viernes, 10 de junio de 2022

Pia Pera: un canto de luz en la oscuridad de la muerte

Foto de María Morales.


«No es cuestión de saber, sino de amar. Yo nada sé y nada puedo demostrar, pero amo».
Aún no se lo he dicho a mi jardín, Pia Pera.

Pia Pera se rodea de su jardín, de sus amigos y de sus libros para adentrarse en el camino hacia la muerte, el último camino. Cuando llegue ese inevitable momento para mí, me gustaría que este libro me acompañase. 

Pia nos regala de forma póstuma sus pensamientos y reflexiones al darse cuenta de que sufre una enfermedad incapacitante y terminal a una edad prematura. Y digo nos regala porque nos invita a reflexionar con ella a través de este canto de amor a la belleza de lo que nos rodea escrito de una forma terriblemente conmovedora y hermosa. Es un auténtico regalo. 

«Cuántos tesoros descubrimos al quedarnos quietos, inactivos, atentos a lo que sucede a nuestro alrededor. (...) Qué bonito es sentir que formamos parte, una ínfima parte, del mundo; y mirar sin más, y entrever el carmín de las dalias (...), mientras una leve brisa nos sopla la cara la semilla plumosa de la alta margarita, entre el lirio y la euforbia, que nadie cortó».

Siempre me ha aterrado la muerte. Quiero decir, me ha paralizado un solo pensamiento sobre ella. Para una persona con hipocondría como yo (y puede llegar a sonar gracioso, pero solo los que la sufrimos sabemos el terror que supone enfrentarse a una prueba médica o a un leve síntoma en ciertos momentos de la vida o simplemente escuchar que a alguien le han diagnosticado una enfermedad; irracional, agotador) tener delante las páginas de un libro que habla de una enfermedad sigilosa y del fin inminente puede ser inimaginable, sin embargo, su lectura ha sido un viaje emocionante, sereno y esclarecedor.

Pia nos cuenta cómo se va dando cuenta de que la enfermedad (esclerosis lateral amiotrófica) avanza  y se debate entre la lucha por encontrar respuestas y tratamientos, y el deseo de vivir una existencia tranquila y apacible rodeada de su jardín, un jardín que es involuntario coprotagonista de esta historia. Pia se pregunta qué pasará con él cuando ella ya no pueda cuidarlo, igual que qué pasa con los seres que queremos cuando dejamos de respirar.

«Quizá, cuando se trata de morir, el jardinero deja de ser jardinero. El escritor deja de ser escritor. Quizá, cuando se trata de morir, tomamos conciencia de que somos indefinidos. (...) Indefinido, inmerso en el infinito, parte del infinito. ¿Cómo era? ¿La gota que vuelve a unirse con el océano? Una gota harto reacia a perder su envoltorio».

Este no es un libro de heroicidades, aunque su sinceridad, en este mundo plagado de falsedad, es ya de por sí heroica; Pia se muestra humilde y temerosa ante lo que le ocurre, deja filtrarse entre sus palabras sus debilidades y miedos. Se muestra preocupada por lo que dejó de disfrutar, por lo que no hizo en base a ideas que tilda de ingenuas; sin embargo, llega a la certeza de que nada de eso importa, ya no importa lo que es imposible cambiar. Solo importa la vida y la belleza que puede disfrutar en ese momento. La escritora y jardinera nunca perdió la esperanza de una cura, buscando en todos los rincones del planeta la voz y la posibilidad que le dieran la opción de vivir un poco más, de dejar atrás la enfermedad que estaba debilitando todas sus facultades. 

«Ya no soy la jardinera. (...) Empiezo a parecerme cada vez más a una planta de la que hay que cuidar; me convierto en hermana de todo lo que vive en el jardín, en parte de esta materia ilimitada cuyos límites y profundidades ignoro». 

Qué hermoso pensamiento. Llegar al final de tu vida y sentir que te confundes con lo que más has amado. Quizás un consuelo, quizás una ilusión, quizás la mayor de las certezas.

Pia se rodea de sus flores, de la brisa olorosa de su jardín, de sus seres queridos, de su perro y de la literatura. Ella lee y relee a sus autores favoritos encontrando palabras que la hacen reflexionar y nos invita a hacerlo con ella, como con este poema de Vita Sackville-West, Abril:

Prefiero confiar y creer
a cavarme una tumba en vida.
Aunque he de morir, lo único que sé
es que seguiré cantando con pasión y con fe,
que creeré en abril mientras viva.
Yo creeré en la primavera.


Hace un año María se nos iba. María, que amaba la literatura, nos narraba con su propia voz cómo se iba acercando a su fin. Escucharla fue una de las experiencias más hermosamente dolorosas que he podido vivir.  Ella (siempre alegre, serena, luchadora, amiga) enfrentó sus últimos días como mensajera de su amor por la vida. Cuando falleció, ya en el mes de julio, su cuñado me dijo algo así: «Se ha marchado dejándonos a todos llenos de paz, plenos». No he podido evitar leer este libro pensando en ella. Ella, siempre valiente, ya en cama me animaba ante (ahora lo sé) mis pequeños desafíos, me decía que nada importaba salvo las personas a las que amas, ese amor que a veces se nos olvida, pero que es lo único que merece la pena. Sé que María, que también escribía, hubiera disfrutado mucho con la emoción y la verdad que desprenden las palabras de Pia. 

El jardín de Pia./ Errata Naturae.

Pia nos dejó el 16 de julio de 2016; desconozco cómo fue finalmente su fallecimiento, ella que también reflexionó sobre el suicidio, pero es lo de menos; lo de más es que su generosidad hizo que pudiéramos leer este libro que permanecerá, quizás, como faro que nos alumbre y nos haga girar la mirada, porque este libro habla de muerte, de enfermedad, y sufrimiento, pero Pia de lo que más habla es de belleza, como la que ella construyó en Aún no se lo he dicho a mi jardín. 

