jueves, 21 de julio de 2016

Abriendo la correspondencia


Escribir una carta es enviar un mensaje al futuro; hablar desde el presente con un destinatario que no está ahí, del que no se sabe cómo ha de estar mientras le escribimos y, sobre todo, después: al leernos. La correspondencia es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible del diálogo.
Ricardo Piglia.

Mis queridos amigos lectores,

Parecen lejanas aquellas cartas que escribía a mis amigos, a mis primas, a mi familia cuando me encontraba viviendo fuera. Exceptuando el teléfono, durante mucho tiempo fueron nuestro único medio de comunicación en la distancia. Hojas que se convertían en momentos de íntimo recogimiento donde expresábamos inquietudes, alegrías, tristezas, confesiones... El avance de la tecnología ha tenido muchos beneficios: podemos ver a nuestros seres queridos a diario aunque nos separe un océano. Sin embargo, y a pesar del email, el whatsapp y sus congéneres, la perdida casi por completo de la escritura de cartas es algo lamentable.

Afortunadamente, podemos recuperar el gusto por escribir cartas. Como todas las elecciones de la vida, la posibilidad está en nuestra mano. Es cuestión de "tiempo". Leer la correspondencia legada al mundo por algunas de las personalidades más importantes de la historia nos puede animar a ello. Gracias a las cartas hemos podido reconstruir hechos históricos o descubrir relaciones secretas... Algunos de los más hermosos e intensos pensamientos han sido extraídos de cartas. Cortázar le escribía así a su amiga Alejandra Pizarnik:

"Te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra".

Otro ejemplo es la última carta que Lev Tolstoi le escribió a sus hijos Seriozha y Tania. Sus palabras estremecen el ánimo de cualquier lector:

"Esas ideas que has asimilado sobre el darwinismo, la evolución y la lucha por la existencia no te explicarán el sentido de tu vida ni te darán una guía para tus actos, y una vida sin explicación de su significado y su sentido, y sin la guía inalterable que de ella se desprende, es una existencia lamentable."

Por mi parte, nunca me había interesado por el género epistolar más allá de leer algún artículo sobre el tema o de disfrutar con el delicioso libro "La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey" de Mary Ann Shaffer (recomendabilísimo) escrito a través de cartas. Sin embargo, después de escuchar mil y una veces que cualquier persona a la que le gustase "crear" debía leer "Cartas a un joven poeta" mi interés ha variado sustancialmente.

Cartas a un joven poeta

Leídas en mi "chisme" (mi kindle que intercalo con libros en papel, y que tiene la estupenda función de poder subrayar pasajes y compartirlos) sin ninguna duda estas cartas constituyen el mejor libro sobre la acción de crear que cualquier escritor, músico, pintor, escultor, etc. podría leer. Debería ser el libro de cabecera de todo artista. De hecho, pienso buscarlo en papel para olerlo, tocarlo, "saborearlo", subrayarlo a conciencia y tenerlo siempre a mi lado. No soy capaz de tener la misma relación "pasional" con un libro digital que con un libro en papel, es imposible.  

En estas cartas el gran poeta Rilke escribía con gran ternura a su discípulo, un joven poeta desconocido, sobre sus inquietudes en relación a la poesía y sobre la propia vida. Confieso que he dudado mucho si escribir una entrada sobre este libro y no porque no me haya llegado al alma cada vez que lo leía, sino porque lo único que se puede hacer con una obra tan bella y llena de verdad es invitar a leerla a través de sus propias palabras. Mis amigos lo saben bien. Elegir algunos de sus pasajes es tan difícil para mí como elegir mi libro favorito... En fin, estos por ejemplo.

"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas". 

"Ser artista es: no calcular, no contar, sino madurar como el árbol que no apremia su savia, más permanece tranquilo y confiado bajo las tormentas de la primavera, sin temor a que tras ella tal vez nunca pueda llegar otro verano. A pesar de todo, el verano llega. Pero sólo para quienes sepan tener paciencia,  y vivir con ánimo tranquilo, sereno, anchuroso, como si ante ellos se extendiera la eternidad". 

"Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde".

"Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma".

"El amor de un ser humano hacia otro: esto es quizás lo más difícil que nos haya sido encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final, ante la cual todas las demás tareas no son sino preparación".

Sólo añadiré... ¡LEEDLAS!

Cartas de Alejandra Pizarnik a León Ostrov



Al terminar las cartas de Rilke leí las de Alejandra. En este caso, la correspondencia recogida en este libro corresponde a cartas que la inmensa poetisa argentina escribió a su terapeuta León Ostrov durante su estancia en París. Me gustaba Pizarnik por su poesía pero con esta lectura se ha convertido en una "persona cercana". Después de leerla me ha quedado impregnado el pensamiento sobre qué opinaría ella en relación a la publicación de estas palabras. Son sus pensamientos íntimos, desgarradores, confiados, dirigidos a un amigo. A través de sus cartas conocemos a Alejandra y  la tortura que sufría su mente. Como con las cartas de Rilke no hay otra forma que animar a su lectura que a través de alguno de sus sobrecogedores pasajes. 

"Simplemente, no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna… No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan… Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. Ni lo querré acaso."

"Es verdad, muchas cosas dejaron de importarme. Y me alegro. Que me roben las maletas y yo pueda viajar con las manos libres".

"Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y mis imposibilidades".

"El cielo fue blanco este mes: fue una ausencia, fue mi amor este cielo: era una tregua, un puente entre dos mundos."

