sábado, 15 de octubre de 2016

Dyer y el amor a uno mismo.



Hay solo una vida para cada uno de nosotros: la nuestra.
Eurípides.

Este año, que encauza sus últimos meses, me ha dejado, entre otras cosas, tres enseñanzas: la importancia de amarse a uno mismo, la relevancia del propio pensamiento y ser capaz de no esperar nada. Cerca de cumplir cuarenta años, muchas de las cosas que he experimentado estos meses, me han recalcado la importancia de estas tres ideas... Y Wayne Dyer me lo ha confirmado.

Conocí a Dyer (1940-2015, USA) a través de la película "El cambio" que me recomendó un buen amigo. Han pasado varios años y gracias a haberme topado con "Diez secretos para el éxito y la paz interior" he recordado ese documento y sus enseñanzas que resume en este libro. Os dejo un maravilloso fragmento...



Quisiera decir lo que pienso  y siento hoy, con la condición de que quizás mañana lo contradiga todo. 
Ralph Waldoo Emerson.

La verdad es que tengo cierta manía a los libros que son "Diez secretos", "63 sistemas", "85 maneras", etc. Les tengo cierta tirria y no sé porqué, pero este libro tenía de especial el momento en el que lo encontré (de esos en los que una anda "despistada"en la vida), el lugar (una feria de "lo sagrado") y su olor... Un intenso olor a incienso. Es una obra sencilla y con la única pretensión de proporcionar consejos para conseguir una vida en la que prime la paz interior y, ante todo, el amor. 

Dyer habla ante todo de AMOR y, sobre todo, del amor a uno mismo, principio y fin. En el día a día, a veces, nos puede parecer algo obvio. Pero no lo es tanto. A mí el amor propio  me sonaba a egoísmo... ¡Qué equivocada estaba! El amor a uno mismo es lo principal si queremos proporcionarlo a nuestro entorno, a nuestro día a día, a nuestro trabajo, a los que nos rodean. Es una parte fundamental de nuestra existencia. Cuidarnos, amarnos y hablarnos con "cariño" es esencial para tener una vida plena... Y en ocasiones nos cuesta darnos cuenta.

La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos... Cuida de no albergar ideas inconvenientes para la virtud y la naturaleza razonable. 
Marco Aurelio.

El control del pensamiento debería ser una asignatura obligatoria en los colegios. Si fuéramos plenamente conscientes de lo que nuestros pensamientos afectan a nuestra propia vida, entenderíamos su importancia. Son nuestras propias ideas las que a veces nos envenenan, nos llenan de resentimientos (siempre injustificados según Dyer) y hacen caer en la desesperación. A veces, simplemente con cambiar nuestros pensamientos, nuestra actitud, responder siempre con amor y bondad es lo que hará que todo cambie.  

Wayne nos recalca en este libro que "nuestros pensamientos son la fuente de prácticamente todo lo que configura nuestra vida". Nuestros pensamientos, suposiciones, ideas, ensoñaciones... ¿Os imagináis cómo sería nuestra vida si los usáramos de forma positiva?¿Si nos centráramos en las virtudes de las personas que queremos en lugar de en sus defectos (que todos tenemos)? ¿Y en nuestras propias virtudes? ¡Nuestras vidas serían totalmente distintas!

Dyer nos dice "prefiera ser bondadoso a tener razón" y es una frase que espero que se me grabe a fuego; responder con bondad ante la ofensa, proporcionar amor en lugar de odio... Es uno de los principios para conseguir paz interior... Esa que todos buscamos y se nos escapa como humo entre los dedos. 

Deje de esperar que aquellos que son diferentes sean como usted cree que deberían ser.
Wayne Dyer.

No esperar nada de nadie puede sonar duro, pero yo he comprobado que es un gran acto de generosidad, bondad y amor. Hacer las cosas sin esperar nada a cambio, no esperar a que las personas se comporten como uno lo haría, no tener expectativas sino recibir lo que llega como un gran regalo, es una actitud que mejora y calma el espíritu de forma radical. 

Esperar a que las personas se comporten de cierta manera y frustrarnos si no lo hacen produce malestar y desasosiego. Trabajar en el cambio, ser bondadoso, generoso y hacer las cosas sin esperar nada es el mayor acto de amor que podemos proporcionar a nuestros semejantes. Dyer lo sabe; yo, ahora, lo sé. 

A este libro y a muchos otros como él, les encuentro un defecto... No llevan de regalo un microchip... Uno para implantármelo y que no se me vuelva a olvidar la importancia de todas las cosas sobre las que Dyer me ha hecho reflexionar. Ojalá uno pudiera terminar de leer un libro así y poder llevar a cabo todas sus enseñanzas tan fácilmente como llevar a cabo una receta de cocina... Pero para mí es tan difícil como aprender japones. 

Sin embargo, creo que lo importante es tenerlo en mente y trabajar para conseguirlo. Tener cerquita este maravilloso libro que gracias a sus diez sencillos secretos (secretos a voces) nos hace visualizar un mundo mejor,  también es un buen recordatorio para saber que en nosotros, y sólo en nosotros, está la posibilidad de ser felices y hacer felices a los que amamos. 

"Nuestros miedos, se pueden eliminar mediante el amor.
El amor a uno mismo.
El amor por lo que uno hace.
El amor por los demás.
El amor por nuestro planeta.
Cuando uno experimenta el amor en su interior,
el miedo no puede sobrevivir".
Wayne Dyer.

