| Entrada a El Jardín del Ángel. (Desconozco el autor de la foto) |
| Calle Alcalá. |
"No tienes por qué escribir sobre héroes que llevan a cabo actos memorables y extraordinarios". Raymond Carver.
| Entrada a El Jardín del Ángel. (Desconozco el autor de la foto) |
| Calle Alcalá. |
«Piensa en el después, sobrevive al ahora para curarte mañana. Promete que los campos que arden reverdecerán, que los muertos serán sustituidos por los vivos y los gritos por las risas».
Antes de los años terribles de Víctor del Árbol.
En mi bautizo literario de Víctor del Árbol no he podido empezar mejor. Antes de los años terribles es una novela terrible, sí, sí, tal cual: terrible pero inolvidable. Nos adentra en una realidad que poco se habla para lo cruel que es, y toca varios temas que siempre me han interesado: los niños soldados, la persecución de los albinos en varios países de África, y la reconstrucción vital tras sufrir tales traumas.
Sin embargo, leer literatura así, tan honesta, real y necesaria, es lo que más me gusta aunque parezca contradictorio. Es la literatura que mueve, conmueve, y transforma conciencias. Es la literatura que da voz a los que se la han quitado, la que refleja y se adentra en las vidas de personas que sufren la crueldad más aberrante e incomprensible, el rechazo, los estigmas... Retrata la maldad humana que no tiene calificativos ni límites y que nos debería hacer recapacitar como seres humanos, como sociedad y como humanidad.
A través de sus protagonistas el autor nos habla del conflicto de Uganda en los años 90, conflicto que robó muchas infancias a niños y niñas usados como armas y objetos sexuales. También nos acerca a la persecución que sufrieron y sufren las personas albinas en muchos países africanos. Los albinos han sido tomados o como seres malignos o como amuletos atrayentes de poder, riqueza, etc. en ambas situaciones teniendo como resultado su persecución para mutilarles o asesinarles.
Víctor del Árbol nos relata la vida de Isaías Yoweri desde su feliz infancia, pasando por los años terribles, la reconstrucción de su vida en España y lo que vino después tras un reencuentro desafortunado. El autor nos conduce del presente al pasado de una forma magistral, llena de detalles, que nos hacen empatizar con los personajes que viven sucesos que seguramente hayan sido tal cual Victor nos los cuenta.
Este libro sirve para recordar lo que pasó, pero no podemos olvidar que sigue pasando. A día de hoy, a miles de niños y niñas se les sigue negando su infancia, se las han robado en medio de conflictos olvidados, y lo peor es que seguirá sucediendo porque la ambición humana no conoce fronteras, porque seguimos sin ver al otro como un igual, porque el dinero y el poder lo destruyen todo... Porque no nos levantamos a gritar ante las injusticias, porque no vemos (o no queremos ver) lo que no nos cuentan los medios de comunicación, ignoramos lo que pasa en otras partes del mundo... Por eso este tipo de libros son tan necesarios.
Creo que es imprescindible leer Antes de los años terribles, pero también es esencial no quedarnos únicamente en su lectura: debemos dar entre todos visibilidad a los conflictos olvidados, debemos apoyar a los que están sobre el terreno denunciando lo que ocurre, debemos ayudar a sensibilizar a la sociedad sobre los niños soldados y las personas albinas en África, tenemos que denunciar las injusticias aquí y allá, porque al final todos formamos parte de este planeta. Necesitamos comprender las vidas que arrastran otras personas y su derecho a recuperarlas, entenderíamos mejor por qué una persona se sube a una patera, por qué lucha hasta el final por encontrar un poco de paz y un futuro... Como cualquiera de nosotros.
Con este libro he descubierto a un autor que ya se queda conmigo, que volveré a leer en breve y al que agradezco enormemente esta novela tan realista, los libros así son los que cambian mentalidades y transforman vidas. Imprescindible, magnífico, inolvidable. Gracias, Victor.
<<Nuestra memoria serán los otros; ellos construirán el relato de lo que fuimos. Luego llegará el viento y el olvido. Como si no hubiéramos existido>>.
Y, sin embargo, estuvimos aquí.
👉 Os dejo algunos enlaces que os pueden interesar:
📌Enlaces sobre el albinismo: aquí y aquí.
📌Enlace sobre los niños soldados en Uganda aquí.
📌Entrevista a Víctor del Árbol sobre Antes de los años terribles aquí.
📌Qué pasó con los niños soldados secuestrados por Josef Kony aquí.