La propia Alejandra no se consideraba un ser de este mundo; probablemente tenía razón. Murió durante el amanecer del 25 de septiembre de 1972, tras consumir cincuenta pastillas de seconal. Tenía 36 años pero el alba de ese día la convirtió en inmortal. 

                                                                ******************

Amigo lector, gracias por llegar hasta aquí. Te envío esta carta a ti que has dedicado tu valioso tiempo a leerla. A través del tiempo y la distancia te llegan mis pensamientos... Una suerte de telepatía. 

Con todo el cariño,

María.

Posdata: ¿Recuerdas la última carta que escribiste? La última que yo escribí fue a mi padre hace un par de años. Sin duda, a través de ella pude expresar todo lo que quería decirle mejor que con cualquier otro sistema. Aún recuerdo el día que la escribí, en un papel azul, y teniendo cuidado de que mi letra manuscrita fuese legible. Nuestra propia letra, esa que ninguna letra mecanografiada podrá sustituir. He recordado lo maravilloso que es escribir cartas. Volveré a hacerlo. ¿Te animas?

Enlaces de interés:





jueves, 26 de mayo de 2016

Siddharta y la grandeza de la sencillez



No creo en nuestra ciencia, ni en nuestra política, ni en nuestra manera de pensar, y no comparto ni uno solo de los ideales de nuestro tiempo. Pero no carezco de fe. Creo en las leyes milenarias de la humanidad, y creo que sobrevivirán a toda la confusión de nuestra época actual… Creo que, pese a su aparente absurdo, la vida tiene un sentido. 
Hermann Hesse


Después de leer Siddharta estas palabras de su autor adquieren un mayor significado; es necesario leerlo para comprénderlas en su plenitud. Desde el primer instante en el que tuve este libro en mis manos supe que escribiría sobre él. Esta entrada está en mi imaginación desde ese momento, y creo que es la más difícil que he escrito hasta ahora. Muchas ideas se agolpan en mi mente donde he guardado emociones, sensaciones, sentimientos... Y formas de empezar. No sé cuál elegir, por lo que voy a comenzar varias veces... Así es la vida ¿no? Comenzar y recomenzar.

Inicio #1. El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.

Siddharta llegó a mi vida en el momento preciso, en el segundo perfecto. Un día en el que el suelo parecía que se movía bajo mis pies busqué, como muchas otras veces, palabras de calma y serenidad en los libros. Lo tengo desde hace mucho tiempo pero parece que los clásicos siempre nos van a esperar discretos, silenciosos en las estanterías, hasta que son rescatados... Y despliegan su magia. 

Siddharta es una de las novelas más leídas en todo el mundo. Publicada en 1922 por el Premio Nobel Hermann Hesse (1877-1962)  asombra por como 94 años después de su aparición, continúa dando respuesta a la mayoría de las preguntas que los seres humanos nos hacemos a lo largo de la vida. Quizás por eso, Siddharta conmueve hasta límites insospechados. Con sus 150 hojas demuestra que no hacen falta más para escribir sobre lo que realmente importa. Un lenguaje sencillo y lleno de poesía lo convierten en un libro fácil y ameno de leer.

Inicio #2. Enamorarse de un personaje de cuento. 

Probablemente nunca me haya sentido tan identificada con un personaje ficticio como con Siddharta. Identificada y comprendida. Su nombre se instaló con comodidad en mi mente desde el primer instante en que empecé a leerlo. La búsqueda del sentido de la vida, del ansia por encontrarse consigo mismo, de resolver las cuestiones esenciales de la existencia humana es lo que mueve a Siddharta en su recorrido vital conformando el centro de la novela. Y estoy segura que en esa inquietud, en esa búsqueda de respuestas, más de un lector se sentirá tan identificado como yo. Sin duda, en ello radica su perpetua actualidad tanto en Oriente como en Occidente. Al final, los seres humanos apenas nos distinguimos unos de otros, anhelamos lo mismo, y el éxito de esta brillante historia en todos los rincones del planeta, así lo confirma. 

Sin embargo, Siddharta no me ha revelado nada nuevo. Mi fascinación por él radica en que ha corroborado, una por una y de una forma especial, la mayoría de las verdades en las que yo siempre he creído. La sociedad en la que vivimos nos hace olvidar los aspectos realmente importantes, nos envuelve en un consumismo voraz que nos aleja de lo esencial: la espiritualidad del ser humano.

Inicio #3. La humildad de un grande de la literatura.

Siddharta es, en mi opinión, un libro humilde en su forma, e incluso podría decir, que en su contenido. Hesse plasma sus conclusiones sobre su visión de la vida. No intenta dar lecciones y eso se aprecia en el estilo en el que está escrito. El autor se centra en reflejar valores tan importantes como la amistad, la verdadera amistad que te acompaña a la largo de la vida con compresión, aceptación y amor. O que la felicidad no se encuentra en las riquezas, o en el poder, sino en la vida sencilla que nos acerca a nuestro yo espiritual.

No sé si Hermann Hesse pensó en el éxito que tendrían sus palabras más allá del tiempo y las fronteras, pero da la sensación de que no ambicionaba escribir una obra maestra de la literatura, sino en enviar un poderoso mensaje a sus semejantes. En la sencillez de esta novela, probablemente, es donde radica su potencia y su belleza.

Inicio #4. Escribir sobre lo que conmueve.

Cuando me preguntan por qué hacía tiempo que no escribía en el blog siempre explico que es debido a que no me marco un calendario. Simplemente espero a encontrar algo que me conmueva, que agite mi alma para que puedan salir las palabras y expresar las sensaciones que me ha causado, sin prisas. Y este libro, que se ha convertido en mi preferido, ha atravesado mi alma, sencillamente.