Aún no se lo he dicho a mi jardín, 
por miedo a que se apoderé de mí.
Aún no me veo con la fuerza
de confesárselo a la Abeja.

Prefiero no hablarlo por la calle, 
para evitar la mirada de los escaparates:
¿cómo tiene la desfachatez de morir
alguien tan tímida, tan ignorante?

No pueden enterarse las colinas
por las que tanto deambulé,
tampoco los amados bosques,
del día que me iré.

No lo susurraré en la mesa,
ni dejaré caer, como si nada,
que alguien en el Misterio
se adentrará esta mañana.

Emily Dickinson. Poema nº 50.


Gracias por leerme. 

A mis Marías. 

lunes, 23 de mayo de 2022

Kirmen, Rosika y la búsqueda de la paz


«No hay camino para la paz, la paz es el camino». Mahatma Ghandi.

«La historia nos ha fallado. Pero no importa». Min Jin Lee.

Este libro me ha llegado gracias al «gran invento» que mi amiga María Morales (pausa para la publicidad: ¿Habéis leído ya su Formas de disparar un arma?) y yo llevamos a cabo desde hace ya seis meses («Solo entiende mi locura quien comparte mi pasión»). Una vez al mes quedamos para tomar algo e intercambiar libros. En un principio el libro debía ser sorpresa, pero finalmente decidimos que era mejor sugerir a la otra varios títulos, así no hay peligro de fallar y se mantiene cierto grado de incertidumbre y expectación. Total, que estamos encantadas con este intercambio de libros al que no terminamos de encontrarle el nombre, porque todo evento de esta talla tiene que tener un nombre (¿bookishfree, bookfree, crossbook, librosamigasycafé, regalameunlibroydimetonta?). En fin, que estamos deseando que llegue fin de mes para que vuelva la magia, ya que entre amigas y libros solo puede haber eso, magia. 

Así María me regaló La vida anterior de los delfines, mi bautizo leyendo al vasco Kirmen Uribe. Lo he devorado en unos pocos días y es que me ha recordado mucho a los libros de grandes epopeyas narradas por Dominique Lapierre. Los libros de Lapierre hicieron crecer en mí la pasión por la literatura y los grandes acontecimientos mundiales protagonizados por personas que lucharon por un mundo mejor, muchos de ellos olvidados si no fuera por los escritores y escritoras que dedican años de su vida a rescatarlos del olvido.

«La paz es cosa de todos, de los hombres y de las mujeres. Si yo creyera que es cosa mía, ni siquiera me reuniría con usted, pero la paz es algo que nos compete a todos».

Este es un libro para leer con un lápiz en la mano, para subrayar y anotar las magníficas ideas por las que Rosika y sus compañeras lucharon. Cuál sería su ímpetu y pasión que convenció a Henry Ford para poner en juego su gigantesca fortuna y fletar el Barco de la Paz, barco que emprendió su marcha el 6 de diciembre de 1915 desde Hoboken (Estados Unidos) rumbo a una Europa desangrada por una guerra, como todas, sin sentido y que se cobraba cada día miles de víctimas.  

Rosika Schwimmer (1877-1948) nació en Hungría y falleció en Nueva York. Tuvo una vida apasionante en la que luchó por unos ideales que se podrían tildar de utópicos entre los que se encontraba la creación de un Gobierno Federal Mundial en el que se escucharan las voces de los ciudadanos por encima de la de los gobernantes.  Luchó por el reconocimiento de la labor de las mujeres en el mundo, en un mundo en el que la mujer estaba relegada socialmente y en el que tenía que pedir permiso para todo. Cómo me hubiera gustado estar presente en uno de los cientos de discursos que pudo dar (sin leerlos, prácticamente improvisados) en los que, gracias a la fuerza de sus palabras, las ideas se convertían en hechos, en iniciativas reales. 

«No puede haber gloria sin patriotismo ni amor ni nobleza si por medio hay también sangre inocente, asesinatos y violaciones. Porque la guerra es eso. No es otra cosa que destrucción».

Rosika tuvo tanta energía y creía tanto en la posibilidad de conseguir un mundo en paz que se entrevistó con el presidente de Estados Unidos y otros líderes europeos intentando poner en marcha un proceso de paz que acabara con la Primera Guerra Mundial o, dicho de otra manera, una mujer de origen judío intentó parar un conflicto internacional, ahí es nada. Fue la cofundadora del Partido de la Mujer por la Paz y secretaria de la Alianza Internacional de mujeres. Y, sin embargo, ha caído en el olvido. 

Fue su secretaria Edith Wynner quien, tras la muerte de Rosika, recopiló toda la información, cartas y otros testimonios de su vida en 176 cajas que descansaban en el archivo de la biblioteca pública de Nueva York, de donde Kirmen las rescató para crear esta novela.  Y ya solo por este hecho es totalmente recomendable leer La vida anterior de los delfines, porque como él mismo deja reflejado en las páginas del libro: 

«Lo que resulta verdaderamente admirable a la luz de nuestros días es el valor que demostraron aquellas mujeres, su determinación, su fe en que unidas eran invencibles y que juntas podían cambiar el mundo. Sin esa confianza genuina en el ser humano y en sí mismas costaría entender sus discursos y movilizaciones de entonces (...)».

