lunes, 23 de mayo de 2022

Kirmen, Rosika y la búsqueda de la paz


«No hay camino para la paz, la paz es el camino». Mahatma Ghandi.

«La historia nos ha fallado. Pero no importa». Min Jin Lee.

Este libro me ha llegado gracias al «gran invento» que mi amiga María Morales (pausa para la publicidad: ¿Habéis leído ya su Formas de disparar un arma?) y yo llevamos a cabo desde hace ya seis meses («Solo entiende mi locura quien comparte mi pasión»). Una vez al mes quedamos para tomar algo e intercambiar libros. En un principio el libro debía ser sorpresa, pero finalmente decidimos que era mejor sugerir a la otra varios títulos, así no hay peligro de fallar y se mantiene cierto grado de incertidumbre y expectación. Total, que estamos encantadas con este intercambio de libros al que no terminamos de encontrarle el nombre, porque todo evento de esta talla tiene que tener un nombre (¿bookishfree, bookfree, crossbook, librosamigasycafé, regalameunlibroydimetonta?). En fin, que estamos deseando que llegue fin de mes para que vuelva la magia, ya que entre amigas y libros solo puede haber eso, magia. 

Así María me regaló La vida anterior de los delfines, mi bautizo leyendo al vasco Kirmen Uribe. Lo he devorado en unos pocos días y es que me ha recordado mucho a los libros de grandes epopeyas narradas por Dominique Lapierre. Los libros de Lapierre hicieron crecer en mí la pasión por la literatura y los grandes acontecimientos mundiales protagonizados por personas que lucharon por un mundo mejor, muchos de ellos olvidados si no fuera por los escritores y escritoras que dedican años de su vida a rescatarlos del olvido.

«La paz es cosa de todos, de los hombres y de las mujeres. Si yo creyera que es cosa mía, ni siquiera me reuniría con usted, pero la paz es algo que nos compete a todos».

Este es un libro para leer con un lápiz en la mano, para subrayar y anotar las magníficas ideas por las que Rosika y sus compañeras lucharon. Cuál sería su ímpetu y pasión que convenció a Henry Ford para poner en juego su gigantesca fortuna y fletar el Barco de la Paz, barco que emprendió su marcha el 6 de diciembre de 1915 desde Hoboken (Estados Unidos) rumbo a una Europa desangrada por una guerra, como todas, sin sentido y que se cobraba cada día miles de víctimas.  

Rosika Schwimmer (1877-1948) nació en Hungría y falleció en Nueva York. Tuvo una vida apasionante en la que luchó por unos ideales que se podrían tildar de utópicos entre los que se encontraba la creación de un Gobierno Federal Mundial en el que se escucharan las voces de los ciudadanos por encima de la de los gobernantes.  Luchó por el reconocimiento de la labor de las mujeres en el mundo, en un mundo en el que la mujer estaba relegada socialmente y en el que tenía que pedir permiso para todo. Cómo me hubiera gustado estar presente en uno de los cientos de discursos que pudo dar (sin leerlos, prácticamente improvisados) en los que, gracias a la fuerza de sus palabras, las ideas se convertían en hechos, en iniciativas reales. 

«No puede haber gloria sin patriotismo ni amor ni nobleza si por medio hay también sangre inocente, asesinatos y violaciones. Porque la guerra es eso. No es otra cosa que destrucción».

Rosika tuvo tanta energía y creía tanto en la posibilidad de conseguir un mundo en paz que se entrevistó con el presidente de Estados Unidos y otros líderes europeos intentando poner en marcha un proceso de paz que acabara con la Primera Guerra Mundial o, dicho de otra manera, una mujer de origen judío intentó parar un conflicto internacional, ahí es nada. Fue la cofundadora del Partido de la Mujer por la Paz y secretaria de la Alianza Internacional de mujeres. Y, sin embargo, ha caído en el olvido. 