Gracias por haber llegado hasta aquí. Gracias, siempre.
Todo mi amor, y muchos besos...





sábado, 1 de octubre de 2016

La libreta verde y escribir sobre escribir.




Escribir no es imponer una forma de expresión a una materia vivida. La literatura está al lado de lo informe, de lo inacabado... Escribir es un asunto con el devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida.
Gilles Deleuze

Escribir...

Esta semana mi amiga María me ha regalado esta hermosa libreta verde, sin ser ni mi cumpleaños, ni Navidad; quizás por eso seguro que recordaré siempre este maravilloso detalle. Sé que recordaré lo que estaba haciendo en el momento en que me dijo: "¡Mira lo que ha llegado para ti!" Es algo material, sí, pero lo emocionante es lo que lo rodea, la persona que te lo entrega, su intención de hacerte feliz, su pensamiento hacia ti. Es una libreta preciosa, pero lo más precioso es el cariño con el que venía envuelta. María acompañó su regalito con un: "Para que la llenes de cosas bonitas". Y hoy la he estrenado, comenzando con ideas para esta entrada. Creo que será bonita, amiga. 

Estos días atrás varias personas me han regalado libretas; mi Yoyito también me regaló una hermosa libreta azul, por ejemplo. Las libretas y los cuadernos se me agolpan desde hace un par de años, lo cual es un indicador de cómo la pasión por escribir está creciendo en mí como las magdalenas en el horno que he hecho esta tarde con mi hija, y los que me rodean lo saben.

De detalles hermosos y del amor por la escritura trata esta entrada.

Escribimos en la oscuridad, sin mapas, sin brújula, sin señales del camino. Escribir es flotar en el vacío. Rosa Montero. 

Hace tiempo que buscaba un tema para escribir una entrada en mi blog -mi blog que, en muchos sentidos, está compuesto de trozos de mi mente plasmados en letras- pero no había forma de encontrarlo. He leído muchísimo últimamente, pero ningún libro ha pasado mi propio filtro para dedicarle una entrada: deben atravesar mi alma. Y no es que no me hayan gustado... He leído "La soledad de los números primos" (Paolo Giordano) que tiene una prosa maravillosa y una historia digna de leer, aunque para mí su final no le hace justicia. He disfrutado una barbaridad con "Corre, Conejo" (John Updike); me ha encantado la historia de "Conejo" Armstrong y la forma de escribir de Updike pero no me ha inspirado una entrada... ¡Mecachis! Ahora tengo entre manos a "Ulises" que me está encantando, alucinando, fascinando... Todo se andará.

Entonces, ¿sobre qué escribir? Hoy sentía esa necesidad imperiosa... Escribir sobre cualquier cosa pero ponerme a juntar palabras y escribir, escribir, escribir. Así pues ¿porqué no escribir sobre escribir?

Estoy segura de que los amigos que lean esta entrada (¡gracias por ser tú uno de ellos!) y que dediquen parte de su tiempo a escribir comprenderán esa sensación que tengo de necesitar traducir en palabras mis pensamientos, mis ideas, mis "cosas". Y es que cuando acabo algo (un artículo, un relato, un microrrelato) ya estoy pensando en lo siguiente. Nunca antes mi mente había "maquinado" tantas cosas a la vez. Y hasta que no lo dejo salir, hasta que no encuentro el momento -las ocasiones más frecuentes ya cansada y con el reloj traspasando las horas de mañana- no llega la tranquilidad que a veces dura siquiera un instante.

Escribo para que la muerte no tenga la última palabra. Odysséas Elytis.

Evidentemente, nunca seré una escritora famosa, ni tengo el don de los grandes narradores, seamos realistas, y además tampoco lo pretendo. Sin embargo, me fascina esa frase de Elytis. Todos los que escribimos, seamos conscientes o no de ello, estamos dejando un hermoso legado a nuestros hijos, a nuestros sobrinos, a los niños que vienen detrás de nosotros. Me emociona pensar que algún día, cuando sea mayor, mi hija leerá las cosas que su madre escribía y  deseo que comprenda que yo no sólo era su mamá, y la pareja de su papá, sino también una mujer con ideas propias, con emociones, sensaciones, pasiones que a veces sólo era capaz de plasmar poniendo una palabra detrás de otra. Ojalá lo que he escrito, lo que escribo y lo que escribiré le ayuden a comprender mejor su propia existencia.

Escribimos y leemos poesía porque pertenecemos a la raza humana, y la raza humana está llena de pasión. El club de los poetas muertos. Peter Weir, Tom Schulman. 

Una de las mejores películas que nos ha dejado el cine también explica a las claras los motivos que me mueven a leer y a escribir. No puedo dejar de pensar en esta escena cuando reflexiono sobre mi amor hacia la literatura en el  más amplio de los sentidos... Al igual que el profesor Keating, tengo la absoluta certeza de que las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo.




Escribe para ti mismo, recogido, asombrado. Jack Kerouac.

Kerouac nos regaló una de las frases que intento tener en mente siempre... "Escribe para ti mismo, recogido, asombrado". Quizás en esta entrada es en la que más lo estoy poniendo en práctica. Hoy escribo por la sencilla y simple razón de que necesito hacerlo, calmo mi propia ansiedad,  asombrada por ello, incluso aunque nadie lo lea. Son muchos los escritores que nos aconsejan eso mismo tomando la forma de sabios "Pepitos Grillos": escribe para ti, escribe lo que te gustaría leer, construye el libro que te gustaría tener en las manos, escribe y que no te importe lo que los demás piensen.