Es recomendable leerlo con un lápiz en la mano. Hay párrafos tan llenos de verdad y belleza que los he subrayado para releerlos de vez en cuando, aunque tampoco descarto volver a leer el libro entero en cualquier momento:

"... Sabes que lo blando es más fuerte que lo duro, que el agua es más potente que la roca, que el amor es más vigoroso que la violencia".

"¡Ciertamente, ninguna cosa del mundo me ha obsesionado tanto como este mi yo, este enigma de vivir: que soy un individuo separado y aislado de todos los demás, que soy Siddharta!¡Y de ninguna otra cosa del mundo sé tan poco como de mí, de Siddharta!"

Un libro de autoayuda de casi cien años.

Siddharta me ha recordado mucho a los libros de autoayuda que están tan de moda en nuestro tiempo porque habla de lo que nos importa a todos: la felicidad, el amor, el encuentro consigo mismo. Y lo siento por los "gurús" de la felicidad pero todo está inventado ya. En mi opinión lo que ocurre es que pocos de nosotros interiorizamos la "verdad". Nos despistamos con deseos y ambiciones que nos alejan de lo que nos hace felices: "El amor, Govinda, me parece que es lo más importante que existe", dice Siddharta a su amigo. Parece que necesitamos que nos lo repitan a lo largo de la historia para que no se nos olvide, para que no caigamos en la necedad y en la ceguera.  

Estoy de acuerdo con Siddharta en que "las palabras no expresan bien los pensamientos: en cuanto se pronuncia algo, ya cambia un poquito, se distorsiona, pierde sentido. Y también esto es bueno y me parece justo, que la sabiduría y tesoro de una persona parezca necedad y locura a otra". Cuento con que existan personas que ya hayan leído esta novela y no sientan lo mismo que yo. Cuento con que futuros lectores no experimenten las mismas sensaciones que yo. Pero invito no sólo a leer este libro sino a vivirlo, a experimentarlo. A empezar el camino... porque como a él, a Siddharta, puede costarnos toda la vida encontrar las respuestas.


"A mí, únicamente me interesa poder amar a este mundo, no despreciarlo; no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo: a mí sólo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto".
Siddharta, Hermann Hesse


lunes, 7 de marzo de 2016

La palabra más hermosa


Si no tenemos paz en el mundo, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana.
Teresa de Calcuta.  

He dudado mucho si escribir sobre "La palabra más hermosa" de la escritora italiana Margaret Mazzantini porque últimamente hablo y escribo mucho sobre guerra, temo ser repetitiva. Pero después de ver hoy las noticias,  he decidido no controlar ese impulso. Escribo.
El ficción "real" de una novela
"La palabra más hermosa" es un libro bello y, a la vez, tremendamente duro. Cuenta la historia ficticia -pero posible- de una pareja italiana que se enamora en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) y sus vivencias durante el fatídico asedio que sufrió la ciudad en los años 90. El libro narra con un lenguaje sosegado, dulcísimo en ocasiones y cruento cuando lo requiere, como Diego y Gemma mantienen su amor y buscan tener un hijo, el eje central de la historia.
Tengo dudas sobre quiénes son los verdaderos protagonistas: Gemma y Diego, o Sarajevo y los ciudadanos que aguantaron valientemente aquel terrorífico asedio.
Es un libro que deja poso. Un poso muy profundo que hace complicado escoger otra historia para leer. Cala en el alma. En estas ocasiones dudo si decir que el libro me ha gustado... Es difícil decir que te gusta algo en donde hay descrito tanto dolor, un dolor que fue real y que, sin duda, lo sigue siendo.  Pero sí, "me gusta", muchísimo. Mazzantini realiza con su relato un homenaje valiente a una guerra, como todas, sin sentido, entretejiendo palabras de esperanza y amor.
Reflexiono...
Recuerdo que en los 90, cuando veíamos lo que estaba pasando en la ex-Yugoslavia, muchos nos preguntábamos por qué no se estaba actuando. Por qué ninguno de los organismos que en teoría existen para mantener la paz en el mundo, intervino para evitar las matanzas indiscriminadas, las violaciones multitudinarias, y, en general, esa guerra por la demarcación de fronteras, por el poder, en una palabra.
Recordar a Mostar, Sarajevo o Kosovo en el momento en el que estamos viviendo es terriblemente penoso... Porque no hemos aprendido absolutamente nada. Ver como los países que vivieron el peor conflicto en suelo europeo después de la Segunda Guerra Mundial levantan muros para evitar acoger a seres humanos en las mismas circunstancias que ellos sufrieron hace menos de veinte años, es realmente confuso. No puedo comprenderlo.
No puedo evitar volver una y otra vez a la pequeña temporada en la que trabajé con personas refugiadas. Era 1999, en plena guerra de Kosovo.  Los niños jugaban entre ellos sin tener en cuenta sus nacionalidades, sus creencias o su color de piel. Niños bosnios, kosovares, turcos, congoleses, albaneses,... Daba igual. Esos niños que ahora serán adultos probablemente piensen como yo, y se pregunten lo mismo que yo ¿No hemos aprendido nada? No existe una "crisis de refugiados", ni "un problema migratorio", hay una guerra despiadada que dura cinco años y que nadie tiene verdadera intención de acabar... Hay guerra en Siria, pero también en Irak, en Afganistán, en Yemen, en Sudán,... No está en auge la paz, sino la guerra. No, no hemos aprendido nada.
¿La palabra más hermosa? No me decido. Elijo dos: Paz y Amor. ¿Pueden convivir una sin la otra? ¿Puede mantenerse la Paz sin el Amor entre seres humanos? He recordado un poema...
Paz para los crepúsculos que vienen, Pablo Neruda.

