Behrouz Boochani.
(Desconozco al autor/a).
«La literatura puede provocar el cambio, desafiar a las estructuras de poder y hacernos más libres. Las palabras son más poderosas que las vallas de la prisión».
Behrouz Boochani.
Una vez conocí a una familia kurda irakí. Hace ya muchos años (unos 22) cuando trabajaba como voluntaria en el centro de acogida de demandantes de asilo en Francia (lo sé, lo he contado muchas veces). Recuerdo que el padre de familia nos imponía mucho. Era militar en su país y tenía tal chorro de voz que los primeros días tras su llegada, mientras esperábamos a que el traductor nos tradujera lo que decía, se nos encogían las tripas si nos señalaba o pronunciaba nuestro nombre; ahora me rio porque una de las veces en las que mi nombre salió de su boca era para invitarme a mí y a mis compañeros a una fiesta de cumpleaños. Al poco tiempo descubrimos su gran creatividad organizando juegos para sus tres hijos y los demás niños que vivían en el centro y, sobre todo, su gran afán para proteger a su familia y encontrar una vida mejor, libre y donde fueran respetados sus derechos. Ellos lo lograron.
Después de tantos años y tantos conflictos sobre la faz de la Tierra podríamos pensar que deberíamos haber evolucionado como humanidad y sociedad, que, como seres humanos inteligentes, a parte de mejorar en número de aplicaciones y redes sociales, deberíamos ser capaces de proteger los derechos de todos los individuos, de resolver los conflictos de manera diplomática, de vivir en sintonía entre culturas y con nuestro planeta. Sí, soy consciente: "I have a dream".
Behrouz Boochani tuvo que escapar en 2013 de Irán por temor a ser encarcelado como sus compañeros por su actividad periodística y la defensa de la cultura e identidad kurda. En busca de una vida en libertad puso rumbo a Australia. No sin penalidades, logró alcanzar el mar hacia a aquel país en un barco que finalmente naufragó; rescatado por las autoridades acabó encarcelado sin cargos por cuenta de una política migratoria que él mismo califica de fascista.
Boochani pasó seis años privado de libertad y de cualquier derecho fundamental en la prisión (otros términos eufemísticos no tienen cabida aquí) en la isla de Manus junto con muchos otros hombres en su misma situación. Australia rompió así con cualquier tratado y/o convención en defensa de los derechos y libertades de las personas. En su libro relata las vivencias, las penalidades, la deshumanización a la que eran sometidos, con un lenguaje cargado de emoción pasando de la prosa al poema, de la realidad a la ensoñación, de la introspección al relato objetivo de unos hechos vergonzosos y crueles.
«La sublevación de Behrouz Boochani tomó otra forma. Lo único que sus carceleros no podían destruir en él era su fe en las palabras: su belleza, su necesidad, su posibilidad, su fuerza liberadora».
Richard Flanagan.
En ese contexto, Behrouz consiguió, no sin una gigantesca dificultad, escribir Sin más amigos que las montañas (No friend but the mountains, 2018) a través de miles de mensajes de WhatsApp y sms enviados a su traductor y otros amigos. Este es un libro que tod@s deberíamos leer para conocer lo que pasó y pasa en estas islas lejanas y tomar parte en ello, porque no podemos leerlo y quedar impasibles.
Su lectura me ha recordado mucho a uno de mis libros favoritos: El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. Behrouz también busca el sentido a su situación, busca la soledad para reflexionar, para trasladarse con sus pensamientos a otros momentos de su vida y volar a sus montañas...
«Soy un águila.
Vuelo sobre las tierras de las montañas.
Ningún océano a la vista.
La presencia de mi madre.
Ella siempre está presente».
«¿Tienen los kurdos más amigos que las montañas?».
Para mí ha sido imposible evitar las comparaciones entre la situación de Frankl y Boochani; quizás a alguien pueda parecerle exagerado, pero, salvando algunas distancias, tienen demasiadas similitudes para separarles más de setenta años: ambos privados de su libertad por su origen, reducidos a un número, sin posibilidad de defensa, sin opción de cubrir sus necesidades básicas, en ambientes absolutamente insalubres, bajo políticas que querían aniquilar su identidad y equipararles a una piedra sin alma. Ambos, y muchos más, se revelaron contra ello con su actitud, con las palabras, con su búsqueda de la belleza...