Escribo por el mismo motivo que leo: porque me hace feliz, al igual que los pequeños detalles de la gente que quiero, de la misma forma que me embobo con los amaneceres o disfruto haciendo magdalenas con mi hija, de la misma manera que me encanta el calor de una vela cuando trabajo o escuchar el sonido del mar con un libro en las manos.

                                                                    
¡Oh, mi yo! ¡oh, vida!
de sus preguntas que vuelven,
Del desfile interminable de los desleales,
de las ciudades llenas de necios,

De mí mismo,
que me reprocho siempre (pues,
¿quién es más necio que yo, ni más desleal?),
De los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
De lo malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,

De los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡Oh, mi yo!, la pregunta triste que
vuelve - ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, Oh, mi yo, Oh, vida ?

Respuesta

Que estás aquí - que existe la vida y la identidad,
Que prosigue el poderoso drama, y que
puedes contribuir con un verso.

WALT WHITMAN

Gracias por haber llegado hasta aquí. Gracias, siempre.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Una tregua, por favor.




Los prejuicios, y es bien sabido, son difíciles de erradicar del corazón de aquellos que nunca han fertilizado su educación. Crecen allí, firmes como malas hierbas entre rocas. 
Charlotte Brönte.
Y es que una acaba harta. Harta de ver como nos movemos a base de prejuicios, generalizaciones, ideas preconcebidas y, por qué no decirlo, muy mala leche. Después de los dos últimos libros que he leído soy más consciente de que nuestra sociedad (es decir, nosotros, los individuos) muchas veces nos dejamos arrastrar por ellas, por estas ideas dañinas y mezquinas. Estos libros me han hecho reflexionar mucho y ver como yo misma caigo en esos mismos errores contra mí y contra los demás  -aunque intente evitarlos por todos los medios-, y, por supuesto, yo misma los sufro en carne propia. Que levante la mano el primero que piense que está libre de prejuicios, me gustará conocer a ese alma pura, debe haber pocas en este mundo. Por ello pido una tregua, por favor. 

Los prejuicios son la razón de los tontos. Voltaire.
Tanto "El vendedor de sueños" de Augusto Cury como "La tregua" de Mario Benedetti, demuestran los estúpidos que podemos llegar a ser los seres humanos. Y no sólo ellos. El mundo en el que vivimos nos proporciona ejemplos constantes de lo absurdo de las ideas que a veces tenemos en la mente. 

Las generalizaciones que tanto están perjudicando el buen entendimiento entre las personas de diferentes culturas, son una muestra de lo que quiero expresar. Por supuesto me refiero a muchas de las actitudes que vivimos hoy en día con la tragedia de las personas que están huyendo como un chorro constante de la guerra, de la muerte, y del hambre: "vienen a quitarnos el trabajo", "nos transmiten enfermedades", "todos los del turbante son terroristas" o mi preferida: "nosotros no tenemos nada qué ver con lo que les pasa" ("a mí que no me miren", en resumen). Señores, la famosa globalización no sólo se refiere a Internet. Las decisiones económicas, políticas y geo-estratégicas nos afectan a todos, a todos los seres humanos de este planeta, te llames Omran o José.

En fin, podría seguir escribiendo infinitamente sobre esto con el corazón clamando por ello, pero mientras nuestros supuestos "líderes" (y no sólo hablo de los políticos) favorezcan el racismo, la xenofobia, la discriminación, y las demás lacras que hacen sucumbir a nuestra sociedad, lo único que podemos hacer es educar a las próximas generaciones libres del miedo a lo diferente, porque amigos... ¿Quién no es diferente?  Nuestro ejemplo vivo, libre de ideas preconcebidas será el mejor modelo para nuestros hijos. Creemos un mundo mejor.

Cuando estamos vacíos de ego, nosotros también podemos aceptar tranquilamente los eventos variables de la vida. Cuando dejamos de hacer distinciones llenas de prejuicios -manso o áspero, bonito o feo, bueno o malo - una quietud pacífica permeará nuestra mente. Han Shan.

Pero no sólo me refiero a los prejuicios que ahogan nuestro mundo (lo ahogan y lo aniquilan) sino a aquellos que vivimos en el día a día: gordos, flacos, feos, guapos, mujeres, hombres, mayores, viejos, malolientes, etc., etc., etc. ¿Cuántas veces al día podemos dejarnos llevar por una o varias de estas ideas? Y, como decía antes, no sólo los emitimos hacia los demás, muchas veces somos terriblemente crueles con nosotros mismos. 

¿Qué es un prejuicio? Por su definición es "una opinión preconcebida, generalmente negativa hacia algo o alguien" -y yo añado- obtenidas en base a detalles superfluos que no dicen nada de quienes somos realmente. 
El más peligroso de nuestros prejuicios es el que reina en nosotros contra nosotros mismos. Hugo Von Hofmannsthal. 

¿Porqué un persona de cierta edad está casi fuera del mercado laboral?¿No tiene la misma valía o incluso muchísimo más que un joven principiante? ¿Porqué una mujer con sobrepeso no puede ser atractiva?¿Porqué las propias mujeres damos una caña tremenda a las de nuestro mismo género con el tema del físico? ¿Porqué nos damos una caña tremenda a nosotras mismas? ¿Porqué una persona mayor no puede seguir disfrutando del sexo como una joven?¿Porqué un anciano no puede tener aún esperanzas y sueños? Y así un sinfín de preguntas que sacan a la luz los libros que arriba mencionaba. Dos ejemplares que hacen reflexionar sobre cómo funciona nuestra mente, el perjuicio que nos provocamos a nosotros mismos y a los que nos rodean dejándonos llevar por estas ideas basadas en razonamientos erróneos y torpes. 

