martes, 19 de febrero de 2019

Cuando ya no puedo más


Cuando ya no puedo más
es tu mano la que atraviesa la nube negra que pesa sobre mi cabeza
y no permite que la lluvia golpee mis mejillas.

Cuando ya no puedo más
tu voz rompe los barrotes de mi mente,
desmadeja mis pensamientos
y me salva de la locura.

Cuando ya no puedo más
regresas desde la claridad
para abrazarme en la oscuridad
y solo tu tacto es capaz de devolverme la cordura.

Cuando ya no puedo más
tu luz me alumbra,
me transmite tu calor
y entonces tengo la esperanza de no morir mañana.

Cuando ya no puedo más
es tu amor el que me salva,
el que me consuela,
el que no me suelta,
el que me promete que la soledad nunca me encontrará.

lunes, 11 de febrero de 2019

La mujer que leía




Aquella mujer leía a cada instante; incluso cuando no estaba leyendo, leía.

Leía en los recovecos escondidos entre las horas y el transcurrir de los días.

Leía suspendida del borde de la incertidumbre, enlazada en los recuerdos de los instantes perdidos o convertida en equilibrista de un futuro ajeno.

Leía cuando no leía, jugando con su hija, sumergida en el trabajo inhóspito que la consumía o cuando reflejaba una mirada que hacía tiempo que no era suya.

Leía sin leer, rasgando la verdura de la cena o seccionando el pan del desayuno.

Leía cuando lloraba, cuando no podía respirar, cuando dormía sin dormir, cuando amaba imperturbable o cuando sonreía inconsciente.

Leía para vivir o para morir: intacta, callada, discreta, invisible.

Leía incluso cuando se perdía en el tumulto de las palabras, entre las fibras del papel, entre la tinta y el aroma de las hojas.

Leía para volverse a ver, para recuperar su alma, reconocer sus ojos, sus labios, su voz.

Leía porque solo cuando leía volvía a encontrarse.