«Me he convencido de que lo que haya de ser, será, y ahora soy lo suficientemente fuerte para aceptar lo que venga. (...) No puedo sino aceptar la realidad».
(Foto CBC)
«Al menos me alegro de que mi nueva habitación esté cerca de las vallas que están frente a la jungla, y de que haya un pequeño jardín con flores de colores típicas de la zona tropical a pocos metros detrás de mi habitación; compensan la violencia de la prisión».
Boochani con su libro ha querido dejar testimonio de su experiencia, ha querido que a través de las palabras sepamos los horrores de la tortura sistemática del sistema de detención. Este es su objetivo principal. Sin embargo, en mi opinión, este libro es mucho más: es un grito al absurdo de las fronteras, de la intolerancia, y también una alabanza y muestra de respeto a las personas que no permiten que se les exprima la esencia humana en medio del entorno más atroz, que siguen siendo bondadosos y generosos, que alegran a los demás y son creativos y valientes... Que no permiten ser destruidos.
«"Humanos que cuidan de los humanos, y no humanos que se enfrentan a humanos". Os invito a saludar esta buena nueva».
«No obstante la mente tiene el poder de abandonar la prisión e imaginar el frescor de la sombra de un grupo de árboles del otro lado de las vallas. Hasta se puede sentir la agradable y fresca temperatura».
También, para mí, es un ejemplo de cómo enfrentar lo que la vida nos depara, un ejemplo de fortaleza mental, de actitud ante la tragedia y lo que no podemos cambiar. Una muestra de vida con sentido en medio del sinsentido. Es difícil expresar mi agradecimiento y admiración por ello.
En 2019 Boochani recibió el Premio Literario Premier de Victoria, el de mayor dotación en Australia (¡viva la ironía!), premio que no pudo recoger puesto que aún se encontraba en Manus esperando a que su situación se solucionara, a pesar de que la prisión había sido clausurada en 2017.
En 2020 Nueva Zelanda reconoció como refugiado a Boochani, siete años después de su salida de Irán.
Agradezco profundamente a Behrouz Boochani su ejemplo de vida y su valentía haciéndonos llegar su testimonio; las palabras tienen el poder de cambiar las cosas, las mentalidades, de hacer este mundo un poquito más tolerante. Historias así son las que debemos difundir, no historias de odio, de discriminación. Debemos ser «humanos cuidando de humanos».
Gracias a la editorial Rayo Verde que con gran esfuerzo publicó en septiembre de 2020 este libro en castellano a través de un proyecto de micromecenazgo (gracias a todos los mecenas, por supuesto).
Al final os dejo enlaces de entrevistas y más información sobre Behrouz y lo que ocurrió en Manus y en otras islas. Os agradezco mucho haber llegado hasta aquí. Leed este libro, reflexionad conmigo y luchemos, como cada uno pueda, por los derechos de los refugiados y la igualdad de las personas en todo el mundo. Gracias. 💗
«La vida siempre es mucho más que la guerra (...).
Para mí, la vida siempre emerge de la devastación.
Para mí, la vida siempre emerge de las bellezas escondidas en la devastación (...).
La vida queda expuesta como un libro abierto (...).
El destino se limita a seguir adelante como un latido; la luz del mundo aparece como un milagro, como una explosión que al final se enfría».
PARA AMPLIAR INFORMACIÓN:
* Boochani TEDx Sydney. Conferencia «Escribir es un acto de resistencia». En inglés.
* Boochani libre. Vídeo en inglés.
* Discurso al recibir el premio. En inglés.
* Una gran reseña:
* Más información:


¡Muy interesante! Sin duda las palabras son poderosas... lástima que a veces nos cueste tanto encontrarlas y alzar la voz para pronunciarlas!
ResponderEliminar¡Mil gracias, Mar! Estoy de acuerdo contigo. La contraposición es la sordera de muchos ,las almas llenas de odio y las vidas vacías de sentido. Pero nosotras estamos al otro lado, en el lado de los que usan las palabras para defender un mundo mejor. Gracias por leerme. Un abrazo fuerte.
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