PAZ para los crepúsculos que vienen,
paz para el puente, paz para el vino,
paz para las letras que me buscan
y que en mi sangre suben enredando
el viejo canto con tierra y amores,
paz para la ciudad en la mañana
cuando despierta el pan...
(...)

 Paz para el panadero y sus amores
y paz para la harina: paz
para todo el trigo que debe nacer,
para todo el amor que buscará follaje,
paz para todos los que viven: paz
para todas las tierras y las aguas.

Yo aquí me despido, vuelvo
a mi casa, en mis sueños,
vuelvo a la Patagonia en donde
el viento golpea los establos
y salpica hielo el Océano.
Soy nada más que un poeta: os amo a todos,
ando errante por el mundo que amo:
en mi patria encarcelan mineros
y los soldados mandan a los jueces.
Pero yo amo hasta las raíces
de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces
allí quiero nacer,
cerca de la araucaria salvaje,
del vendaval del viento sur,
de las campanas recién compradas.
Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.
No quiero que vuelva la sangre
a empapar el pan, los frijoles,
la música: quiero que venga
conmigo el minero, la niña,
el abogado, el marinero,
el fabricante de muñecas,
que entremos al cine y salgamos
a beber el vino más rojo.

Yo no vengo a resolver nada.

Yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo.

domingo, 13 de diciembre de 2015

De certezas y sentido.





El hambre, la humillación y la sorda cólera ante la injusticia se hacen tolerables a través de las imágenes entrañables de las personas amadas, de la religión, de un tenaz sentido del humor, e incluso  de un vislumbrar la belleza estimulante de la naturaleza: un árbol, una puesta de sol.
Gordon W. Allport (Prefacio de "El hombre en busca de sentido", V. Frankl).



Estaban ahí, siempre han estado, pero los doce meses que terminan han hecho que esas certezas tomen más fuerza. Certezas, belleza, sentido, cine y literatura, de eso tratan las siguientes palabras.

#1. Si nos habláramos como hablamos a un ser querido, seríamos mucho más felices.

         


"¡Sé feliz!", le dije a amigo Álvaro cuando le despedía en la estación tras un reencuentro después de unos siete u ocho años. Nada más pronunciarlo, me quedé pensando en ello. Últimamente no era la primera vez que lo pensaba o alguien me lo decía. Somos nuestro peor enemigo... Hace poco mientras me caía "tontamente" me dio tiempo a pensar: "¡Seré imbécil!¡Me voy a matar yo sola!". Ver el vídeo que os dejo cerró el círculo de la primera certeza. Si nos amáramos más y mejor a nosotros mismos, si nos habláramos como lo hacemos a las personas que queremos cuando pretendemos ayudarles: llenos de cariño, ternura, amor y comprensión... Seríamos más felices. Vamos a amarnos.

#2. La belleza reside en los ojos que miran.





Esta escena, perteneciente a la película "La Gran Belleza", es una de las que más me han conmovido en los últimos tiempos. Una película exquisita que remueve el alma mientras observamos el transcurrir de la vida del protagonista, un ser frustrado ante la búsqueda del sentido de su existencia, de la búsqueda de la gran belleza, que se le escapa entre los dedos.

Ser capaces de vislumbrar la belleza de las personas, de las cosas, de la vida, depende de nosotros. No hay nada bello o hermoso, si no tenemos los ojos apropiados. Un poema de Herman Hesse, nos lo confirma:

La otra mitad depende de ti.

La mitad de la belleza depende del paisaje,
y la otra mitad de la persona que la mira.
Los más brillantes amaneceres;
los más románticos atardeceres;
los paraísos mas increíbles;
se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.
Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos;
Cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca;
Cuando no hay lluvia que supere a su llanto;
Ni sol que brille más que su sonrisa.
La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla;
Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros se convierten en nuestros paisajes favoritos.

Encontrar la belleza de las cosas en nuestra vida cotidiana debería ser un objetivo diario, estremecerse con un amanecer, con una palabra bonita (incluso de un desconocido), con una canción,... Emocionarnos con lo que la vida nos aporta, con eso, ya debería valer la pena.

#3. No puedo vivir sin literatura, sin poesía, sin palabras.

"Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros". J.L. Borges.

Yo tampoco. Las palabras me han consolado, apoyado y acompañado a lo largo de todo este año. He acudido a ellas en busca de recogimiento, sosiego y calma. Desde los libros sus autores me han hablado, enseñado, emocionado  y sacudido.  He adquirido el hábito de escribir en un intento (vano la mayoría de las veces) de expresar mis propias emociones y sentimientos, mis miedos y esperanzas... Y ya no puedo vivir sin ello.

La poesía ha sido probablemente mi gran descubrimiento del año (como comentaba en una entrada anterior). Pinceladas, gotitas de emoción. Os dejo un fragmento de uno de los poemas que me han conmovido en estos últimos meses.

Miedo. R. Carver.
(...)
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día acabe con una nota infeliz.
Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que yo amo resulte letal para los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado.
Miedo a la muerte.
Ya he dicho eso.

#4. La importancia del camino menos transitado.

El camino no elegido. R. Frost.
(...)
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo la diferencia.