Y yo, que últimamente intento mirar más hacia el interior de mis entrañas y preocuparme de lo que puedo controlar (lo que de mí depende), pienso que si tuviésemos más en cuenta a la otra persona, a lo que nos aporta, a su experiencia, a su bondad, a sus intereses, a sus intenciones, a su apoyo, a sus conocimientos, a su amor... En definitiva, a la PERSONA, y no al conjunto de detalles exteriores y etiquetas que son sólo eso, etiquetas, nuestra vida sería mucho más enriquecedora y hermosa.

Sin duda, todo esto debe de empezar en uno mismo, debemos "revisarnos" siendo conscientes y honestos, para que estos prejuicios no nos alcancen, para que seamos suficientemente inteligentes para pensar con claridad, y sobre todo, para querernos más y mejor a nosotros mismos y a los que nos rodean.

Por eso estoy hablando con usted. Usted es una de esas raras personas que son capaces de separar sus observaciones de sus prejuicios. Usted ve lo que es, mientras que la mayor parte de la gente ve lo que espera ver. John Steinbeck.

Para terminar, recomiendo con firmeza la lectura de los libros que he comentado, sobre todo de "La tregua", una joya literaria, una obra maestra sobre la realidad humana. Inmenso Benedetti, bendito Benedetti y los libros que te ayudan a reflexionar, a ser mejores personas, a crecer.

Démonos una tregua, seamos felices, seamos generosos, hagamos un mundo mejor.





jueves, 21 de julio de 2016

Abriendo la correspondencia


Escribir una carta es enviar un mensaje al futuro; hablar desde el presente con un destinatario que no está ahí, del que no se sabe cómo ha de estar mientras le escribimos y, sobre todo, después: al leernos. La correspondencia es la forma utópica de la conversación porque anula el presente y hace del futuro el único lugar posible del diálogo.
Ricardo Piglia.

Mis queridos amigos lectores,

Parecen lejanas aquellas cartas que escribía a mis amigos, a mis primas, a mi familia cuando me encontraba viviendo fuera. Exceptuando el teléfono, durante mucho tiempo fueron nuestro único medio de comunicación en la distancia. Hojas que se convertían en momentos de íntimo recogimiento donde expresábamos inquietudes, alegrías, tristezas, confesiones... El avance de la tecnología ha tenido muchos beneficios: podemos ver a nuestros seres queridos a diario aunque nos separe un océano. Sin embargo, y a pesar del email, el whatsapp y sus congéneres, la perdida casi por completo de la escritura de cartas es algo lamentable.

Afortunadamente, podemos recuperar el gusto por escribir cartas. Como todas las elecciones de la vida, la posibilidad está en nuestra mano. Es cuestión de "tiempo". Leer la correspondencia legada al mundo por algunas de las personalidades más importantes de la historia nos puede animar a ello. Gracias a las cartas hemos podido reconstruir hechos históricos o descubrir relaciones secretas... Algunos de los más hermosos e intensos pensamientos han sido extraídos de cartas. Cortázar le escribía así a su amiga Alejandra Pizarnik:

"Te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra".

Otro ejemplo es la última carta que Lev Tolstoi le escribió a sus hijos Seriozha y Tania. Sus palabras estremecen el ánimo de cualquier lector:

"Esas ideas que has asimilado sobre el darwinismo, la evolución y la lucha por la existencia no te explicarán el sentido de tu vida ni te darán una guía para tus actos, y una vida sin explicación de su significado y su sentido, y sin la guía inalterable que de ella se desprende, es una existencia lamentable."

Por mi parte, nunca me había interesado por el género epistolar más allá de leer algún artículo sobre el tema o de disfrutar con el delicioso libro "La Sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey" de Mary Ann Shaffer (recomendabilísimo) escrito a través de cartas. Sin embargo, después de escuchar mil y una veces que cualquier persona a la que le gustase "crear" debía leer "Cartas a un joven poeta" mi interés ha variado sustancialmente.

Cartas a un joven poeta

Leídas en mi "chisme" (mi kindle que intercalo con libros en papel, y que tiene la estupenda función de poder subrayar pasajes y compartirlos) sin ninguna duda estas cartas constituyen el mejor libro sobre la acción de crear que cualquier escritor, músico, pintor, escultor, etc. podría leer. Debería ser el libro de cabecera de todo artista. De hecho, pienso buscarlo en papel para olerlo, tocarlo, "saborearlo", subrayarlo a conciencia y tenerlo siempre a mi lado. No soy capaz de tener la misma relación "pasional" con un libro digital que con un libro en papel, es imposible.  

En estas cartas el gran poeta Rilke escribía con gran ternura a su discípulo, un joven poeta desconocido, sobre sus inquietudes en relación a la poesía y sobre la propia vida. Confieso que he dudado mucho si escribir una entrada sobre este libro y no porque no me haya llegado al alma cada vez que lo leía, sino porque lo único que se puede hacer con una obra tan bella y llena de verdad es invitar a leerla a través de sus propias palabras. Mis amigos lo saben bien. Elegir algunos de sus pasajes es tan difícil para mí como elegir mi libro favorito... En fin, estos por ejemplo.

"Las obras de arte viven en medio de una soledad infinita, y a nada son menos accesibles como a la crítica. Sólo el amor alcanza a comprenderlas y hacerlas suyas: sólo él puede ser justo para con ellas". 

