací y estudié, la ciudad que me encanta pasear. Esta pandemia me ha robado esos paseos; uno de los últimos, casualmente fue por el barrio de las Letras junto con mis padres y mi hija en el verano de 2019, el último verano antes de la expansión del virus. Acabamos allí cruzando el centro de la ciudad desde la plaza de Chueca, llegando a Alcalá, saludando a los leones del Palacio de las Cortes, rezando al Cristo de Medinaceli y volviendo a Sol por las calles donde vivieron Lope de Vega y Cervantes, donde está El Jardín del Ángel, y yo no lo sabía. Uno de los paseos más bonitos que recuerdo.

Calle Alcalá.

Este libro también me ha descubierto la historia de la singular floristería donde está contextualizada la narración. Como decía, hasta casi el final del libro, no me dio por averiguar si era un lugar real, ¡y tanto que lo era! ¡Qué ignorancia la mía! Esta floristería es la más antigua de Madrid y tiene una curiosa historia; situada en el antiguo cementerio de la iglesia de San Sebastián, comenzó su camino en 1889, como un sencillo puesto de flores. En ella se encuentra el olivo más antiguo de Madrid (procedente de Jaén según he leído). En su momento estuvieron enterrados los restos de Ventura Rodriguez y Lope de Vega, hasta que parece ser que Carlos III decidió sacarlos de allí. 

Investigando sobre ella, me llevé la desagradable sorpresa que, debido a desavenencias de los propietarios con su «casero», el párroco de la iglesia, la floristería debió cerrar sus puertas en otoño de 2019. Sin embargo, para mi alegría y la de los moradores del barrio más literario de la ciudad, reabrió de nuevo en 2020. 




A veces hay libros tan reconfortantes y sanadores como este. No son libros de la manida «autoayuda», pero te identificas tanto con lo que sus personajes viven que te hacen sentir lo que ellos sienten, de ahí la fortaleza de la literatura, su poder para recomponer las piezas, para entender tu propia vida. Por eso para mí ha sido una sesión de «biblioterapia», porque he podido entender muchas cosas, me ha hecho reflexionar mucho, y sobre todo me ha ayudado a comprender que la fortaleza para conseguir lo que busco esta en mí. 

«Reclamábamos nuestro derecho a no tomarnos la vida tan en serio. Porque cada día estamos más cerca la muerte (...). Hay que aprender a bailar sobre un cementerio. A hacer brotar flores sobre los muertos. A aceptar el fracaso porque el fracaso no existe. Solo existe el fin de las cosas. (...) No nos enseñan que a veces el único fracaso es la inercia de hacerlas continuar».


No puedo terminar esta entrada, sin hablar de la personita preciosa que me recomendó este libro, y lo emocionante es que, cuando me habló de él, ninguna de las dos sabíamos lo importante y trascendental del momento en el que me embarcaría en su lectura. Mi amiga Cristina es maravillosa, es dulce, es generosa, es sensible, y aunque aún no nos hayamos visto en persona, es una de las amigas que más cerca siento. Es una presencia inestimable en mi vida, y le agradezco enormemente el apoyo que siempre me da. No es que me envíe un libro o sus preciosas creaciones de artesanía, es que me llega su cariño a raudales desde ese mar que tanto añoro. 

«NO DEJES DE SOÑAR».

Gracias, Cris, por hacerme soñar. Esta entrada es toda para ti. Te la dedico, con la esperanza de que pronto podamos abrazarnos. No dejemos nunca de soñar. 

Gracias, amig@ lector/a por haberme leído. Espero que si no has leído este libro lo hagas seas hombre o mujer, porque no hay libros para mujeres u hombres, hay buena o mala literatura y esta es excelente. 

Gracias Vanessa Monfort por esta joya, por emocionarme tanto que es difícil de explicar. Te seguiré leyendo. 

PD. Os dejo algunos enlaces sobre esta preciosa floristería.

Su historia aquí. 

Su nueva apertura aquí. 

El Jardín del Ángel. Foto: JM Cadenas.