Seguramente este poema sea uno de los que más me han impactado en la vida. "Yo tomé el menos transitado, y eso hizo la diferencia...". Dos frases que intento repetir como un mantra cuando tengo que tomar una decisión y sacudirme el miedo. Lo había perdido de vista, pero desde que un amigo lo colgó en su página de Facebook vuelve a acompañarme, sin descolgarse de mi mochila. "Yo tomé el menos transitado, y eso hizo la diferencia...". Pensar diferente, leer lo que no lee la mayoría, ser asertivo, no tener miedo a salir de los caminos marcados, buscar para encontrar... Eso marca la diferencia. Nunca es tarde.

#5. El sentido de la vida, la búsqueda del amor.

Aún no he leído "El hombre en busca de sentido", no lo he leído de la forma usual, pero mi libro de segunda mano tiene la virtud de estar subrayado por una lectora anterior y de vez en cuando lo cojo y descubro un párrafo para cerrar el círculo de esta última certeza. Frankl describe su vida en un campo de concentración a la vez que muestra sus pensamientos sobre el sentido de la vida. Por favor, acompañadme leyendo estas palabras:

"Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros (...) de vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. (...) La veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. (...) Por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas (...). La verdad de que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos (...): la salvación del hombre está en el amor y a través del amor."

Frankl me apoya en el pensamiento que ha estado presente con mucha fuerza este año. Todos los caminos, todos las reflexiones, todos los libros y relatos, todos los cómos y porqués, absolutamente todo confluye en el mismo punto: La búsqueda y el disfrute del amor como camino y fin último de nuestra vida. No sólo el amor de pareja, sino el amor en su más amplio sentido, el amor al prójimo, a otro ser humano por el mero hecho de serlo, el amor a lo que nos rodea, el amor a la vida.
Sin amor, nada tiene sentido


                                               

En dieciocho días acabará este año que no ha sido fácil, pero apuesto por olvidar lo malo y quedarme con lo bueno, con todo lo aprendido, lo disfrutado, lo amado... Me quedo con los que me habéis acompañado, querido y comprendido. Me quedo con los que me habéis permitido formar parte de vuestras vidas. Me quedo con mi familia, mi hija, y mi amor, siempre conmigo. Me quedo con mis amigos, los que están siempre a mi lado, cerca o lejos, y con los nuevos, personas que se están convirtiendo en importantes para mí, bendiciones del camino.


Me quedo con lo bello de la vida.


Deseo que no os falte el disfrute de la belleza, que os améis por encima de todas las cosas, que siempre tengáis algo nuevo que aprender, que transitéis caminos por descubrir, y que nunca os falte el amor. Os envío el mío.

Gracias por estar ahí, gracias por vuestro tiempo, gracias por leerme.

domingo, 8 de noviembre de 2015

"Querido Noah" o la alegría de estar vivo.




(Fotografía: Conchín Fernández)


"Solo entiende mi locura quien comparte mi pasión".

Esta frase, cuyo autor no he conseguido descubrir, me ha rondado en la cabeza últimamente, y es que cuando escuchas hablar a alguien de las mismas cosas que te apasionan y te preocupan a ti te atrapa una emoción indescriptible. Escuchando a Conchín Fernández me pasó algo así.


Querido Noah

Es el título del libro que leí en cinco días (427 hojas) tras mi periodo de incapacidad lectora. Fue el libro que me devolvió las ganas de robarle minutos y segundos al día para leer. No veía la hora de que llegara la noche para poder disfrutarlo con tranquilidad. Es cierto que tiene una temática que siempre me ha interesado, pero es que, además, su autora describe y narra su propia historia de una forma muy amena, transmitiendo sus propias sensaciones y sentimientos tan bien que son capaces de alcanzarte... y tocarte. Esa forma de transmitir sólo se encuentra en una clase de personas: las que se apasionan y creen en lo que hacen.

Cuando lo terminé me dieron unas ganas enormes de darle las gracias a la autora. ¿No os ha pasado nunca? Yo cuando leo algo que me fascina busco la manera de hacerle llegar al autor mi agradecimiento por haber escrito algo así, algo con lo que me haya emocionado, haya aprendido o simplemente, haya dejado una huella en mí. Evidentemente, unas veces resulta más fácil que otras: Que sean autores vivos, españoles, etc. facilita las cosas (jajaja). He escrito a varios de ellos por Facebook, por ejemplo, y únicamente ha sido Conchín la que me ha respondido tan amablemente como si fuera una amiga. (El resto ha debido pensar que soy una pobre loca friki de la literatura, yo qué sé. Pero no soy una loca, ¡de verdad! Siento un agradecimiento inmenso por alguien que me emociona con lo que escribe, simplemente, y me gustaría que lo supieran).

Conchín Fernández, la autora de este soberbio libro ha estado en Sevilla hace unos días, y yo he tenido el enorme placer de conocerla en persona.




 Lo que África me enseñó

Así se llamaba la ponencia en la que Conchín  hablaba de su libro y  su experiencia. Conocer al autor de un libro que te haya gustado tanto como a mí me gustó "Querido Noah" es un momento tan especial como para un aficionado al fútbol conocer a su ídolo. Cuando me enteré que venía, sabía que no podía perder la oportunidad de estar allí y conocerla aunque sea un pequeño instante.

Conchín empezó a hablar y a comentar a través de imágenes su experiencia profesional y de vida en la República del Congo (capital Brazzaville) y, sobre todo, en la República Democrática del Congo (capital Kinsasa) separadas por el majestuoso río Congo. Presentaba El Tiempo en Televisión Española cuando un viaje para hacer un reportaje sobre la situación de Loukolela (República del Congo) caló tanto en ella que su vida giró 360º. Lo mejor de escucharla es la pasión con lo que cuenta lo que vivió. Su voz acompañaba  a las imágenes de niños y familias enteras en las peores condiciones de vida posibles, en la máxima pobreza, sin embargo, su mensaje no era pedirnos ayuda cómo cabría esperar, era totalmente distinto.