"Ser artista es: no calcular, no contar, sino madurar como el árbol que no apremia su savia, más permanece tranquilo y confiado bajo las tormentas de la primavera, sin temor a que tras ella tal vez nunca pueda llegar otro verano. A pesar de todo, el verano llega. Pero sólo para quienes sepan tener paciencia,  y vivir con ánimo tranquilo, sereno, anchuroso, como si ante ellos se extendiera la eternidad". 

"Acérquese a la naturaleza e intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde".

"Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie... No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma".

"El amor de un ser humano hacia otro: esto es quizás lo más difícil que nos haya sido encomendado. Lo último, la prueba suprema, la tarea final, ante la cual todas las demás tareas no son sino preparación".

Sólo añadiré... ¡LEEDLAS!

Cartas de Alejandra Pizarnik a León Ostrov



Al terminar las cartas de Rilke leí las de Alejandra. En este caso, la correspondencia recogida en este libro corresponde a cartas que la inmensa poetisa argentina escribió a su terapeuta León Ostrov durante su estancia en París. Me gustaba Pizarnik por su poesía pero con esta lectura se ha convertido en una "persona cercana". Después de leerla me ha quedado impregnado el pensamiento sobre qué opinaría ella en relación a la publicación de estas palabras. Son sus pensamientos íntimos, desgarradores, confiados, dirigidos a un amigo. A través de sus cartas conocemos a Alejandra y  la tortura que sufría su mente. Como con las cartas de Rilke no hay otra forma que animar a su lectura que a través de alguno de sus sobrecogedores pasajes. 

"Simplemente, no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna… No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan… Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie… ¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. Ni lo querré acaso."

"Es verdad, muchas cosas dejaron de importarme. Y me alegro. Que me roben las maletas y yo pueda viajar con las manos libres".

"Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y mis imposibilidades".

"El cielo fue blanco este mes: fue una ausencia, fue mi amor este cielo: era una tregua, un puente entre dos mundos."

La propia Alejandra no se consideraba un ser de este mundo; probablemente tenía razón. Murió durante el amanecer del 25 de septiembre de 1972, tras consumir cincuenta pastillas de seconal. Tenía 36 años pero el alba de ese día la convirtió en inmortal. 

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Amigo lector, gracias por llegar hasta aquí. Te envío esta carta a ti que has dedicado tu valioso tiempo a leerla. A través del tiempo y la distancia te llegan mis pensamientos... Una suerte de telepatía. 

Con todo el cariño,

María.

Posdata: ¿Recuerdas la última carta que escribiste? La última que yo escribí fue a mi padre hace un par de años. Sin duda, a través de ella pude expresar todo lo que quería decirle mejor que con cualquier otro sistema. Aún recuerdo el día que la escribí, en un papel azul, y teniendo cuidado de que mi letra manuscrita fuese legible. Nuestra propia letra, esa que ninguna letra mecanografiada podrá sustituir. He recordado lo maravilloso que es escribir cartas. Volveré a hacerlo. ¿Te animas?

Enlaces de interés:





jueves, 26 de mayo de 2016

Siddharta y la grandeza de la sencillez



No creo en nuestra ciencia, ni en nuestra política, ni en nuestra manera de pensar, y no comparto ni uno solo de los ideales de nuestro tiempo. Pero no carezco de fe. Creo en las leyes milenarias de la humanidad, y creo que sobrevivirán a toda la confusión de nuestra época actual… Creo que, pese a su aparente absurdo, la vida tiene un sentido. 
Hermann Hesse


Después de leer Siddharta estas palabras de su autor adquieren un mayor significado; es necesario leerlo para comprénderlas en su plenitud. Desde el primer instante en el que tuve este libro en mis manos supe que escribiría sobre él. Esta entrada está en mi imaginación desde ese momento, y creo que es la más difícil que he escrito hasta ahora. Muchas ideas se agolpan en mi mente donde he guardado emociones, sensaciones, sentimientos... Y formas de empezar. No sé cuál elegir, por lo que voy a comenzar varias veces... Así es la vida ¿no? Comenzar y recomenzar.

Inicio #1. El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma.

Siddharta llegó a mi vida en el momento preciso, en el segundo perfecto. Un día en el que el suelo parecía que se movía bajo mis pies busqué, como muchas otras veces, palabras de calma y serenidad en los libros. Lo tengo desde hace mucho tiempo pero parece que los clásicos siempre nos van a esperar discretos, silenciosos en las estanterías, hasta que son rescatados... Y despliegan su magia. 

Siddharta es una de las novelas más leídas en todo el mundo. Publicada en 1922 por el Premio Nobel Hermann Hesse (1877-1962)  asombra por como 94 años después de su aparición, continúa dando respuesta a la mayoría de las preguntas que los seres humanos nos hacemos a lo largo de la vida. Quizás por eso, Siddharta conmueve hasta límites insospechados. Con sus 150 hojas demuestra que no hacen falta más para escribir sobre lo que realmente importa. Un lenguaje sencillo y lleno de poesía lo convierten en un libro fácil y ameno de leer.

Inicio #2. Enamorarse de un personaje de cuento. 

