"No tienes por qué escribir sobre héroes que llevan a cabo actos memorables y extraordinarios". Raymond Carver.
lunes, 23 de mayo de 2022
Kirmen, Rosika y la búsqueda de la paz
miércoles, 18 de mayo de 2022
Malasanta, la dolorosa belleza de la literatura
«El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras». Antón Chéjov.
«Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro». Franz Kafka.
Les cojo prestadas las frases a Chéjov y Kafka porque expresan, mejor de lo que yo podré hacer, dos de las cualidades del arte literario del autor de Malasanta. No hace falta escribir ni 500 ni 900 páginas para que un libro sea monumental; y sí, es necesario llamar a las cosas por su nombre para que la lectura nos despierte de un puñetazo en el cráneo y nos deshiele, si no ¿para qué leer?
Me declaro absolutamente adicta a la literatura que «duele», porque los libros que más me han dolido son los que me han calado, los que me han hecho ver el mundo de otra manera, los que se han quedado dentro de mí y forman parte de mi vida. Estos libros son los que han hecho que yo ame la literatura y su capacidad de transformar la realidad. Y Malasanta ya es uno de ellos.
«En menos de veinte minutos, Malasanta ya había sido expulsada a un mundo en el que los momentos de felicidad habrían de ser la excepción».
Malasanta... Qué personaje ha creado Tocornal. Qué personajes han cobrado vida de una forma tan excepcional basados, estoy segura, en personas reales que podríamos ver, si mirásemos bien, a nuestro alrededor: Dámasa la Tuerta, Niño Truncado, Modesto Baldío, Candela (y todas las Candelas naranjas), Cándido Fogoso, Próspero el Polilla o, mi nombre favorito, Anhelo Truncado. Cómo se puede ser tan inteligente para describir un personaje sin describirlo. Aquí lo tenemos.
Malasanta, la novela, nos lleva a través de seis cortes transversales de la vida de su protagonista a conocer lo más sórdido de la cara sórdida de esta realidad que compartimos con los desheredados, los proscritos, los que a pocos importan. Se comenta mucho si el autor se ha pasado de dureza, si ha usado un lenguaje demasiado crudo. En mi humilde opinión de lectora creo que Antonio ha acertado de pleno escribiendo la novela como lo ha hecho. ¿De qué otra manera se puede escribir si escribes sobre lo que no se habla, sobre lo que se oculta debajo de muchas alfombras? ¿Cómo se puede dar voz a los olvidados y visibilizar una realidad que no queremos mirar? Creo que es necesario que se construya en el lector ese huracán de emociones, que nos enfrentemos a las imágenes brutales que desfilan en el libro sin tibieza para que podamos reflexionar sobre el mundo que tenemos y la existencia cruel a la que están abocadas muchas personas. En 2020 en nuestro país se suicidaron 11 personas al día, más que nunca en la historia. Es una cifra que me da escalofríos porque es un reflejo de la debacle social en la que estamos inmersos, de la pérdida de valores, de la pérdida del sentido de la vida. Si libros como Malasanta (crudos, duros, que te revuelven las tripas) hacen que salte una chispa dentro de nosotros y miremos a nuestro alrededor de otra manera, más empática y solidaria... bienvenidos, por supuesto.
«Y la niña Malasanta supo que durante toda su vida se había estado preparando para vivir la sordidez más despiadada, y que estaba preparada para ello, pero que estaba muy lejos de saber cómo enfrentarse a la belleza y sobrevivirla».
Sin embargo, no solo de dureza vive esta novela. Si lees con atención, en cada una de las edades de Malasanta encontrarás un rayo de luz, de belleza, esa dolorosa belleza que va a hacer eterna esta historia. En medio de lo más oscuro, si no te dejas arrastrar por la fealdad, pueden aparecer instantes de esperanza y de mucho humor: una historia de amor juvenil, un ratito acurrucada con las amigas en un sofá, una foto de polaroid fingiendo un momento que hubiera sido inolvidable, o una alacena en la que encontrar los mejores sabores eróticos.
Además, Antonio ha sido muy generoso con sus lectores, con los lectores de sus anteriores novelas. No he podido dejar de sonreír al volver a Las Almazaras o al toparme con el inolvidable guardafaros de Roque Espino que se asoma en las páginas de Malasanta sin disimular.
Tuve la gran fortuna de conocer a Antonio en la presentación de su libro en Sevilla, y puedo decir que me emocionó su forma de hablar sobre la literatura, tan cercana a lo que siempre he pensado. Me encantó que nos contara pinceladas sobre su proceso creativo y sobre el nacimiento de Malasanta. Si tienes la oportunidad de acudir a una de sus presentaciones no lo dudes ni un instante, te vas a encontrar a un autor honesto y auténtico, alejado a años luz de los supuestos «movimientos literarios» súper ventas liderados por tiktokers, youtubers, etc., pero tan cercano a los mejores autores inmortales de la historia de nuestra literatura, y... qué suerte tenemos de compartir época con él.
No dejes de leer a Antonio Tocornal, no dejes de leer Malasanta. No los vas a olvidar.
Antonio, gracias por tu literatura. Ojalá estas palabras sirvan para expresar mi admiración y gratitud.
Gracias, lector, por llegar hasta aquí.
PD: Te dejo el enlace a una de las reseñas más hermosas que he leído sobre un libro, una reseña de Gabriel Bertotti dedicada a Malasanta. Malasanta en apnea.


