![]() |
| Foto de María Morales. |
«No es cuestión de saber, sino de amar. Yo nada sé y nada puedo demostrar, pero amo».
Aún no se lo he dicho a mi jardín, Pia Pera.
Pia Pera se rodea de su jardín, de sus amigos y de sus libros para adentrarse en el camino hacia la muerte, el último camino. Cuando llegue ese inevitable momento para mí, me gustaría que este libro me acompañase.
Pia nos regala de forma póstuma sus pensamientos y reflexiones al darse cuenta de que sufre una enfermedad incapacitante y terminal a una edad prematura. Y digo nos regala porque nos invita a reflexionar con ella a través de este canto de amor a la belleza de lo que nos rodea escrito de una forma terriblemente conmovedora y hermosa. Es un auténtico regalo.
«Cuántos tesoros descubrimos al quedarnos quietos, inactivos, atentos a lo que sucede a nuestro alrededor. (...) Qué bonito es sentir que formamos parte, una ínfima parte, del mundo; y mirar sin más, y entrever el carmín de las dalias (...), mientras una leve brisa nos sopla la cara la semilla plumosa de la alta margarita, entre el lirio y la euforbia, que nadie cortó».
Siempre me ha aterrado la muerte. Quiero decir, me ha paralizado un solo pensamiento sobre ella. Para una persona con hipocondría como yo (y puede llegar a sonar gracioso, pero solo los que la sufrimos sabemos el terror que supone enfrentarse a una prueba médica o a un leve síntoma en ciertos momentos de la vida o simplemente escuchar que a alguien le han diagnosticado una enfermedad; irracional, agotador) tener delante las páginas de un libro que habla de una enfermedad sigilosa y del fin inminente puede ser inimaginable, sin embargo, su lectura ha sido un viaje emocionante, sereno y esclarecedor.
Pia nos cuenta cómo se va dando cuenta de que la enfermedad (esclerosis lateral amiotrófica) avanza y se debate entre la lucha por encontrar respuestas y tratamientos, y el deseo de vivir una existencia tranquila y apacible rodeada de su jardín, un jardín que es involuntario coprotagonista de esta historia. Pia se pregunta qué pasará con él cuando ella ya no pueda cuidarlo, igual que qué pasa con los seres que queremos cuando dejamos de respirar.
«Quizá, cuando se trata de morir, el jardinero deja de ser jardinero. El escritor deja de ser escritor. Quizá, cuando se trata de morir, tomamos conciencia de que somos indefinidos. (...) Indefinido, inmerso en el infinito, parte del infinito. ¿Cómo era? ¿La gota que vuelve a unirse con el océano? Una gota harto reacia a perder su envoltorio».
Este no es un libro de heroicidades, aunque su sinceridad, en este mundo plagado de falsedad, es ya de por sí heroica; Pia se muestra humilde y temerosa ante lo que le ocurre, deja filtrarse entre sus palabras sus debilidades y miedos. Se muestra preocupada por lo que dejó de disfrutar, por lo que no hizo en base a ideas que tilda de ingenuas; sin embargo, llega a la certeza de que nada de eso importa, ya no importa lo que es imposible cambiar. Solo importa la vida y la belleza que puede disfrutar en ese momento. La escritora y jardinera nunca perdió la esperanza de una cura, buscando en todos los rincones del planeta la voz y la posibilidad que le dieran la opción de vivir un poco más, de dejar atrás la enfermedad que estaba debilitando todas sus facultades.
«Ya no soy la jardinera. (...) Empiezo a parecerme cada vez más a una planta de la que hay que cuidar; me convierto en hermana de todo lo que vive en el jardín, en parte de esta materia ilimitada cuyos límites y profundidades ignoro».
Qué hermoso pensamiento. Llegar al final de tu vida y sentir que te confundes con lo que más has amado. Quizás un consuelo, quizás una ilusión, quizás la mayor de las certezas.
Pia se rodea de sus flores, de la brisa olorosa de su jardín, de sus seres queridos, de su perro y de la literatura. Ella lee y relee a sus autores favoritos encontrando palabras que la hacen reflexionar y nos invita a hacerlo con ella, como con este poema de Vita Sackville-West, Abril:
Prefiero confiar y creer
a cavarme una tumba en vida.
Aunque he de morir, lo único que sé
es que seguiré cantando con pasión y con fe,
que creeré en abril mientras viva.
Yo creeré en la primavera.
Hace un año María se nos iba. María, que amaba la literatura, nos narraba con su propia voz cómo se iba acercando a su fin. Escucharla fue una de las experiencias más hermosamente dolorosas que he podido vivir. Ella (siempre alegre, serena, luchadora, amiga) enfrentó sus últimos días como mensajera de su amor por la vida. Cuando falleció, ya en el mes de julio, su cuñado me dijo algo así: «Se ha marchado dejándonos a todos llenos de paz, plenos». No he podido evitar leer este libro pensando en ella. Ella, siempre valiente, ya en cama me animaba ante (ahora lo sé) mis pequeños desafíos, me decía que nada importaba salvo las personas a las que amas, ese amor que a veces se nos olvida, pero que es lo único que merece la pena. Sé que María, que también escribía, hubiera disfrutado mucho con la emoción y la verdad que desprenden las palabras de Pia.
![]() |
| El jardín de Pia./ Errata Naturae. |
Pia nos dejó el 16 de julio de 2016; desconozco cómo fue finalmente su fallecimiento, ella que también reflexionó sobre el suicidio, pero es lo de menos; lo de más es que su generosidad hizo que pudiéramos leer este libro que permanecerá, quizás, como faro que nos alumbre y nos haga girar la mirada, porque este libro habla de muerte, de enfermedad, y sufrimiento, pero Pia de lo que más habla es de belleza, como la que ella construyó en Aún no se lo he dicho a mi jardín.
Aún no se lo he dicho a mi jardín,
por miedo a que se apoderé de mí.
Aún no me veo con la fuerza
de confesárselo a la Abeja.
Prefiero no hablarlo por la calle,
para evitar la mirada de los escaparates:
¿cómo tiene la desfachatez de morir
alguien tan tímida, tan ignorante?
No pueden enterarse las colinas
por las que tanto deambulé,
tampoco los amados bosques,
del día que me iré.
No lo susurraré en la mesa,
ni dejaré caer, como si nada,
que alguien en el Misterio
se adentrará esta mañana.
Emily Dickinson. Poema nº 50.
Gracias por leerme.
A mis Marías.
.jpg)

Fuaaaa!!! Bravo!!! Me ha encantado, Mery!!!
ResponderEliminarQue destaques las virtudes y riquezas de ese emotivo libro (con tu destreza habitual) no es sorpresivo ni creo que sea la clave de tu post. La clave está en lo que pones de ti para complementarlo y ponerlo en órbita, la relación con tus miedos y la relación con el fallecimiento de tu amiga María, de cómo lo viviste, de cómo lo revives después de leer este libro.
Un ejemplo más de cómo la literatura puede cambiarnos la vida...
Felicidades!!
Muchas gracias por leerme y comentar. Este libro es una joya inspiradora; no solo inspira a escribir sobre él, sino que también inspira a vivir una vida con sentido, una vida plena, una vida en la que sepamos ver la belleza de las cosas sencillas. Te gustará. Un beso muy grande.
Eliminar