En esta obra el autor entrelaza la narración de lo que iba encontrando en las cajas del archivo recabado por Edith (el bolso de Rosika, sus cartas con Einstein, su cámara de fotos, etc.) con episodios de su propia vida trazando paralelismos con su proceso personal de migración, su insumisión, las grandes mujeres de su familia o la vivencia de la pandemia fuera de su país. Además, me ha descubierto muchas cosas sobre la cultura vasca, aspectos que desconocía por completo como, por ejemplo, que el pueblo vasco (y su lengua) es uno de los más antiguos del planeta. Lo ignoraba y agradezco saberlo. 

Rosika fue nominada varias veces al Premio Nobel de la Paz, algo que nunca consiguió, como tampoco consiguió la nacionalidad estadounidense al negarse a defender al país con las armas si llegaba el caso (algo que como mujer en aquella época era muy improbable). Estoy completamente segura que su labor tuvo gran repercusión en las instituciones mundiales que se crearon posteriormente para unir al mundo, su lucha quedó anclada en el espíritu de las personas que la conocieron y en las generaciones siguientes.

Te dejo a ti, lector/a, que descubras qué tienen que ver los delfines en todo esto, qué hay detrás de su título, te adelanto que tiene mucho de leyenda y que es posible que te encante. 

Te recomiendo, con la vehemencia que me caracteriza, que leas esta novela porque, como también se cita entre sus páginas: «Aunque está claro que algún día la historia hará justicia a la señora Schwimmer, la historia es lenta». Si 74 años después de su muerte tenemos la oportunidad de otorgarle el reconocimiento que se merece y recuperar su legado gracias a este libro, no deberíamos dejarla pasar. 

Gracias, Kirmen, seguiré leyéndote.

Gracias, lector/a por haber llegado hasta aquí. 

PD: En la novela aparecen algunas canciones, te dejo esta que me encanta: People have the power. 




 

miércoles, 18 de mayo de 2022

Malasanta, la dolorosa belleza de la literatura

Sevilla, 26 de abril de 2022


«El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras». Antón Chéjov.

«Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro». Franz Kafka.


Les cojo prestadas las frases a Chéjov y Kafka porque expresan, mejor de lo que yo podré hacer, dos de las cualidades del arte literario del autor de Malasanta. No hace falta escribir ni 500 ni 900 páginas para que un libro sea monumental; y sí, es necesario llamar a las cosas por su nombre para que la lectura nos despierte de un puñetazo en el cráneo y nos deshiele, si no ¿para qué leer? 

Me declaro absolutamente adicta a la literatura que «duele», porque los libros que más me han dolido son los que me han calado, los que me han hecho ver el mundo de otra manera, los que se han quedado dentro de mí y forman parte de mi vida. Estos libros son los que han hecho que yo ame la literatura y su capacidad de transformar la realidad. Y Malasanta ya es uno de ellos. 

«En menos de veinte minutos, Malasanta ya había sido expulsada a un mundo en el que los momentos de felicidad habrían de ser la excepción».

Malasanta... Qué personaje ha creado Tocornal. Qué personajes han cobrado vida de una forma tan excepcional basados, estoy segura, en personas reales que podríamos ver, si mirásemos bien, a nuestro alrededor: Dámasa la Tuerta, Niño Truncado, Modesto Baldío, Candela (y todas las Candelas naranjas), Cándido Fogoso, Próspero el Polilla o, mi nombre favorito, Anhelo Truncado. Cómo se puede ser tan inteligente para describir un personaje sin describirlo. Aquí lo tenemos. 

Malasanta, la novela, nos lleva a través de seis cortes transversales de la vida de su protagonista a conocer lo más sórdido de la cara sórdida de esta realidad que compartimos con los desheredados, los proscritos, los que a pocos importan. Se comenta mucho si el autor se ha pasado de dureza, si ha usado un lenguaje demasiado crudo. En mi humilde opinión de lectora creo que Antonio ha acertado de pleno escribiendo la novela como lo ha hecho. ¿De qué otra manera se puede escribir si escribes sobre lo que no se habla, sobre lo que se oculta debajo de muchas alfombras? ¿Cómo se puede dar voz a los olvidados y visibilizar una realidad que no queremos mirar? Creo que es necesario que se construya en el lector ese huracán de emociones, que nos enfrentemos a las imágenes brutales que desfilan en el libro sin tibieza para que podamos reflexionar sobre el mundo que tenemos y la existencia cruel a la que están abocadas muchas personas. En 2020 en nuestro país se suicidaron 11 personas al día, más que nunca en la historia. Es una cifra que me da escalofríos porque es un reflejo de la debacle social en la que estamos inmersos, de la pérdida de valores, de la pérdida del sentido de la vida. Si libros como Malasanta (crudos, duros, que te revuelven las tripas) hacen que salte una chispa dentro de nosotros y miremos a nuestro alrededor de otra manera, más empática y solidaria... bienvenidos, por supuesto. 

«Y la niña Malasanta supo que durante toda su vida se había estado preparando para vivir la sordidez más despiadada, y que estaba preparada para ello, pero que estaba muy lejos de saber cómo enfrentarse a la belleza y sobrevivirla».

Sin embargo, no solo de dureza vive esta novela. Si lees con atención, en cada una de las edades de Malasanta encontrarás un rayo de luz, de belleza, esa dolorosa belleza que va a hacer eterna esta historia. En medio de lo más oscuro, si no te dejas arrastrar por la fealdad, pueden aparecer instantes de esperanza y de mucho humor: una historia de amor juvenil, un ratito acurrucada con las amigas en un sofá, una foto de polaroid fingiendo un momento que hubiera sido inolvidable, o una alacena en la que encontrar los mejores sabores eróticos. 

Además, Antonio ha sido muy generoso con sus lectores, con los lectores de sus anteriores novelas. No he podido dejar de sonreír al volver a Las Almazaras o al toparme con el inolvidable guardafaros de Roque Espino que se asoma en las páginas de Malasanta sin disimular. 

