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| Foto de María Morales. |
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| El jardín de Pia./ Errata Naturae. |
"No tienes por qué escribir sobre héroes que llevan a cabo actos memorables y extraordinarios". Raymond Carver.
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| Foto de María Morales. |
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| El jardín de Pia./ Errata Naturae. |
«El arte de escribir consiste en decir mucho con pocas palabras». Antón Chéjov.
«Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo? Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro». Franz Kafka.
Les cojo prestadas las frases a Chéjov y Kafka porque expresan, mejor de lo que yo podré hacer, dos de las cualidades del arte literario del autor de Malasanta. No hace falta escribir ni 500 ni 900 páginas para que un libro sea monumental; y sí, es necesario llamar a las cosas por su nombre para que la lectura nos despierte de un puñetazo en el cráneo y nos deshiele, si no ¿para qué leer?
Me declaro absolutamente adicta a la literatura que «duele», porque los libros que más me han dolido son los que me han calado, los que me han hecho ver el mundo de otra manera, los que se han quedado dentro de mí y forman parte de mi vida. Estos libros son los que han hecho que yo ame la literatura y su capacidad de transformar la realidad. Y Malasanta ya es uno de ellos.
«En menos de veinte minutos, Malasanta ya había sido expulsada a un mundo en el que los momentos de felicidad habrían de ser la excepción».
Malasanta... Qué personaje ha creado Tocornal. Qué personajes han cobrado vida de una forma tan excepcional basados, estoy segura, en personas reales que podríamos ver, si mirásemos bien, a nuestro alrededor: Dámasa la Tuerta, Niño Truncado, Modesto Baldío, Candela (y todas las Candelas naranjas), Cándido Fogoso, Próspero el Polilla o, mi nombre favorito, Anhelo Truncado. Cómo se puede ser tan inteligente para describir un personaje sin describirlo. Aquí lo tenemos.
Malasanta, la novela, nos lleva a través de seis cortes transversales de la vida de su protagonista a conocer lo más sórdido de la cara sórdida de esta realidad que compartimos con los desheredados, los proscritos, los que a pocos importan. Se comenta mucho si el autor se ha pasado de dureza, si ha usado un lenguaje demasiado crudo. En mi humilde opinión de lectora creo que Antonio ha acertado de pleno escribiendo la novela como lo ha hecho. ¿De qué otra manera se puede escribir si escribes sobre lo que no se habla, sobre lo que se oculta debajo de muchas alfombras? ¿Cómo se puede dar voz a los olvidados y visibilizar una realidad que no queremos mirar? Creo que es necesario que se construya en el lector ese huracán de emociones, que nos enfrentemos a las imágenes brutales que desfilan en el libro sin tibieza para que podamos reflexionar sobre el mundo que tenemos y la existencia cruel a la que están abocadas muchas personas. En 2020 en nuestro país se suicidaron 11 personas al día, más que nunca en la historia. Es una cifra que me da escalofríos porque es un reflejo de la debacle social en la que estamos inmersos, de la pérdida de valores, de la pérdida del sentido de la vida. Si libros como Malasanta (crudos, duros, que te revuelven las tripas) hacen que salte una chispa dentro de nosotros y miremos a nuestro alrededor de otra manera, más empática y solidaria... bienvenidos, por supuesto.
«Y la niña Malasanta supo que durante toda su vida se había estado preparando para vivir la sordidez más despiadada, y que estaba preparada para ello, pero que estaba muy lejos de saber cómo enfrentarse a la belleza y sobrevivirla».
Sin embargo, no solo de dureza vive esta novela. Si lees con atención, en cada una de las edades de Malasanta encontrarás un rayo de luz, de belleza, esa dolorosa belleza que va a hacer eterna esta historia. En medio de lo más oscuro, si no te dejas arrastrar por la fealdad, pueden aparecer instantes de esperanza y de mucho humor: una historia de amor juvenil, un ratito acurrucada con las amigas en un sofá, una foto de polaroid fingiendo un momento que hubiera sido inolvidable, o una alacena en la que encontrar los mejores sabores eróticos.