El mensaje de Conchín venía lleno de esperanza. Transmitía lo que para ella le había enseñado África:  LA ALEGRÍA DE ESTAR VIVO. Nos enseñó fotografías de huérfanos, pero que, como una gran familia, eran recogidos y criados por otros congoleños sin hacer preguntas, sin condiciones. Nos mostró fotos de mujeres bailando alegres en poblados donde no había agua corriente o donde el SIDA es una enfermedad endémica. Escuchamos, emocionados, a una orquesta en Kinsasa donde los músicos eran personas que trabajaban en lo que podían para alimentar a sus familias. Y así un largo etcétera de imágenes que lejos de reprochar a los de este lado del mundo su desdicha, nos contagiaron su alegría y esperanza en el futuro.

Cuando me preparaba para ir a ver y a escuchar a Conchín me preocupé demasiado de cosas banales: ¿Qué me iba a poner?, ¡Ay, Dios, estos michelines no van a desaparecer nunca!, ¿Dónde voy a aparcar?, etc, etc. Las imágenes que vi fueron un "tortazo". Qué más da ciertas cosas si tenemos salud, nuestra familia está bien, tenemos un hogar... Aunque suene a típico, yo misma debería apreciar más lo que tengo, o lo que soy.  Las imágenes que vi, lo que transmitió Conchín a todos los que estábamos allí era que en realidad, todo se puede superar, que incluso en las condiciones más inhóspitas el ser humano es capaz de levantarse y disfrutar de la alegría de estar vivo. Espero no olvidarlo.

¡Gracias Conchín!


Enlaces de interés:

Algunos enlaces de vídeos sobre el trabajo de Conchín en el Congo:
https://www.youtube.com/watch?v=ZG7dA6pw4c8
https://www.youtube.com/watch?v=DeJqNdIkUi0

La página oficial de "Querido Noah":
http://www.queridonoah.com/





sábado, 10 de octubre de 2015

Fue la poesía



Si tuviera que vivir de nuevo mi vida, me impondría la obligación de leer algo de poesía y escuchar algo de música por lo menos una vez a la semana.
Charles Darwin


Tarde lluviosa en Sevilla y por fin me decido a poner en firme esta entrada que ya ha cambiado de título varias veces. Un café y empiezo a organizar las palabras de lo que espero que lleguen a convertirse en una reflexión y una invitación. Y me alcanza ese familiar temor, que no sé cómo evitar, a no saber expresarme, a aburrir y a no transmitir lo que quiero... Pero, ante todo, espero que os guste.

¿Se puede escribir sobre todo lo que se siente o piensa?

A raíz de un comentario de una nueva amiga sobre mi blog esa pregunta ha vuelto a flotar en mi cabeza. Esta amiga me comentaba que le daba la impresión de que me daba miedo expresar lo que me sale. Me sorprendió que una persona que no me conoce apenas, pudiese detectar tan claramente una de mis preocupaciones: expresar abiertamente lo que siento o pienso. ¿Qué parte de mi vida debo guardarme?¿Qué parte de mis pensamientos compartir? Esta amiga no sabe lo que agradezco este tipo de comentarios relacionados con mi forma de escribir;  son los que ayudan a reflexionar, a mejorar, a conocerse mejor, a recapacitar sobre lo quiero compartir con los demás de forma pública.

¿Se puede escribir sobre todo lo que se siente o piensa, entonces? Otro amigo me respondió que "poder se puede, otra cosa es que sea adecuado, oportuno, respetuoso, comprendido". ¿Entonces? ¿Escribimos sobre lo que pensamos, lo que sentimos?¿A las claras? ¿O nos quedamos a medias? Hay ciertas cosas de las que no creo que pueda escribir, al menos públicamente, nunca. Hay otras de las que espero poder evitar mi reparo al expresar mi opinión. Hay otras de las que siempre escribiré sin la menor duda... Mientras intento encontrar mi propio equilibrio dentro de la escritura, en el que sentirme cómoda y feliz... escribiré sobre poesía.

El kit de emergencia.

Este año estuve unos tres meses sin poder leer, sin poder tener un libro en mis manos más de cinco minutos sin sentir ansiedad y nauseas. Muchos de mis amigos lo saben porque les pedí recomendaciones de lecturas, consejos, etc. Se lo comenté a alguno de los psicólogos que tengo cerca (en este caso a mi marido y mi amiga Esther) pero no había forma, no conseguía poder leer a gusto, a disfrutar con la lectura, y abandonaba libro tras libro, algo sumamente extraño en mí. La causa de ello no merece la pena explicarla, la consecuencia se solucionó gracias al apoyo y cariño incondicional de los que me rodean y a lo que mi amiga María llamó "el kit de emergencia".

María, mi poetisa favorita (mi amiga, mi compañera, mi tocaya, mi paisana, mi apoyo) llegó una mañana cargada de un montón de libros. Había libros de grandes autores (Benedetti, entre otros), de Baricco al que adoro gracias a ella, y sobre todo, de mucha poesía. Me llamaron mucho la atención los maravillosos títulos: "Los poemas perdidos de Eleonora que Mariana encontró no sabe dónde" de Macarena Trigo, "El tratado de las nubes" de Rafael Pérez Estrada o "El mar tiene hoy color de estar pensándose" de Felix Morales Prado. Títulos bellísimos al igual que su contenido.

