"La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original".
Albert Einstein.
Y es que este comienzo de año se ha caracterizado por el descubrimiento de nuevos autores y, junto a ellos, nuevas historias, ideas e incluso "mundos". De vez en cuando es "sanador" adentrarse en realidades que no conoceríamos si no nos animáramos a leer a ciertos escritores que, en principio, pueden darnos un poco de reparo. Y cuando digo lo de "sanador" lo digo porque quedarnos en nuestra "zona de confort" literaria a veces puede resultar limitante e incluso empequeñecernos culturalmente hablando. ¡Allá vamos!
Margaret Atwood. "El cuento de la criada" y "La semilla de la bruja".
De Margaret Atwood (Canadá, 1939) había oído hablar bastante, pero gracias a que Bookish me sorprendió con "La semilla de la bruja" empecé a descubrirla. Después llegó mi querida Tania recomendándome fervientemente "El cuento de la criada" y pasó lo que tenía que pasar... Una corriente de gran admiración se creó entre esta lectora y la autora canadiense (unidireccional, evidentemente 😉).
"La semilla de la bruja" es una novedad de enero de 2018, así que está calentito, calentito. Esta autora me ha sorprendido por sus títulos, ya que teniéndolos en cuenta no puedes imaginarte ni por un momento de qué va el libro. Tanto en uno como en otro me ha pasado lo mismo, por ello no os voy a revelar de qué tratan y así el disfrute será mayor. Si que os diré que, sobre todo "El cuento de la criada", me ha dejado estupefacta y es digno de la fama que le precede...Y aquí lo dejo para no desvelaros nada; para quién ya lo haya leído me encantaría conocer sus impresiones.
Chinua Achebe. "Todo se desmorona".
La forma en la que conocí a este autor es un tanto curiosa. Incluí a Achebe y a su obra más representativa en mi primer relato largo titulado "Cucarachas" (no, no lo busquéis, cuando lo publique alguna gran editorial os avisaré 😆). Quería que el protagonista, mi querido Dani, un intelectual sin techo, tuviera en la mano una obra que le hiciera parecer más cultivado e inusual que los demás. Por otra parte, dado su recorrido vital, "Todo se desmorona" me parecía un título perfecto. Escribí ese relato en 2015 pero solo ha sido ahora cuando me he atrevido a hincarle el diente.
Para quien no conozca a Chinua Achebe (Nigeria, 1930 - USA, 2013) dicen de él que es el padre de la literatura africana tal y como la conocemos actualmente. Su obra "Todo se desmorona" es el libro más leído en la literatura africana moderna. Si os pica la curiosidad y queréis saber más sobre él aquí os dejo un artículo.
"Todo se desmorona" es una puerta a una historia que no nos han contado en esta parte del mundo. O, mejor dicho, no nos la han contado desde el punto de vista del pueblo africano. La podemos conocer desde nuestra visión occidental, por lo que leer este libro es ponerse al otro lado y aprender un poco sobre una cultura que nos puede resulta "extraña", "mágica", pero que al final es la historia de seres humanos como nosotros en la que podemos encontrar muchos puntos en común: la búsqueda de la serenidad en la vida, del bienestar de la familia, la necesidad de prosperar... Las personas no somos tan diferentes los unos de los otros, y para mí, este libro nos lo vuelve a demostrar con la historia de Okonkwo.
Achebe era uno de esos autores que me daban un poco de "reparo", como decía al principio, pero después de tener en las manos una joya en papel como "Todo se desmorona", se ha convertido en un autor imprescindible para mí, al igual que una de sus compatriotas y discípulas: Chimamanda Ngozi Adichie, de la que os recomiendo hasta la saciedad "La flor púrpura".
J.M. Coetzee. "Desgracia".
No sé si será pecado que los que nos consideramos "grandes lectores" tardemos en leer a algunos de los grandes escritores de nuestra época. Si es por "vértigo", como me pasaba a mí con Coetzee, debería considerarse como tal (😅).
Coetzee (he aprendido que se pronuncia "Catzi", más o menos) estaba en mi lista de autores pendientes gracias a mi amiga Mencha. Tenía que caer en sus redes antes o después, pero los Premios Nobel me suelen dar vértigo, miedito,... "Y si me aburro como una ostra", "y si no les entiendo", pero no ha ocurrido nada de eso. Debo confesar que no he terminado de leer "Desgracia" pero como me lo estoy tomando a grandes dosis, seguramente lo acabe entre hoy y mañana (lo empecé el domingo en el parque mientras mi amores jugaban al fútbol), así que para qué esperar si sé que me ha calado en las venas y en las arterias y mi corazón bombea más rápido cuando lo tengo entre mis manos.
A John Maxwell Coetzee (Sudáfrica, 1940) se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 2003 por "su brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana", y la verdad es que en "Desgracia" lo demuestra de una forma impecable. Así pues, otro autor que se queda pegado en mi piel.
Y un diario.
Mi diario. Este fin de semana encontré mi primer diario de cuando tenía once años. Y ha sido una grata experiencia reencontrarme con mi "yo" de hace justamente tres décadas. Releer los pensamientos y reflexiones de una María adolescente es divertido, emocionante, y sumamente reconfortante. Observo como, en el fondo, no he cambiado tanto. Mis valores e ideales estaban ahí impregnados: mi amor por mi familia, por mis amigos, mis intereses en los libros y en... los New Kids On The Block, jajaja. (Alguna que otra se reirá leyendo esto).
Si incluyo la experiencia que ha supuesto releer mi diario adolescente, es porque me ha permitido reflexionar sobre el paso del tiempo y la utilidad de la escritura. Me veo a mí misma escribiendo en ese diario como quien le confiesa a una amiga sus pensamientos más íntimos... En alguna ocasión escribía sobre cómo me imaginaba mi vida cuando tuviera cuarenta años... ¡Es fantástico! Y veo que, a pesar de los problemas que la misma vida trae consigo, no lo he hecho mal del todo.
Es maravilloso poder reencontrarme con mi "yo" en diferentes etapas de la vida, y eso me lo ha permitido la escritura: los diarios que he conservado sobre la vida cotidiana, mis cuadernos de viaje, las cartas que recibía de mis amigos y familia... Además, espero que mi hija, cuando sea una mujer adulta, también los valore, para que a través de ellos pueda comprenderme y entender mejor la existencia que nos ha tocado vivir. Como decía al principio, quizás para ella puedan suponer la puerta a otras "historias"...
Gracias por leerme, querid@ amig@.
Dedicado con todo mi amor a mi hija.