Tuve la gran fortuna de conocer a Antonio en la presentación de su libro en Sevilla, y puedo decir que me emocionó su forma de hablar sobre la literatura, tan cercana a lo que siempre he pensado. Me encantó que nos contara pinceladas sobre su proceso creativo y sobre el nacimiento de Malasanta. Si tienes la oportunidad de acudir a una de sus presentaciones no lo dudes ni un instante, te vas a encontrar a un autor honesto y auténtico, alejado a años luz de los supuestos «movimientos literarios» súper ventas liderados por tiktokers, youtubers, etc., pero tan cercano a los mejores autores inmortales de la historia de nuestra literatura, y... qué suerte tenemos de compartir época con él. 

No dejes de leer a Antonio Tocornal, no dejes de leer Malasanta. No los vas a olvidar. 

Antonio, gracias por tu literatura. Ojalá estas palabras sirvan para expresar mi admiración y gratitud.

Gracias, lector, por llegar hasta aquí.

PD: Te dejo el enlace a una de las reseñas más hermosas que he leído sobre un libro, una reseña de Gabriel Bertotti dedicada a Malasanta. Malasanta en apnea.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Todo lo que ganamos

 

Matalascañas, Huelva, octubre 2021.

«La primera vez que leí un libro me ayudó a sobrevivir. Si sobrevivimos leyendo, al escribir tenemos una posibilidad de revivir». Formas de disparar un arma, María Morales Mora.

Hace bastante que no escribía; me había propuesto participar en algunos concursos de relatos antes de que acabara el año, pero no he encontrado el «click neuronal» que me proporcionara la idea. Sin embargo, quería escribir esta entrada porque, como bien dice María en su magnífico libro, hoy, penúltimo día del año, me apetecía revivir en todas sus acepciones (Revivir: resucitar; renovarse; evocar, recordar).

Seguramente, si me conoces, sepas que para mí ha sido un año particularmente duro (directo al «Top 10» de años chungos en sus primeros puestos) tanto que en verano mi salud mental saltó por los aires: rota, quebrada, perdida, tocada y hundida. En ese momento creo que Dios hizo por mí lo mejor que podía hacer: paró en seco mi vida para darme la oportunidad de renovarme. Golpazo, frenazo, heridas, reposo, curación, sobrevivir, revivir.

En este proceso que me ha tocado experimentar (como a muchas otras personas) los libros han sido fundamentales, por eso he leído tantísimo, una especie de mindfulness literario que me ha ayudado a afrontar y a asimilar los cambios y las perdidas. 

Pero hoy no voy a hablar mucho de libros. Hoy quiero revivir (recordar) todas las cosas bonitas que he ganado, que mi familia ha ganado estos meses.

Este año...

He podido llevar y recoger a mi hija del colegio, nunca antes lo había hecho. Es fantástico ese instante en el que la veo aparecer al fondo y saludarme con la mano mientras se va acercando a mí para contarme lo que ha vivido ese día.

He podido ir a un gimnasio y cuidar mi cuerpo, algo que necesitaba como el respirar. Allí he conocido a gente maravillosa, me he reído un montón y me he dado cuenta de que muchos obstáculos no existían, solo estaban en mi mente. 

Emma ha cumplido su sueño de ser futbolista. Ni ella ni nosotros olvidaremos su ilusión, su motivación, su alegría. 

Celebramos su comunión con una pequeña fiesta en casa en familia. Ella vestida como quería haciendo gala de su personalidad, compartiendo el momento con su supermegamejor amiga, disfrutando de la bonita ceremonia y su significado. 

Ha sido el año en el que muchos de los mejores momentos se han producido en la compañía de menores de once años, los amigos y amigas de mi hija. Cuánto se puede aprender de su visión sencilla de la vida.

Tuve la enorme y hermosa oportunidad de presentar el libro de la que ya es una persona muy querida e importante en mi vida: mi amiga María Morales. Magnífica profesora de escritura, bella por dentro y por fuera, generosa a más no poder y una escritora única. Qué suerte tengo. 


Presentación de Formas de disparar un arma. 17 noviembre 2021.


Dieciocho meses después volví a Madrid por un gran motivo: mi hermana Laura volvía a casa de visita desde México. Por fin nos pudimos reunir (casi) toda la familia y disfrutar de unos días donde primos, hermanos y abuelos disfrutamos un montón. 

Puerta del Sol, Madrid, 4 de diciembre de 2021.

Además este año me siento afortunada por toda la gente que he tenido a mi lado, y por toda la gente que he conocido. Me siento enormemente agradecida por todas las manos que me han agarrado y no me han soltado.

Gracias...

... Cris y Kathya por compartir nuestras caídas, levantadas, entre llantos y risas. Os quiero infinitamente.

... Maribel Munilla por tu ejemplo y fortaleza, por estar siempre.

... Salva por soportar mis crisis de hipocondría y continuar compartiendo nuestro amor por las palabras.

... Eli por dar belleza a nuestros momentos especiales, porque persigues tus sueños y eres una inspiración para mí. 

... Sara, Teresa, Ángel y a todos los compañeros/as ansiosos, conoceros es una de las mejores cosas que me han pasado este año. Gracias por vuestras manos y vuestras palabras de aliento. 

... Miguel Torija por tus propuestas literarias, por sacarme una sonrisa y estar ahí.

... Carlos Santos por tu ejemplo sencillo pero sin vacilaciones, por hacer un mundo mejor. Te admiro profundamente.

... Quique Bolsitas, tu ejemplo cambia mi mundo, nuestro planeta. Infinitamente agradecida.