Probablemente nunca me haya sentido tan identificada con un personaje ficticio como con Siddharta. Identificada y comprendida. Su nombre se instaló con comodidad en mi mente desde el primer instante en que empecé a leerlo. La búsqueda del sentido de la vida, del ansia por encontrarse consigo mismo, de resolver las cuestiones esenciales de la existencia humana es lo que mueve a Siddharta en su recorrido vital conformando el centro de la novela. Y estoy segura que en esa inquietud, en esa búsqueda de respuestas, más de un lector se sentirá tan identificado como yo. Sin duda, en ello radica su perpetua actualidad tanto en Oriente como en Occidente. Al final, los seres humanos apenas nos distinguimos unos de otros, anhelamos lo mismo, y el éxito de esta brillante historia en todos los rincones del planeta, así lo confirma. 

Sin embargo, Siddharta no me ha revelado nada nuevo. Mi fascinación por él radica en que ha corroborado, una por una y de una forma especial, la mayoría de las verdades en las que yo siempre he creído. La sociedad en la que vivimos nos hace olvidar los aspectos realmente importantes, nos envuelve en un consumismo voraz que nos aleja de lo esencial: la espiritualidad del ser humano.

Inicio #3. La humildad de un grande de la literatura.

Siddharta es, en mi opinión, un libro humilde en su forma, e incluso podría decir, que en su contenido. Hesse plasma sus conclusiones sobre su visión de la vida. No intenta dar lecciones y eso se aprecia en el estilo en el que está escrito. El autor se centra en reflejar valores tan importantes como la amistad, la verdadera amistad que te acompaña a la largo de la vida con compresión, aceptación y amor. O que la felicidad no se encuentra en las riquezas, o en el poder, sino en la vida sencilla que nos acerca a nuestro yo espiritual.

No sé si Hermann Hesse pensó en el éxito que tendrían sus palabras más allá del tiempo y las fronteras, pero da la sensación de que no ambicionaba escribir una obra maestra de la literatura, sino en enviar un poderoso mensaje a sus semejantes. En la sencillez de esta novela, probablemente, es donde radica su potencia y su belleza.

Inicio #4. Escribir sobre lo que conmueve.

Cuando me preguntan por qué hacía tiempo que no escribía en el blog siempre explico que es debido a que no me marco un calendario. Simplemente espero a encontrar algo que me conmueva, que agite mi alma para que puedan salir las palabras y expresar las sensaciones que me ha causado, sin prisas. Y este libro, que se ha convertido en mi preferido, ha atravesado mi alma, sencillamente.

Es recomendable leerlo con un lápiz en la mano. Hay párrafos tan llenos de verdad y belleza que los he subrayado para releerlos de vez en cuando, aunque tampoco descarto volver a leer el libro entero en cualquier momento:

"... Sabes que lo blando es más fuerte que lo duro, que el agua es más potente que la roca, que el amor es más vigoroso que la violencia".

"¡Ciertamente, ninguna cosa del mundo me ha obsesionado tanto como este mi yo, este enigma de vivir: que soy un individuo separado y aislado de todos los demás, que soy Siddharta!¡Y de ninguna otra cosa del mundo sé tan poco como de mí, de Siddharta!"

Un libro de autoayuda de casi cien años.

Siddharta me ha recordado mucho a los libros de autoayuda que están tan de moda en nuestro tiempo porque habla de lo que nos importa a todos: la felicidad, el amor, el encuentro consigo mismo. Y lo siento por los "gurús" de la felicidad pero todo está inventado ya. En mi opinión lo que ocurre es que pocos de nosotros interiorizamos la "verdad". Nos despistamos con deseos y ambiciones que nos alejan de lo que nos hace felices: "El amor, Govinda, me parece que es lo más importante que existe", dice Siddharta a su amigo. Parece que necesitamos que nos lo repitan a lo largo de la historia para que no se nos olvide, para que no caigamos en la necedad y en la ceguera.  

Estoy de acuerdo con Siddharta en que "las palabras no expresan bien los pensamientos: en cuanto se pronuncia algo, ya cambia un poquito, se distorsiona, pierde sentido. Y también esto es bueno y me parece justo, que la sabiduría y tesoro de una persona parezca necedad y locura a otra". Cuento con que existan personas que ya hayan leído esta novela y no sientan lo mismo que yo. Cuento con que futuros lectores no experimenten las mismas sensaciones que yo. Pero invito no sólo a leer este libro sino a vivirlo, a experimentarlo. A empezar el camino... porque como a él, a Siddharta, puede costarnos toda la vida encontrar las respuestas.


"A mí, únicamente me interesa poder amar a este mundo, no despreciarlo; no odiarlo ni aborrecerme a mí mismo: a mí sólo me atrae la contemplación del mundo y de mí mismo, y de todos los seres, con amor, admiración y respeto".
Siddharta, Hermann Hesse


lunes, 7 de marzo de 2016

La palabra más hermosa


Si no tenemos paz en el mundo, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana.
Teresa de Calcuta.  