Además, Antonio ha sido muy generoso con sus lectores, con los lectores de sus anteriores novelas. No he podido dejar de sonreír al volver a Las Almazaras o al toparme con el inolvidable guardafaros de Roque Espino que se asoma en las páginas de Malasanta sin disimular.
Tuve la gran fortuna de conocer a Antonio en la presentación de su libro en Sevilla, y puedo decir que me emocionó su forma de hablar sobre la literatura, tan cercana a lo que siempre he pensado. Me encantó que nos contara pinceladas sobre su proceso creativo y sobre el nacimiento de Malasanta. Si tienes la oportunidad de acudir a una de sus presentaciones no lo dudes ni un instante, te vas a encontrar a un autor honesto y auténtico, alejado a años luz de los supuestos «movimientos literarios» súper ventas liderados por tiktokers, youtubers, etc., pero tan cercano a los mejores autores inmortales de la historia de nuestra literatura, y... qué suerte tenemos de compartir época con él.
No dejes de leer a Antonio Tocornal, no dejes de leer Malasanta. No los vas a olvidar.
Antonio, gracias por tu literatura. Ojalá estas palabras sirvan para expresar mi admiración y gratitud.
Gracias, lector, por llegar hasta aquí.
PD: Te dejo el enlace a una de las reseñas más hermosas que he leído sobre un libro, una reseña de Gabriel Bertotti dedicada a Malasanta. Malasanta en apnea.
«La primera vez que leí un libro me ayudó a sobrevivir. Si sobrevivimos leyendo, al escribir tenemos una posibilidad de revivir». Formas de disparar un arma, María Morales Mora.
Hace bastante que no escribía; me había propuesto participar en algunos concursos de relatos antes de que acabara el año, pero no he encontrado el «click neuronal» que me proporcionara la idea. Sin embargo, quería escribir esta entrada porque, como bien dice María en su magnífico libro, hoy, penúltimo día del año, me apetecía revivir en todas sus acepciones (Revivir: resucitar; renovarse; evocar, recordar).
Seguramente, si me conoces, sepas que para mí ha sido un año particularmente duro (directo al «Top 10» de años chungos en sus primeros puestos) tanto que en verano mi salud mental saltó por los aires: rota, quebrada, perdida, tocada y hundida. En ese momento creo que Dios hizo por mí lo mejor que podía hacer: paró en seco mi vida para darme la oportunidad de renovarme. Golpazo, frenazo, heridas, reposo, curación, sobrevivir, revivir.
En este proceso que me ha tocado experimentar (como a muchas otras personas) los libros han sido fundamentales, por eso he leído tantísimo, una especie de mindfulness literario que me ha ayudado a afrontar y a asimilar los cambios y las perdidas.
Pero hoy no voy a hablar mucho de libros. Hoy quiero revivir (recordar) todas las cosas bonitas que he ganado, que mi familia ha ganado estos meses.
Este año...
He podido ir a un gimnasio y cuidar mi cuerpo, algo que necesitaba como el respirar. Allí he conocido a gente maravillosa, me he reído un montón y me he dado cuenta de que muchos obstáculos no existían, solo estaban en mi mente.
Emma ha cumplido su sueño de ser futbolista. Ni ella ni nosotros olvidaremos su ilusión, su motivación, su alegría.
Celebramos su comunión con una pequeña fiesta en casa en familia. Ella vestida como quería haciendo gala de su personalidad, compartiendo el momento con su supermegamejor amiga, disfrutando de la bonita ceremonia y su significado.
Ha sido el año en el que muchos de los mejores momentos se han producido en la compañía de menores de once años, los amigos y amigas de mi hija. Cuánto se puede aprender de su visión sencilla de la vida.
Tuve la enorme y hermosa oportunidad de presentar el libro de la que ya es una persona muy querida e importante en mi vida: mi amiga María Morales. Magnífica profesora de escritura, bella por dentro y por fuera, generosa a más no poder y una escritora única. Qué suerte tengo.
| Entrada a El Jardín del Ángel. (Desconozco el autor de la foto) |
| Calle Alcalá. |
«Piensa en el después, sobrevive al ahora para curarte mañana. Promete que los campos que arden reverdecerán, que los muertos serán sustituidos por los vivos y los gritos por las risas».