... Irene y Arnur por endulzarnos la vida y haberse convertido en gente querida. Sois maravillosos. 

... Sonia, Irene, María, Maritere, Sandra, Miriam Agnese, Ángela, Dori... gracias por acompañarme, gracias por vuestra amistad.

Gracias siempre a mi familia, a mis padres y hermanos, a mi hija (¿se puede ser más bonita?) y, sobre todo, a mi compañero de vida. Este es otro año que se ha puesto inclinado, con una mayor pendiente de lo normal, pero juntos siempre sabemos salir adelante, y este año incluso acabarlo con mucho humor, con mucho amor. Gracias, mi amor.

Quiero recordar...

A los que se fueron; quiero acompañar de alguna manera a los que se están encontrando sillas vacías, qué dolor debe ser ese que solo ellos pueden saber. Mi corazón con todos ellos, con Lorena y Jesús, con Dori y su familia, con la familia de María, con tantos amigos...

Que debemos seguir hablando de salud mental en un año en el que parece que está alejándose el tabú y el secretismo que rodeaba a este tipo de enfermedades y sus terribles consecuencias. 

Que, no es que lo diga Leonardo DiCaprio, es que debemos cuidar de una p. vez nuestro planeta, que la pandemia viene a recordarnos que debemos cambiar muchos hábitos desde ya, que todos estamos unidos, que no podemos girar la mirada ante muchos dramas del mundo, que somos uno, que no solo existe el primer mal llamado mundo, que no podemos consumir y consumir infinitamente, que tirar un lata de refresco en la naturaleza tiene sus consecuencias, que el efecto mariposa existe, que las campanas tocan por ti, que no somos ninguna isla perdida en el océano. 

Que la vida no es dura, ni injusta, ni buena, ni mala, la vida es vida como dice Tuti Furlán, y viene con todo el paquete. Tenemos que intentar (yo la primera) rescatar esos «momentos regalo» que nos va ofreciendo en el momento presente. Mi mente este año ha corrido más que yo, me ha pintado la vida de un negro abrumador catastrófico, cuando no era tal. Solo tenía que vivir el instante, la vida entera, para darme cuenta de cuántos colores había (hay) a mi alrededor.


Escribo esto escuchando los pájaros cantar en mi calle, el sol va cayendo, mi chico lee, mi hija juega, y pronto nos reuniremos de nuevo con la familia. Me doy cuenta del milagro de haber llegado a este instante. En realidad, lo tengo todo, si lo pienso bien.

Infinitas gracias y feliz y sereno 2022. ❤️

Posdatas:

«He vivido. No ha sido fácil. Y sin embargo. He descubierto que es poco lo que no se puede soportar». 
La historia del amor, Nicole Krauss.

«Un buen epitafio para una vida sería: De verdad que lo intenté».
La playa y el tiempo, Ernesto Calabuig.

«El destino elige a las personas que se cruzan en nuestro camino, y la huella que dejan en nosotros no se borrará jamás. Aunque ellas desaparezcan».
Amapolas en octubre,  Laura Riñón Sirera.

«"Humanos que cuidan de humanos, y no humanos que se enfrentan a humanos". Os invito a saludar esta buena nueva».
Sin más amigos que las montañas, Behrouz Boochani.


Revivir, renovarse. 


 

viernes, 20 de agosto de 2021

Sin más amigos que las montañas

Behrouz Boochani.
(Desconozco al autor/a).

«La literatura puede provocar el cambio, desafiar a las estructuras de poder y hacernos más libres. Las palabras son más poderosas que las vallas de la prisión». 
Behrouz Boochani. 

Una vez conocí a una familia kurda irakí. Hace ya muchos años (unos 22) cuando trabajaba como voluntaria en el centro de acogida de demandantes de asilo en Francia (lo sé, lo he contado muchas veces). Recuerdo que el padre de familia nos imponía mucho. Era militar en su país y tenía tal chorro de voz que los primeros días tras su llegada, mientras esperábamos a que el traductor nos tradujera lo que decía, se nos encogían las tripas si nos señalaba o pronunciaba nuestro nombre; ahora me rio porque una de las veces en las que mi nombre salió de su boca era para invitarme a mí y a mis compañeros a una fiesta de cumpleaños. Al poco tiempo descubrimos su gran creatividad organizando juegos para sus tres hijos y los demás niños que vivían en el centro y, sobre todo, su gran afán para proteger a su familia y encontrar una vida mejor, libre y donde fueran respetados sus derechos. Ellos lo lograron. 

Después de tantos años y tantos conflictos sobre la faz de la Tierra podríamos pensar que deberíamos haber evolucionado como humanidad y sociedad, que, como seres humanos inteligentes, a parte de mejorar en número de aplicaciones y redes sociales, deberíamos ser capaces de proteger los derechos de todos los individuos, de resolver los conflictos de manera diplomática, de vivir en sintonía entre culturas y con nuestro planeta. Sí, soy consciente: "I have a dream". 

Behrouz Boochani tuvo que escapar en 2013 de Irán por temor a ser encarcelado como sus compañeros por su actividad periodística y la defensa de la cultura e identidad kurda. En busca de una vida en libertad puso rumbo a Australia. No sin penalidades, logró alcanzar el mar hacia a aquel país en un barco que finalmente naufragó; rescatado por las autoridades acabó encarcelado sin cargos por cuenta de una política migratoria que él mismo califica de fascista. 

Boochani pasó seis años privado de libertad y de cualquier derecho fundamental en la prisión (otros términos eufemísticos no tienen cabida aquí) en la isla de Manus junto con muchos otros hombres en su misma situación. Australia rompió así con cualquier tratado y/o convención en defensa de los derechos y libertades de las personas. En su libro relata las vivencias, las penalidades, la deshumanización a la que eran sometidos, con un lenguaje cargado de emoción pasando de la prosa al poema, de la realidad a la ensoñación, de la introspección al relato objetivo de unos hechos vergonzosos y crueles. 