He dudado mucho si escribir sobre "La palabra más hermosa" de la escritora italiana Margaret Mazzantini porque últimamente hablo y escribo mucho sobre guerra, temo ser repetitiva. Pero después de ver hoy las noticias,  he decidido no controlar ese impulso. Escribo.
El ficción "real" de una novela
"La palabra más hermosa" es un libro bello y, a la vez, tremendamente duro. Cuenta la historia ficticia -pero posible- de una pareja italiana que se enamora en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) y sus vivencias durante el fatídico asedio que sufrió la ciudad en los años 90. El libro narra con un lenguaje sosegado, dulcísimo en ocasiones y cruento cuando lo requiere, como Diego y Gemma mantienen su amor y buscan tener un hijo, el eje central de la historia.
Tengo dudas sobre quiénes son los verdaderos protagonistas: Gemma y Diego, o Sarajevo y los ciudadanos que aguantaron valientemente aquel terrorífico asedio.
Es un libro que deja poso. Un poso muy profundo que hace complicado escoger otra historia para leer. Cala en el alma. En estas ocasiones dudo si decir que el libro me ha gustado... Es difícil decir que te gusta algo en donde hay descrito tanto dolor, un dolor que fue real y que, sin duda, lo sigue siendo.  Pero sí, "me gusta", muchísimo. Mazzantini realiza con su relato un homenaje valiente a una guerra, como todas, sin sentido, entretejiendo palabras de esperanza y amor.
Reflexiono...
Recuerdo que en los 90, cuando veíamos lo que estaba pasando en la ex-Yugoslavia, muchos nos preguntábamos por qué no se estaba actuando. Por qué ninguno de los organismos que en teoría existen para mantener la paz en el mundo, intervino para evitar las matanzas indiscriminadas, las violaciones multitudinarias, y, en general, esa guerra por la demarcación de fronteras, por el poder, en una palabra.
Recordar a Mostar, Sarajevo o Kosovo en el momento en el que estamos viviendo es terriblemente penoso... Porque no hemos aprendido absolutamente nada. Ver como los países que vivieron el peor conflicto en suelo europeo después de la Segunda Guerra Mundial levantan muros para evitar acoger a seres humanos en las mismas circunstancias que ellos sufrieron hace menos de veinte años, es realmente confuso. No puedo comprenderlo.
No puedo evitar volver una y otra vez a la pequeña temporada en la que trabajé con personas refugiadas. Era 1999, en plena guerra de Kosovo.  Los niños jugaban entre ellos sin tener en cuenta sus nacionalidades, sus creencias o su color de piel. Niños bosnios, kosovares, turcos, congoleses, albaneses,... Daba igual. Esos niños que ahora serán adultos probablemente piensen como yo, y se pregunten lo mismo que yo ¿No hemos aprendido nada? No existe una "crisis de refugiados", ni "un problema migratorio", hay una guerra despiadada que dura cinco años y que nadie tiene verdadera intención de acabar... Hay guerra en Siria, pero también en Irak, en Afganistán, en Yemen, en Sudán,... No está en auge la paz, sino la guerra. No, no hemos aprendido nada.
¿La palabra más hermosa? No me decido. Elijo dos: Paz y Amor. ¿Pueden convivir una sin la otra? ¿Puede mantenerse la Paz sin el Amor entre seres humanos? He recordado un poema...
Paz para los crepúsculos que vienen, Pablo Neruda.

PAZ para los crepúsculos que vienen,
paz para el puente, paz para el vino,
paz para las letras que me buscan
y que en mi sangre suben enredando
el viejo canto con tierra y amores,
paz para la ciudad en la mañana
cuando despierta el pan...
(...)

 Paz para el panadero y sus amores
y paz para la harina: paz
para todo el trigo que debe nacer,
para todo el amor que buscará follaje,
paz para todos los que viven: paz
para todas las tierras y las aguas.

Yo aquí me despido, vuelvo
a mi casa, en mis sueños,
vuelvo a la Patagonia en donde
el viento golpea los establos
y salpica hielo el Océano.
Soy nada más que un poeta: os amo a todos,
ando errante por el mundo que amo:
en mi patria encarcelan mineros
y los soldados mandan a los jueces.
Pero yo amo hasta las raíces
de mi pequeño país frío.
Si tuviera que morir mil veces
allí quiero morir:
si tuviera que nacer mil veces
allí quiero nacer,
cerca de la araucaria salvaje,
del vendaval del viento sur,
de las campanas recién compradas.
Que nadie piense en mí.
Pensemos en toda la tierra,
golpeando con amor en la mesa.
No quiero que vuelva la sangre
a empapar el pan, los frijoles,
la música: quiero que venga
conmigo el minero, la niña,
el abogado, el marinero,
el fabricante de muñecas,
que entremos al cine y salgamos
a beber el vino más rojo.

Yo no vengo a resolver nada.

Yo vine aquí para cantar
y para que cantes conmigo.

domingo, 13 de diciembre de 2015

De certezas y sentido.





El hambre, la humillación y la sorda cólera ante la injusticia se hacen tolerables a través de las imágenes entrañables de las personas amadas, de la religión, de un tenaz sentido del humor, e incluso  de un vislumbrar la belleza estimulante de la naturaleza: un árbol, una puesta de sol.
Gordon W. Allport (Prefacio de "El hombre en busca de sentido", V. Frankl).



Estaban ahí, siempre han estado, pero los doce meses que terminan han hecho que esas certezas tomen más fuerza. Certezas, belleza, sentido, cine y literatura, de eso tratan las siguientes palabras.

#1. Si nos habláramos como hablamos a un ser querido, seríamos mucho más felices.

         


"¡Sé feliz!", le dije a amigo Álvaro cuando le despedía en la estación tras un reencuentro después de unos siete u ocho años. Nada más pronunciarlo, me quedé pensando en ello. Últimamente no era la primera vez que lo pensaba o alguien me lo decía. Somos nuestro peor enemigo... Hace poco mientras me caía "tontamente" me dio tiempo a pensar: "¡Seré imbécil!¡Me voy a matar yo sola!". Ver el vídeo que os dejo cerró el círculo de la primera certeza. Si nos amáramos más y mejor a nosotros mismos, si nos habláramos como lo hacemos a las personas que queremos cuando pretendemos ayudarles: llenos de cariño, ternura, amor y comprensión... Seríamos más felices. Vamos a amarnos.

