«Tal vez las palabras sean lo único que existe en el enorme vacío de los siglos. (...) Yo misma me he recetado veinte minutos diarios frente al mar».
Te llamaré Tristeza, Miguel Sánchez Robles.
Mis palabras son puras conjeturas.
¿Cómo contaremos nuestra vida cuando lleguen sus últimos momentos? ¿Qué instantes resaltaremos y cómo los veremos cuando entendamos que es el final? Quizás los rescataremos como peces en un lago, como flores en un prado recogidas para crear un extraño ramo, como retazos de un cuento con las páginas rotas. Los contaremos sin orden cronológico, solo recobrados por la emoción que surgió, por lo felices que nos hicieron, por lo que aprendimos, por lo que nos marcó. Quizás, solo quizás, así nos ha contado Tristeza su historia: a pedazos, a emoción, a golpe de vida recordada.
«Entonces me acuerdo de estas palabras que subrayé en un libro: "Hay montones de gente ciega en el mundo. Te casarás con un amable ciego algún día"».«Leer a Cioran hace que me guste más la vida. Hace que me dé cuenta de la poesía que hay a veces en este mundo hipócrita y absurdo en el que me ha tocado vivir».
En los días en los que he leído este libro alrededor de 37 personas morían a manos de los que les tenían que proteger en Melilla, seres humanos que querían escapar de la guerra y del hambre; en San Antonio, Texas, 53 personas morían asfixiadas en un tráiler con el que buscaban un futuro mejor. En la semana que ha trascurrido durante su lectura seguramente 77 personas habrán logrado su final debido a la primera causa de muerte no natural en nuestro país: el suicidio. Mientras leía esta obra de arte he pensado muchas veces si Tristeza era un personaje metafórico, si era posible que representase la pesadumbre que nos asola a muchos ante las injusticias y las barbaries que se cometen en nuestro mundo. Tristeza sufre de una serena lucidez con la que analiza lo que ocurre en su vida y a su alrededor y se hace (y nos hace) conscientes de la hipocresía imperante, de lo perdido que está este mundo.
«Mamá sabe que si no existiesen los libros, yo no podría vivir o no sabría vivir o no querría vivir, por eso me mira ahí tan preocupada».«Me he salvado de algo leyendo todo eso y, cuando abro un libro, siento siempre esa gratitud que me ayuda a soportar la existencia y a soportarme a mí misma».«Me gusta leer, caer por ese precipicio de lo terrible y de la verdad. Creo que no he hecho otra cosa en mi vida».«Los libros consiguen que mi alma esté más tranquila y más llena, y las palabras que subrayo en ellos son las miguitas de pan que sirven para no perderme en el mundo».
De las cosas más «absurdas» que he hecho en mi vida como lectora ha sido subrayar y marcar este libro, porque habría que subrayarlo entero, palabra por palabra. Su narración es preciosa, hermosa, poética... Tristeza desprende amor y pasión por los libros, una pasión que solo entendemos los que la sufrimos. Yo misma no entendería mi vida sin libros, yo misma podría decir que si no existiesen los libros no podría vivir; también podría contar que me he salvado de algo leyendo, de muchas cosas, los libros me han tendido la mano en los momentos más oscuros; los libros me sanan, me calman, me llenan y las palabras de Te llamaré Tristeza serán miguitas que me sirvan para no perderme en el mundo.
Tristeza podríamos ser cualquiera, pero no cualquiera se expresa como ella, vive como ella, siente como ella. Experimenta el alcoholismo de su padre, la pobreza, la enfermedad de su madre, su caída al infierno de la prostitución, el amor y la vida tranquila y disfrutada, la pérdida, la injusticia de los otros, el dolor por el sufrimiento del mundo. Y, sin embargo, es capaz de buscar un ángel, de rescatar la belleza de lo pequeño, de lo cotidiano, de las palabras, y del mar infinito...
«Esa mañana el mar no tiene arrugas. Está liso y calmado. He venido sola y lo miro tratando de entenderlo. Creo que el mar hay que entenderlo como si fuese un libro o un misterio».
«La mayoría está hechizada por el optimismo del mar y lo mira como quien se sube a una montaña para tratar de atisbar ese otro mar y esa otra tierra que hay más allá de todos nuestros sueños».
![]() |
| 1 de enero de 2021. Matalascañas, Huelva. |
En mi opinión esta obra es un «templo» en el que adentrarnos y reflexionar sobre la existencia que llevamos, sobre las cualidades del mundo en el que vivimos y sobre la belleza de la literatura que nos sacude, que nos emociona y que nos cala. Es un libro para leer y releer y dejar que nos ahogue en su océano de verdad y honestidad.
«¿Quién narra?¿Es Dios quien narra todo esto?¿Quién narra las estrellas? ¿Quién narra los desiertos?¿Quién cojones narra? Ahí estoy respondiendo que todos los libros están escritos por una misma mano, que en realidad los libros buenos, esenciales, no los escriben los hombres, sino que están dictados por una voz sublime que es de verdad quien narra».
No sé si Dios o un ángel le han susurrado al oído las palabras de este libro a su autor, aunque no importa, está al alcance de muy pocos escribir algo así. Y me digo que debería dejar de reproducir sus fragmentos porque no pararía; mejor te invito, lector/a, a que leas a Miguel Sánchez Robles, no lo dejes para otro día, no habrás leído nunca nada que se le parezca.
Mis palabras han sido puras hipótesis desprendidas de lo que su lectura me ha provocado; no sé si el autor quería transmitir algo similar a lo que yo he querido dejar aquí plasmado, ojalá que sí. Seguramente su lectura te provoque otras cosas, los libros tienen tantas lecturas como lectores, y eso es lo que hace mágico el acto de leer.
«Son libros llenos de intensidad y pensamientos. Llenos de abismo para descansar del vacío. (...) Creo que no me interesan las ideas pequeñas. Y que la literatura honda y esencial me da un placer que me acerca mucho a la claridad de los misterios».
Agradezco profundamente a Miguel esta literatura honda y esencial, una obra que debe ser eterna.
Ahora, Cioran.
PD. Esta obra ha sido galardonada con el XXIV Premio Tiflos de Novela convocado por la ONCE.



Gracias por tu reseña, anotado!! Magnifica como siempre María.
ResponderEliminar