«La sublevación de Behrouz Boochani tomó otra forma. Lo único que sus carceleros no podían destruir en él era su fe en las palabras: su belleza, su necesidad, su posibilidad, su fuerza liberadora». 
Richard Flanagan.

En ese contexto, Behrouz consiguió, no sin una gigantesca dificultad, escribir Sin más amigos que las montañas (No friend but the mountains, 2018) a través de miles de mensajes de WhatsApp y sms enviados a su traductor y otros amigos. Este es un libro que tod@s deberíamos leer para conocer lo que pasó y pasa en estas islas lejanas y tomar parte en ello, porque no podemos leerlo y quedar impasibles. 

Su lectura me ha recordado mucho a uno de mis libros favoritos: El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl. Behrouz también busca el sentido a su situación, busca la soledad para reflexionar, para trasladarse con sus pensamientos a otros momentos de su vida y volar a sus montañas... 

«Soy un águila.
Vuelo sobre las tierras de las montañas.
Ningún océano a la vista.
La presencia de mi madre.
Ella siempre está presente».

«¿Tienen los kurdos más amigos que las montañas?».

Para mí ha sido imposible evitar las comparaciones entre la situación de Frankl y Boochani; quizás a alguien pueda parecerle exagerado, pero, salvando algunas distancias, tienen demasiadas similitudes para separarles más de setenta años: ambos privados de su libertad por su origen, reducidos a un número, sin posibilidad de defensa, sin opción de cubrir sus necesidades básicas, en ambientes absolutamente insalubres, bajo políticas que querían aniquilar su identidad y equipararles a una piedra sin alma. Ambos, y muchos más, se revelaron contra ello con su actitud, con las palabras, con su búsqueda de la belleza... 

«Me he convencido de que lo que haya de ser, será, y ahora soy lo suficientemente fuerte para aceptar lo que venga. (...) No puedo sino aceptar la realidad».

(Foto CBC)

«Al menos me alegro de que mi nueva habitación esté cerca de las vallas que están frente a la jungla, y de que haya un pequeño jardín con flores de colores típicas de la zona tropical a pocos metros detrás de mi habitación; compensan la violencia de la prisión».

Boochani con su libro ha querido dejar testimonio de su experiencia, ha querido que a través de las palabras sepamos los horrores de la tortura sistemática del sistema de detención. Este es su objetivo principal. Sin embargo, en mi opinión, este libro es mucho más: es un grito al absurdo de las fronteras, de la intolerancia, y también una alabanza y muestra de respeto a las personas que no permiten que se les exprima la esencia humana en medio del entorno más atroz, que siguen siendo bondadosos y generosos, que alegran a los demás y son creativos y valientes... Que no permiten ser destruidos. 

«"Humanos que cuidan de los humanos, y no humanos que se enfrentan a humanos". Os invito a saludar esta buena nueva».

«No obstante la mente tiene el poder de abandonar la prisión e imaginar el frescor de la sombra de un grupo de árboles del otro lado de las vallas. Hasta se puede sentir la agradable y fresca temperatura».

También, para mí, es un ejemplo de cómo enfrentar lo que la vida nos depara, un ejemplo de fortaleza mental, de actitud ante la tragedia y lo que no podemos cambiar. Una muestra de vida con sentido en medio del sinsentido. Es difícil expresar mi agradecimiento y admiración por ello.

En 2019 Boochani recibió el Premio Literario Premier de Victoria, el de mayor dotación en Australia (¡viva la ironía!), premio que no pudo recoger puesto que aún se encontraba en Manus esperando a que su situación se solucionara, a pesar de que la prisión había sido clausurada en 2017. 

En 2020 Nueva Zelanda reconoció como refugiado a Boochani, siete años después de su salida de Irán. 

Agradezco profundamente a Behrouz Boochani su ejemplo de vida y su valentía haciéndonos llegar su testimonio; las palabras tienen el poder de cambiar las cosas, las mentalidades, de hacer este mundo un poquito más tolerante. Historias así son las que debemos difundir, no historias de odio, de discriminación. Debemos ser «humanos cuidando de humanos»

Gracias a la editorial Rayo Verde que con gran esfuerzo publicó en septiembre de 2020 este libro en castellano a través de un proyecto de micromecenazgo (gracias a todos los mecenas, por supuesto).

Al final os dejo enlaces de entrevistas y más información sobre Behrouz y lo que ocurrió en Manus y en otras islas. Os agradezco mucho haber llegado hasta aquí. Leed este libro, reflexionad conmigo y luchemos, como cada uno pueda, por los derechos de los refugiados y la igualdad de las personas en todo el mundo. Gracias. 💗 

«La vida siempre es mucho más que la guerra (...).
Para mí, la vida siempre emerge de la devastación.
Para mí, la vida siempre emerge de las bellezas escondidas en la devastación (...).
La vida queda expuesta como un libro abierto (...).
El destino se limita a seguir adelante como un latido; la luz del mundo aparece como un milagro, como una explosión que al final se enfría».


PARA AMPLIAR INFORMACIÓN:


* Boochani TEDx Sydney. Conferencia «Escribir es un acto de resistencia». En inglés.



* Boochani libre. Vídeo en inglés.



* Discurso al recibir el premio. En inglés.



* Una gran reseña: 



* Más información:



lunes, 1 de marzo de 2021

Mujeres que compran flores.