#2. La belleza reside en los ojos que miran.





Esta escena, perteneciente a la película "La Gran Belleza", es una de las que más me han conmovido en los últimos tiempos. Una película exquisita que remueve el alma mientras observamos el transcurrir de la vida del protagonista, un ser frustrado ante la búsqueda del sentido de su existencia, de la búsqueda de la gran belleza, que se le escapa entre los dedos.

Ser capaces de vislumbrar la belleza de las personas, de las cosas, de la vida, depende de nosotros. No hay nada bello o hermoso, si no tenemos los ojos apropiados. Un poema de Herman Hesse, nos lo confirma:

La otra mitad depende de ti.

La mitad de la belleza depende del paisaje,
y la otra mitad de la persona que la mira.
Los más brillantes amaneceres;
los más románticos atardeceres;
los paraísos mas increíbles;
se pueden encontrar siempre en el rostro de las personas queridas.
Cuando no hay lagos más claros y profundos que sus ojos;
Cuando no hay grutas de las maravillas comparables con su boca;
Cuando no hay lluvia que supere a su llanto;
Ni sol que brille más que su sonrisa.
La belleza no hace feliz al que la posee;
sino a quien puede amarla y adorarla;
Por eso es tan lindo mirarse cuando esos rostros se convierten en nuestros paisajes favoritos.

Encontrar la belleza de las cosas en nuestra vida cotidiana debería ser un objetivo diario, estremecerse con un amanecer, con una palabra bonita (incluso de un desconocido), con una canción,... Emocionarnos con lo que la vida nos aporta, con eso, ya debería valer la pena.

#3. No puedo vivir sin literatura, sin poesía, sin palabras.

"Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros". J.L. Borges.

Yo tampoco. Las palabras me han consolado, apoyado y acompañado a lo largo de todo este año. He acudido a ellas en busca de recogimiento, sosiego y calma. Desde los libros sus autores me han hablado, enseñado, emocionado  y sacudido.  He adquirido el hábito de escribir en un intento (vano la mayoría de las veces) de expresar mis propias emociones y sentimientos, mis miedos y esperanzas... Y ya no puedo vivir sin ello.

La poesía ha sido probablemente mi gran descubrimiento del año (como comentaba en una entrada anterior). Pinceladas, gotitas de emoción. Os dejo un fragmento de uno de los poemas que me han conmovido en estos últimos meses.

Miedo. R. Carver.
(...)
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día acabe con una nota infeliz.
Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que yo amo resulte letal para los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado.
Miedo a la muerte.
Ya he dicho eso.

#4. La importancia del camino menos transitado.

El camino no elegido. R. Frost.
(...)
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo la diferencia.

Seguramente este poema sea uno de los que más me han impactado en la vida. "Yo tomé el menos transitado, y eso hizo la diferencia...". Dos frases que intento repetir como un mantra cuando tengo que tomar una decisión y sacudirme el miedo. Lo había perdido de vista, pero desde que un amigo lo colgó en su página de Facebook vuelve a acompañarme, sin descolgarse de mi mochila. "Yo tomé el menos transitado, y eso hizo la diferencia...". Pensar diferente, leer lo que no lee la mayoría, ser asertivo, no tener miedo a salir de los caminos marcados, buscar para encontrar... Eso marca la diferencia. Nunca es tarde.

#5. El sentido de la vida, la búsqueda del amor.

Aún no he leído "El hombre en busca de sentido", no lo he leído de la forma usual, pero mi libro de segunda mano tiene la virtud de estar subrayado por una lectora anterior y de vez en cuando lo cojo y descubro un párrafo para cerrar el círculo de esta última certeza. Frankl describe su vida en un campo de concentración a la vez que muestra sus pensamientos sobre el sentido de la vida. Por favor, acompañadme leyendo estas palabras:

"Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros (...) de vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. (...) La veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. (...) Por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas (...). La verdad de que el amor es la meta última y más alta a la que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprehendí el significado del mayor de los secretos (...): la salvación del hombre está en el amor y a través del amor."

Frankl me apoya en el pensamiento que ha estado presente con mucha fuerza este año. Todos los caminos, todos las reflexiones, todos los libros y relatos, todos los cómos y porqués, absolutamente todo confluye en el mismo punto: La búsqueda y el disfrute del amor como camino y fin último de nuestra vida. No sólo el amor de pareja, sino el amor en su más amplio sentido, el amor al prójimo, a otro ser humano por el mero hecho de serlo, el amor a lo que nos rodea, el amor a la vida.
Sin amor, nada tiene sentido


                                               

En dieciocho días acabará este año que no ha sido fácil, pero apuesto por olvidar lo malo y quedarme con lo bueno, con todo lo aprendido, lo disfrutado, lo amado... Me quedo con los que me habéis acompañado, querido y comprendido. Me quedo con los que me habéis permitido formar parte de vuestras vidas. Me quedo con mi familia, mi hija, y mi amor, siempre conmigo. Me quedo con mis amigos, los que están siempre a mi lado, cerca o lejos, y con los nuevos, personas que se están convirtiendo en importantes para mí, bendiciones del camino.


Me quedo con lo bello de la vida.


Deseo que no os falte el disfrute de la belleza, que os améis por encima de todas las cosas, que siempre tengáis algo nuevo que aprender, que transitéis caminos por descubrir, y que nunca os falte el amor. Os envío el mío.

Gracias por estar ahí, gracias por vuestro tiempo, gracias por leerme.