Fue la poesía la que hizo que volvería a tener un libro largamente en las manos, a disfrutar leyendo y a enamorarme de las palabras. Empezaba esta entrada con una frase otorgada a Charles Darwin, con la que estoy totalmente de acuerdo pero creo que se queda corto: ¡Música siempre, por Dios! Y si leyéramos poesía cada día seguramente veríamos el mundo con otros ojos.

Benjamín Prado, poeta que forma parte del jurado del concurso relatos en cadena de la Cadena Ser (y al cual cada vez me gusta más escuchar, ¡Con qué amor habla sobre literatura!), comentaba en el último programa algo así como que le parecía inconcebible que una persona que se considere un gran lector no lea poesía.
Quizás hace unos meses no le hubiese comprendido, ahora le entiendo sin la menor duda.

La poesía puede ser que la relacionemos con la escuela, con la lecciones que los profesores nos hacían aprender y nos parezca algo aburrido a priori. Pero si uno se adentra en ella, se deja calar por su emoción, ya no podrá dejar de leer poesía "al menos una vez a la semana".

Como soy una principiante en esto de la poesía y mi única pretensión es invitar a los que no lo tengáis por costumbre a leer de vez en cuando algo de este género, sólo os dejo alguno de mis poemas preferidos.

De Lorca, porque no puedo hacer una entrada sobre poesía sin mencionarle y sin acordarme de mi querido amigo Pablo, hijo amado de la bella e incomparable Granada.

El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal, la piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena noche
del alma para siempre oscura.


De "El mar tiene hoy color de estar pensándose", de Feliz Morales Prado.

Tu piedad mima la llaga de la Vida, borra la culpa de la Historia. Así cuando despertemos en el manto azul del infinito, tu regazo, bien podremos decir, alegres como niños con sabor a leche agria en la boca y dulzura de luz en las pupilas, que todo fue un mal sueño.

De "Los poemas perdidos de Eleanora que Mariana encontró no sabe dónde", de Macarena Trigo los transcribiría todos. Es un libro bellísimo que puedes leer una y otra vez.

Materia prima

Si concibo el torrente de palabras
en las que te apareces
no terminaré nunca este deshielo,
esta bandada mala, esta manada
de torpes comodines, de blanduras,
de grises despertares, desperezas.

En "Palabra sobre palabra" de Ángel González, que la propia María me regaló, he señalado una cantidad infinita de páginas. Con él me he dado cuenta que los poetas están infravalorados. En 1985 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Nunca había oído hablar de él.

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
               Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

No me enrollo, amigos; sólo me apetecía dejaros unas pinceladas de poesía en esta tarde otoñal... Carver, Bukowski, Pizarnik, o Benedetti, Neruda... Poetas con muy distintos estilos, la cuestión es encontrar el que más os guste y dejaros empapar de ellos. Si ya leéis poesía me encantaría conocer vuestras recomendaciones. El mundo es más hermoso visto desde los ojos de un poeta.

"El día que el hombre sienta alucinarse por el poder del lenguaje o las palabras será poeta y estará condenado a vivirlo en todos los instantes de su vida y aprenderá a amar y a vivir la vida con poesía." Antonio Acevedo.

Poesía, música, familia, el sonido de la lluvia... Es una tarde perfecta.

Enlaces de interés:
Primero la recomendación del blog de Mencha Pardal, escritura en corto que no tiene desperdicio, lo he descubierto hace poco y me fascina: https://vidayausencia.wordpress.com/
Una página que recopila poemas de grandes escritores, genial: http://www.poemas-del-alma.com/
Alejandra Pizarnik, no tiene desperdicio: http://www.los-poetas.com/e/pizarnik1.htm
"¿Porqué escribir?" Una de las entradas de un blog con las que más he disfrutado últimamente:

domingo, 30 de agosto de 2015

Y al final... siempre tú.



¿Y conseguiste lo que querías de esta vida?
Lo conseguí.
¿Y qué querías?
Considerarme amado, sentirme amado en la tierra.

Raymond Carver.


Un verano con menos vacaciones de las que desearía me ha hecho, al menos, aprovechar para leer y disfrutar de la literatura como nunca. He leído algunos grandes clásicos que tenía pendientes, algún best-seller que me recuerda que no debo caer en las redes del marketing (¡Maldita sea!) e incluso algún que otro Premio Nobel de Literatura. Y todo este cocktail de libros y autores me ha hecho reflexionar... Bastante.

Marketing vs literatura.

Me indigno conmigo misma cuando me dejo atrapar por las campañas de publicidad y, aunque hay que reconocer que a veces aciertan, muchas otras son para mi escaso tiempo, fracasos estrepitosos. Me pasó con "Open" de André Agassi y me ha vuelto a pasar con la obra de la que todo el mundo habla últimamente sobre un abuelo que huye al cumplir cien años. Entretenido si acaso... Una magnífica campaña publicitaria detrás y una idea original, y punto. 

Sin embargo, en contraposición, tenemos esos enormes y gigantescos magos de las letras que seguramente nunca conozcamos a no ser que su nombre suene al haber recibido algún premio o algún amigo/a literato (y "rarito") nos lo recomiende. Quizás sea mi incultura, pero he buscado la lista de los últimos Premios Nobel de Literatura y antes de que su nombre me resultará familiar por recibir este galardón, eran absolutamente desconocidos para mí: Patrick Modiano (2014), Alice Munro (2013), Mo Yan (2012), Tomas Tranströmer (2011), etc. Y a mí me da rabia. Rabia porque tendría que buscar más, indagar más sobre lo que se cuece en el mundo literario de verdad, en el profundo y sensible, en el que maneja impecablemente las palabras, y te emociona, y te deja sin respiración... Mi tiempo y yo preferimos leer de lo "bueno", de lo que deja huella y necesito como respirar.