Antes de los años terribles de Víctor del Árbol.
En mi bautizo literario de Víctor del Árbol no he podido empezar mejor. Antes de los años terribles es una novela terrible, sí, sí, tal cual: terrible pero inolvidable. Nos adentra en una realidad que poco se habla para lo cruel que es, y toca varios temas que siempre me han interesado: los niños soldados, la persecución de los albinos en varios países de África, y la reconstrucción vital tras sufrir tales traumas.
Sin embargo, leer literatura así, tan honesta, real y necesaria, es lo que más me gusta aunque parezca contradictorio. Es la literatura que mueve, conmueve, y transforma conciencias. Es la literatura que da voz a los que se la han quitado, la que refleja y se adentra en las vidas de personas que sufren la crueldad más aberrante e incomprensible, el rechazo, los estigmas... Retrata la maldad humana que no tiene calificativos ni límites y que nos debería hacer recapacitar como seres humanos, como sociedad y como humanidad.
A través de sus protagonistas el autor nos habla del conflicto de Uganda en los años 90, conflicto que robó muchas infancias a niños y niñas usados como armas y objetos sexuales. También nos acerca a la persecución que sufrieron y sufren las personas albinas en muchos países africanos. Los albinos han sido tomados o como seres malignos o como amuletos atrayentes de poder, riqueza, etc. en ambas situaciones teniendo como resultado su persecución para mutilarles o asesinarles.
Víctor del Árbol nos relata la vida de Isaías Yoweri desde su feliz infancia, pasando por los años terribles, la reconstrucción de su vida en España y lo que vino después tras un reencuentro desafortunado. El autor nos conduce del presente al pasado de una forma magistral, llena de detalles, que nos hacen empatizar con los personajes que viven sucesos que seguramente hayan sido tal cual Victor nos los cuenta.
Este libro sirve para recordar lo que pasó, pero no podemos olvidar que sigue pasando. A día de hoy, a miles de niños y niñas se les sigue negando su infancia, se las han robado en medio de conflictos olvidados, y lo peor es que seguirá sucediendo porque la ambición humana no conoce fronteras, porque seguimos sin ver al otro como un igual, porque el dinero y el poder lo destruyen todo... Porque no nos levantamos a gritar ante las injusticias, porque no vemos (o no queremos ver) lo que no nos cuentan los medios de comunicación, ignoramos lo que pasa en otras partes del mundo... Por eso este tipo de libros son tan necesarios.
Creo que es imprescindible leer Antes de los años terribles, pero también es esencial no quedarnos únicamente en su lectura: debemos dar entre todos visibilidad a los conflictos olvidados, debemos apoyar a los que están sobre el terreno denunciando lo que ocurre, debemos ayudar a sensibilizar a la sociedad sobre los niños soldados y las personas albinas en África, tenemos que denunciar las injusticias aquí y allá, porque al final todos formamos parte de este planeta. Necesitamos comprender las vidas que arrastran otras personas y su derecho a recuperarlas, entenderíamos mejor por qué una persona se sube a una patera, por qué lucha hasta el final por encontrar un poco de paz y un futuro... Como cualquiera de nosotros.
Con este libro he descubierto a un autor que ya se queda conmigo, que volveré a leer en breve y al que agradezco enormemente esta novela tan realista, los libros así son los que cambian mentalidades y transforman vidas. Imprescindible, magnífico, inolvidable. Gracias, Victor.
<<Nuestra memoria serán los otros; ellos construirán el relato de lo que fuimos. Luego llegará el viento y el olvido. Como si no hubiéramos existido>>.
Y, sin embargo, estuvimos aquí.
👉 Os dejo algunos enlaces que os pueden interesar:
📌Enlaces sobre el albinismo: aquí y aquí.
📌Enlace sobre los niños soldados en Uganda aquí.
📌Entrevista a Víctor del Árbol sobre Antes de los años terribles aquí.
📌Qué pasó con los niños soldados secuestrados por Josef Kony aquí.