Entrada a El Jardín del Ángel. 
(Desconozco el autor de la foto)



«Lo único que nos aparta de la felicidad es el miedo al cambio». 
Mujeres que compran flores, de Vanessa Monfort. 

Como decimos los lectores: «Cada libro tiene su momento», y este me ha llegado en el «MO-MEN-TA-ZO», este es justo el libro que necesitaba tener en mis manos para que llenase mi mente de pensamientos positivos, de ideas retadoras, de fuerza para afrontar los cambios y saber que estos son inevitables y muchas veces necesarios para sacarnos de esa «cómoda» zona de confort a la que nos agarramos aunque nos esté chupando la sangre cual vampiro. 

«Todo pasa. El mar nunca se detiene. Siempre está en movimiento, como la vida. Y hay que seguir reaccionando a ella. Siempre alerta. Siempre en movimiento».

Esta es la historia de cinco mujeres que compran flores y la florista de El Jardín del Ángel, la floristería más antigua de Madrid, en el barrio de las Letras... Y que yo no conocía, he de reconocerlo, pero pondré remedio a esta situación en cuanto mis pies vuelvan a pisar mi ciudad. 

Vanessa Monfort (autora que hasta la fecha tampoco había leído) narra de una forma bellísima cómo estas mujeres (Marina, Casandra, Gala, Aurora y Victoria) se encuentran bajo el olivo centenario de la floristería rodeadas de la influencia poderosa de Olivia (la dueña de El Jardín del Ángel) y sus flores, cuyos mensajes deberán aprender a descifrar. Cada una de ellas llega en un momento crucial de su vida: vidas estancadas, vidas grises, vidas que se encuentran en la rueda de ratón a la que a veces nos vemos abocados, vidas infelices, vidas que no son vidas. 

«Cuando algo nos golpea duro en la vida y nos saca de nuestro estado de confort, todo es nuevo lo quieras o no, y la persona que eres es reescribible. ¿Tú sabes la ventaja que tienes?».

Sin lugar a dudas, a veces los golpes que nos da la vida son muy duros, durísimos, pero yo he aprendido una cosa: que a pesar de ellos, de la dureza, los he traspasado, los he experimentado y he seguido viva, he seguido respirando, comiendo, durmiendo, abrazando a mi hija y a mi chico, hablando con mis padres... He seguido adelante. Ese párrafo anterior lo he leído varias veces, lo he subrayado, y marcado con una pegatina, y es que sí: sea por las buenas o por las malas, salir del estado de confort nos abre a otras muchas posibilidades y podemos reescribir lo que tenemos por delante, aunque muchas veces no sea fácil, aunque haya que enfrentar muchos miedos, aunque haya que tomar decisiones que nos dan vértigo, pero es la «oportunidad» que nos da la vida la que debemos aprovechar. 

«Hay un momento en la vida de cada persona en que esta recibe la oportunidad de hacer un cambio radical de 180 grados. Una única y gran oportunidad para crecer. La plenitud. El gran punto de giro de tu historia vital. Y claro, hay personas que lo aprovechan y otras que no».

Sí, este era el momento de leer este libro. Además me ha trasportado a mi ciudad favorita, a la ciudad en la que nací y estudié, la ciudad que me encanta pasear. Esta pandemia me ha robado esos paseos; uno de los últimos, casualmente fue por el barrio de las Letras junto con mis padres y mi hija en el verano de 2019, el último verano antes de la expansión del virus. Acabamos allí cruzando el centro de la ciudad desde la plaza de Chueca, llegando a Alcalá, saludando a los leones del Palacio de las Cortes, rezando al Cristo de Medinaceli y volviendo a Sol por las calles donde vivieron Lope de Vega y Cervantes, donde está El Jardín del Ángel, y yo no lo sabía. Uno de los paseos más bonitos que recuerdo.

Calle Alcalá.

Este libro también me ha descubierto la historia de la singular floristería donde está contextualizada la narración. Como decía, hasta casi el final del libro, no me dio por averiguar si era un lugar real, ¡y tanto que lo era! ¡Qué ignorancia la mía! Esta floristería es la más antigua de Madrid y tiene una curiosa historia; situada en el antiguo cementerio de la iglesia de San Sebastián, comenzó su camino en 1889, como un sencillo puesto de flores. En ella se encuentra el olivo más antiguo de Madrid (procedente de Jaén según he leído). En su momento estuvieron enterrados los restos de Ventura Rodriguez y Lope de Vega, hasta que parece ser que Carlos III decidió sacarlos de allí. 

Investigando sobre ella, me llevé la desagradable sorpresa que, debido a desavenencias de los propietarios con su «casero», el párroco de la iglesia, la floristería debió cerrar sus puertas en otoño de 2019. Sin embargo, para mi alegría y la de los moradores del barrio más literario de la ciudad, reabrió de nuevo en 2020. 




A veces hay libros tan reconfortantes y sanadores como este. No son libros de la manida «autoayuda», pero te identificas tanto con lo que sus personajes viven que te hacen sentir lo que ellos sienten, de ahí la fortaleza de la literatura, su poder para recomponer las piezas, para entender tu propia vida. Por eso para mí ha sido una sesión de «biblioterapia», porque he podido entender muchas cosas, me ha hecho reflexionar mucho, y sobre todo me ha ayudado a comprender que la fortaleza para conseguir lo que busco esta en mí. 

«Reclamábamos nuestro derecho a no tomarnos la vida tan en serio. Porque cada día estamos más cerca la muerte (...). Hay que aprender a bailar sobre un cementerio. A hacer brotar flores sobre los muertos. A aceptar el fracaso porque el fracaso no existe. Solo existe el fin de las cosas. (...) No nos enseñan que a veces el único fracaso es la inercia de hacerlas continuar».