Wilde, Kundera, Ishiguro, Kafka, Sagan, Munro o Kerouac, entre otros, han estado en mis manos y los he disfrutado en mayor o menor medida. Oscar Wilde, sus florituras con el lenguaje y su particular análisis de la belleza en "El retrato de Dorian Gray"; Milan Kundera y la búsqueda del amor de "La insoportable levedad del ser"; Franz Kafka y "La metamorfosis", me han dejado extasiada, quiero saberlo todo de él; Alice Munro y uno de sus libros de relatos, "Amistad de juventud", me han emocionado descubriendo un mundo donde las mujeres y sus vidas son las protagonistas; y, por encima del resto, Jack Kerouac y "En el camino". Este último libro es el que más me ha gustado con diferencia. Una historia directa, dura, emocionante y, para mí, a la vez hermosa como pocas. 

También he leído un  libro diferente: "Cuéntalo bien", de Ana Sanz Magallón, para aprender a escribir decentemente. En este libro la autora incide en que todas las historias tienen en común la búsqueda de la felicidad y, por tanto, del amor - o viceversa -. Puede sonar cursi, pero si lo pensamos, si lo piensas y lo analizas un poco, esto es así. Sea la historia que sea y esté escrita con el lenguaje que sea, o en distintas épocas. La búsqueda de la felicidad y el amor es lo que he leído este verano escrita desde muchos puntos de vista. Al fin y al cabo, es lo que buscamos todos los seres humanos, con menor o mayor fortuna... 

Siempre tú

Lo último que he terminado de leer hoy mismo ha sido un libro de relatos de Kazuo Ishiguro: "Nocturnos. Cinco historias de música y crepúsculo". Ishiguro es un grande de las letras inglesas. Nacido en Nagasaki pero criado en Londres desde los seis años. Sobre todo es famoso por la obra "Lo que queda del día" que fue llevada a la pantalla por Anthony Hopkins y Emma Thompson. Peliculón. El libro es ameno y  el relato "Violonchelistas" me ha encantado, pero algo le falta, algo de emoción... Y es que tengo un problema cuando leo un libro de relatos... La sombra de Raymond es demasiado alargada. Os cuento...

Creo que recordaré siempre la primera vez que leí su nombre y un relato suyo. Las cosas importantes y que me llegan al alma las recuerdo con todos los detalles. Fue el verano pasado. Me envió el relato "Principiantes" un gran amigo por email y me decía algo así como "aún estoy flipando". Lo empecé a leer pero enseguida me dí cuenta que no le hacía justicia leyéndolo en ese momento. Lo dejé para la noche, cuando leo más concentrada y puedo disfrutarlo más. Sería exagerado decir que me cambió la vida, pero sin duda me descubrió una nueva literatura: Directa, pura, emocionante, brutal, de la que no puedes parar de leer. Raymond Carver (1938-1988) y ese relato supusieron un antes y un después en mi forma de entender la literatura. No había leído nada parecido antes, nada que me dejase con el corazón palpitando con fuerza en cada final. Carver interacciona perfectamente con el lector, juega contigo y te hace pensar, como si lo tuvieras al lado. "¡Vamos, piensa!" parece que te susurra al oído... Sus finales son brillantes, magistrales y únicos. 

He leído bastante de Raymond pero es que pienso leérmelo todo. Carver, principal figura del realismo sucio norteamericano, escribió, sobre todo, relatos pero también poesía. Si buscas información sobre él, le mencionan como el mejor escritor de cuentos del siglo junto a Anton Chéjov, al que Raymond admiraba profundamente y le dedicó el soberbio relato "Tres rosas amarillas". 

"Principiantes", "Catedral" y "Tres rosas amarillas"- mi preferido- están formados por relatos escritos con un lenguaje tremendamente sencillo y esto es algo que admiro en lo más profundo. Me he quedado muchas veces releyendo un párrafo, analizando las palabras y observándolas, buscando la fórmula que Carver usa para transmitir tanto. Pero no la he encontrado, los magos no desvelan sus trucos. La sencillez de las palabras que usa, tejiéndolas de una forma indescriptible y mágica hace que te emociones de forma irremediable... Y claro, luego quieres más de lo mismo. Y lo buscas en todas partes y lo comparas. Y al final... siempre Carver, siempre él.

Pero desde la primera a la última palabra de esta entrada constituyen mis propias opiniones subjetivas, desde mis emociones y sensibilidades. Seguro que a mucha gente Carver no le llega, no le transmite o no le dice nada. Y sin embargo ha llorado desconsoladamente con Ishiguro. Desde aquí, únicamente me gustaría invitaros a descubrir nueva literatura de vez en cuando, a parte de la que nos venden "en el mercado", a leer cosas nuevas, a salirnos del camino marcado, a aprender, a buscar la emoción y también a compartirla...

Murakami, que ya me está esperando, tiene una frase con la que acabo esta vez:

"Si sólo lees lo que todo el mundo está leyendo, sólo puedes pensar lo que todo el mundo está pensando".

Y estoy totalmente de acuerdo con él.

Gracias por leerme, un abrazo.

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Dedicado especialmente y con todo mi cariño a mis amigos literatos y "raritos" que me han descubierto tanta buena literatura. Si no hubiese sido por vosotros probablemente me la hubiera perdido. Gracias infinitas. Muchos besos, María y Salva.



Enlaces de interés:

Algunos relatos, incluido "Tres rosas amarillas":