Fue su secretaria Edith Wynner quien, tras la muerte de Rosika, recopiló toda la información, cartas y otros testimonios de su vida en 176 cajas que descansaban en el archivo de la biblioteca pública de Nueva York, de donde Kirmen las rescató para crear esta novela.  Y ya solo por este hecho es totalmente recomendable leer La vida anterior de los delfines, porque como él mismo deja reflejado en las páginas del libro: 

«Lo que resulta verdaderamente admirable a la luz de nuestros días es el valor que demostraron aquellas mujeres, su determinación, su fe en que unidas eran invencibles y que juntas podían cambiar el mundo. Sin esa confianza genuina en el ser humano y en sí mismas costaría entender sus discursos y movilizaciones de entonces (...)».

En esta obra el autor entrelaza la narración de lo que iba encontrando en las cajas del archivo recabado por Edith (el bolso de Rosika, sus cartas con Einstein, su cámara de fotos, etc.) con episodios de su propia vida trazando paralelismos con su proceso personal de migración, su insumisión, las grandes mujeres de su familia o la vivencia de la pandemia fuera de su país. Además, me ha descubierto muchas cosas sobre la cultura vasca, aspectos que desconocía por completo como, por ejemplo, que el pueblo vasco (y su lengua) es uno de los más antiguos del planeta. Lo ignoraba y agradezco saberlo. 

Rosika fue nominada varias veces al Premio Nobel de la Paz, algo que nunca consiguió, como tampoco consiguió la nacionalidad estadounidense al negarse a defender al país con las armas si llegaba el caso (algo que como mujer en aquella época era muy improbable). Estoy completamente segura que su labor tuvo gran repercusión en las instituciones mundiales que se crearon posteriormente para unir al mundo, su lucha quedó anclada en el espíritu de las personas que la conocieron y en las generaciones siguientes.

Te dejo a ti, lector/a, que descubras qué tienen que ver los delfines en todo esto, qué hay detrás de su título, te adelanto que tiene mucho de leyenda y que es posible que te encante. 

Te recomiendo, con la vehemencia que me caracteriza, que leas esta novela porque, como también se cita entre sus páginas: «Aunque está claro que algún día la historia hará justicia a la señora Schwimmer, la historia es lenta». Si 74 años después de su muerte tenemos la oportunidad de otorgarle el reconocimiento que se merece y recuperar su legado gracias a este libro, no deberíamos dejarla pasar. 

Gracias, Kirmen, seguiré leyéndote.

Gracias, lector/a por haber llegado hasta aquí. 

PD: En la novela aparecen algunas canciones, te dejo esta que me encanta: People have the power. 




 

miércoles, 18 de mayo de 2022

Malasanta, la dolorosa belleza de la literatura

Sevilla, 26 de abril de 2022


«El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras». Antón Chéjov.

«Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro». Franz Kafka.


Les cojo prestadas las frases a Chéjov y Kafka porque expresan, mejor de lo que yo podré hacer, dos de las cualidades del arte literario del autor de Malasanta. No hace falta escribir ni 500 ni 900 páginas para que un libro sea monumental; y sí, es necesario llamar a las cosas por su nombre para que la lectura nos despierte de un puñetazo en el cráneo y nos deshiele, si no ¿para qué leer? 

Me declaro absolutamente adicta a la literatura que «duele», porque los libros que más me han dolido son los que me han calado, los que me han hecho ver el mundo de otra manera, los que se han quedado dentro de mí y forman parte de mi vida. Estos libros son los que han hecho que yo ame la literatura y su capacidad de transformar la realidad. Y Malasanta ya es uno de ellos. 

«En menos de veinte minutos, Malasanta ya había sido expulsada a un mundo en el que los momentos de felicidad habrían de ser la excepción».