No puedo terminar esta entrada, sin hablar de la personita preciosa que me recomendó este libro, y lo emocionante es que, cuando me habló de él, ninguna de las dos sabíamos lo importante y trascendental del momento en el que me embarcaría en su lectura. Mi amiga Cristina es maravillosa, es dulce, es generosa, es sensible, y aunque aún no nos hayamos visto en persona, es una de las amigas que más cerca siento. Es una presencia inestimable en mi vida, y le agradezco enormemente el apoyo que siempre me da. No es que me envíe un libro o sus preciosas creaciones de artesanía, es que me llega su cariño a raudales desde ese mar que tanto añoro. 

«NO DEJES DE SOÑAR».

Gracias, Cris, por hacerme soñar. Esta entrada es toda para ti. Te la dedico, con la esperanza de que pronto podamos abrazarnos. No dejemos nunca de soñar. 

Gracias, amig@ lector/a por haberme leído. Espero que si no has leído este libro lo hagas seas hombre o mujer, porque no hay libros para mujeres u hombres, hay buena o mala literatura y esta es excelente. 

Gracias Vanessa Monfort por esta joya, por emocionarme tanto que es difícil de explicar. Te seguiré leyendo. 

PD. Os dejo algunos enlaces sobre esta preciosa floristería.

Su historia aquí. 

Su nueva apertura aquí. 

El Jardín del Ángel. Foto: JM Cadenas.

martes, 19 de enero de 2021

Antes de los años terribles


Foto: Ana Palacios

«Piensa en el después, sobrevive al ahora para curarte mañana. Promete que los campos que arden reverdecerán, que los muertos serán sustituidos por los vivos y los gritos por las risas». 

Antes de los años terribles de Víctor del Árbol.


En mi bautizo literario de Víctor del Árbol no he podido empezar mejor. Antes de los años terribles es una novela terrible, sí, sí, tal cual: terrible pero inolvidable. Nos adentra en una realidad que poco se habla para lo cruel que es, y toca varios temas que siempre me han interesado: los niños soldados, la persecución de los albinos en varios países de África, y la reconstrucción vital tras sufrir tales traumas. 

Sin embargo, leer literatura así, tan honesta, real y necesaria, es lo que más me gusta aunque parezca contradictorio. Es la literatura que mueve, conmueve, y transforma conciencias. Es la literatura que da voz a los que se la han quitado, la que refleja y se adentra en las vidas de personas que sufren la crueldad más aberrante e incomprensible, el rechazo, los estigmas... Retrata la maldad humana que no tiene calificativos ni límites y que nos debería hacer recapacitar como seres humanos, como sociedad y como humanidad. 

A través de sus protagonistas el autor nos habla del conflicto de Uganda en los años 90, conflicto que robó muchas infancias a niños y niñas usados como armas y objetos sexuales. También nos acerca a la persecución que sufrieron y sufren las personas albinas en muchos países africanos. Los albinos han sido tomados o como seres malignos o como amuletos atrayentes de poder, riqueza, etc. en ambas situaciones teniendo como resultado su persecución para mutilarles o asesinarles. 

Víctor del Árbol nos relata la vida de Isaías Yoweri desde su feliz infancia, pasando por los años terribles, la reconstrucción de su vida en España y lo que vino después tras un reencuentro desafortunado. El autor nos conduce del presente al pasado de una forma magistral, llena de detalles, que nos hacen empatizar con los personajes que viven sucesos que seguramente hayan sido tal cual Victor nos los cuenta. 

Este libro sirve para recordar lo que pasó, pero no podemos olvidar que sigue pasando. A día de hoy, a miles de niños y niñas se les sigue negando su infancia, se las han robado en medio de conflictos olvidados, y lo peor es que seguirá sucediendo porque la ambición humana no conoce fronteras, porque seguimos sin ver al otro como un igual, porque el dinero y el poder lo destruyen todo... Porque no nos levantamos a gritar ante las injusticias, porque no vemos (o no queremos ver) lo que no nos cuentan los medios de comunicación, ignoramos lo que pasa en otras partes del mundo... Por eso este tipo de libros son tan necesarios.


Niños soldados entregando sus armas en 2015. Sudán.
Foto UNICEF. 

Creo que es imprescindible leer Antes de los años terribles, pero también es esencial no quedarnos únicamente en su lectura: debemos dar entre todos visibilidad a los conflictos olvidados, debemos apoyar a los que están sobre el terreno denunciando lo que ocurre, debemos ayudar a sensibilizar a la sociedad sobre los niños soldados y las personas albinas en África, tenemos que denunciar las injusticias aquí y allá, porque al final todos formamos parte de este planeta. Necesitamos comprender las vidas que arrastran otras personas y su derecho a recuperarlas, entenderíamos mejor por qué una persona se sube a una patera, por qué lucha hasta el final por encontrar un poco de paz y un futuro... Como cualquiera de nosotros.

Con este libro he descubierto a un autor que ya se queda conmigo, que volveré a leer en breve y al que agradezco enormemente esta novela tan realista, los libros así son los que cambian mentalidades y transforman vidas. Imprescindible, magnífico, inolvidable. Gracias, Victor.

<<Nuestra memoria serán los otros; ellos construirán el relato de lo que fuimos. Luego llegará el viento y el olvido. Como si no hubiéramos existido>>.

Y, sin embargo, estuvimos aquí.


👉 Os dejo algunos enlaces que os pueden interesar:

📌Enlaces sobre el albinismo: aquí y aquí.  

📌Enlace sobre los niños soldados en Uganda aquí. 

📌Entrevista a Víctor del Árbol sobre Antes de los años terribles aquí. 

📌Qué pasó con los niños soldados secuestrados por Josef Kony aquí.