Malasanta... Qué personaje ha creado Tocornal. Qué personajes han cobrado vida de una forma tan excepcional basados, estoy segura, en personas reales que podríamos ver, si mirásemos bien, a nuestro alrededor: Dámasa la Tuerta, Niño Truncado, Modesto Baldío, Candela (y todas las Candelas naranjas), Cándido Fogoso, Próspero el Polilla o, mi nombre favorito, Anhelo Truncado. Cómo se puede ser tan inteligente para describir un personaje sin describirlo. Aquí lo tenemos. 

Malasanta, la novela, nos lleva a través de seis cortes transversales de la vida de su protagonista a conocer lo más sórdido de la cara sórdida de esta realidad que compartimos con los desheredados, los proscritos, los que a pocos importan. Se comenta mucho si el autor se ha pasado de dureza, si ha usado un lenguaje demasiado crudo. En mi humilde opinión de lectora creo que Antonio ha acertado de pleno escribiendo la novela como lo ha hecho. ¿De qué otra manera se puede escribir si escribes sobre lo que no se habla, sobre lo que se oculta debajo de muchas alfombras? ¿Cómo se puede dar voz a los olvidados y visibilizar una realidad que no queremos mirar? Creo que es necesario que se construya en el lector ese huracán de emociones, que nos enfrentemos a las imágenes brutales que desfilan en el libro sin tibieza para que podamos reflexionar sobre el mundo que tenemos y la existencia cruel a la que están abocadas muchas personas. En 2020 en nuestro país se suicidaron 11 personas al día, más que nunca en la historia. Es una cifra que me da escalofríos porque es un reflejo de la debacle social en la que estamos inmersos, de la pérdida de valores, de la pérdida del sentido de la vida. Si libros como Malasanta (crudos, duros, que te revuelven las tripas) hacen que salte una chispa dentro de nosotros y miremos a nuestro alrededor de otra manera, más empática y solidaria... bienvenidos, por supuesto. 

«Y la niña Malasanta supo que durante toda su vida se había estado preparando para vivir la sordidez más despiadada, y que estaba preparada para ello, pero que estaba muy lejos de saber cómo enfrentarse a la belleza y sobrevivirla».

Sin embargo, no solo de dureza vive esta novela. Si lees con atención, en cada una de las edades de Malasanta encontrarás un rayo de luz, de belleza, esa dolorosa belleza que va a hacer eterna esta historia. En medio de lo más oscuro, si no te dejas arrastrar por la fealdad, pueden aparecer instantes de esperanza y de mucho humor: una historia de amor juvenil, un ratito acurrucada con las amigas en un sofá, una foto de polaroid fingiendo un momento que hubiera sido inolvidable, o una alacena en la que encontrar los mejores sabores eróticos. 

Además, Antonio ha sido muy generoso con sus lectores, con los lectores de sus anteriores novelas. No he podido dejar de sonreír al volver a Las Almazaras o al toparme con el inolvidable guardafaros de Roque Espino que se asoma en las páginas de Malasanta sin disimular. 

Tuve la gran fortuna de conocer a Antonio en la presentación de su libro en Sevilla, y puedo decir que me emocionó su forma de hablar sobre la literatura, tan cercana a lo que siempre he pensado. Me encantó que nos contara pinceladas sobre su proceso creativo y sobre el nacimiento de Malasanta. Si tienes la oportunidad de acudir a una de sus presentaciones no lo dudes ni un instante, te vas a encontrar a un autor honesto y auténtico, alejado a años luz de los supuestos «movimientos literarios» súper ventas liderados por tiktokers, youtubers, etc., pero tan cercano a los mejores autores inmortales de la historia de nuestra literatura, y... qué suerte tenemos de compartir época con él. 

No dejes de leer a Antonio Tocornal, no dejes de leer Malasanta. No los vas a olvidar. 

Antonio, gracias por tu literatura. Ojalá estas palabras sirvan para expresar mi admiración y gratitud.

Gracias, lector, por llegar hasta aquí.

PD: Te dejo el enlace a una de las reseñas más hermosas que he leído sobre un libro, una reseña de Gabriel Bertotti dedicada a Malasanta. Malasanta en apnea.