![]() |
| Nico Rost (no conozco el autor de la imagen) |
—Bonjour, ma cherie!
Ese verano nadie podía ver por completo mi cara de asombro. Carmen hablaba francés un millón de veces mejor que mi propia profesora (cosa que a mí me parecía imposible) y aquello me fascinaba. Yo tenía preparadas algunas frases para cuando la veía, pero me quedaba embobada escuchando su voz y ninguna palabra era capaz de articularse en mi boca.
Aquel verano de 2020 volvimos a Ronda, aunque la idea no era esa; cambio de planes como les pasó a otros. Tenía ocho años y podría recordar muchas cosas negras o grises que ocurrieron, pero entre mis padres y Carmen hicieron que mis recuerdos fueran diferentes... hasta que ocurrió aquello.
De todas las veces que fuimos a
ese camping la que más nítidamente evoco es esa, la última. Todo era
diferente, el mundo había cambiado, pero recuerdo con intensidad los sonidos de los
pájaros que mi madre intentaba imitar haciéndonos saltar a carcajadas, los
juegos en la piscina con mi padre que hacían que no solo yo fuera una niña; si
cierro los ojos puedo oler los aromas de los árboles que rodeaban nuestra
casita y, con un poco de esfuerzo, consigo rememorar el sabor de las frambuesas
recién recogidas. Recuerdo la dulce voz
de Carmen contándome historias sobre Antibes, enmarcándolas en campos violetas
y saboreándolas con 365 tipos de quesos. Nos tumbábamos debajo del gran roble
que daba sombra al porche y, mientras el sol se escabullía entre las ramas, nos
transportábamos en el aire.
Regresé mucho tiempo después.
Carmen me agarró de la mano al entrar al camping cinco años más tarde, cuando
por fin pudimos volver a salir al exterior tras la segunda oleada del virus y
las que vinieron... La naturaleza había fagocitado las construcciones de madera,
los espacios humanos, y había convertido nuestro lugar de vacaciones en su
santuario. Cerré los ojos al llegar a nuestra casa bajo el roble, que seguía
allí como testigo del paso de la destrucción y la enfermedad. Entonces, el aire
me hizo llegar la voz de mi madre imitando a los pájaros, la risa de mi padre… Pero también escuché sus toses, sus llantos calientes, un «a nosotros no», y su grito: «¡Carmen,
llevátela!».
—On y va, cherie?
Secó mis lágrimas, me abrazó. Su
mano volvió a sujetar la mía, gestos recuperados con timidez del baúl de las
cosas relegadas con la pandemia.
Carmen condujo cientos de
kilómetros con una sonrisa en los labios y un brillo húmedo en los ojos. Camino
a Antibes paramos en un recodo de la carretera. Había un pequeño monumento, una estatua en
la que una mujer abrazaba a unas niñas.
—¿Qué es, Carmen?
—La Résistance… Un homenaje a las mujeres que resistieron a la guerra, a las luchadoras… Y ahora, también, tu monumento, ya eres parte de la «Resistencia».
Carmen giró su rostro y, solo al
divisar los campos violetas que se extendían más allá del perfil del cielo, dejó escapar una lágrima.
![]() |
| Autor desconocido. |
![]() |
| El Palmar, abril 2019. |
Estoy haciendo cosas que nunca me había planteado, por ejemplo bailar zumba (pero de eso no pondré imágenes, jajaja). Gracias a @Karmenfalante (Instagram) mi hija y yo disfrutamos de lunes a jueves de una hora de baile, ritmo (en el caso de Emma, en el mío «des-ritmo») y muchas risas... ¡Qué gustazo!
También he retomado el gusto por los mándalas y así hemos hecho un reto con mi padre y mi hija. Los tres pintamos, votamos y nos ganamos la merienda. Y lo pasamos genial.
Además, como muchos de nosotros, he probado junto a mi familia, las aplicaciones de llamadas conjuntas, y la verdad es que te hacen sentir más cerca de los tuyos, y te provocan muchas ganas de ir a darles un abrazo. ¡Cuántos nos estamos guardando!
Pero, como os decía, gran parte del tiempo intento leer. Me ayuda muchísimo a no pensar en lo que hay fuera, tras traspasar la puerta de casa. Me ayuda mucho a no «futurizar», tan habitual en mí. Me ayuda a mantenerme cuerda aunque a veces no sea fácil evitar dejarse arrastrar por las malas noticias. ![]() |
| Gerena, 26 de abril, primer paseo. |
![]() |
| La luz de El Palmar. Abril 2019. |
![]() |
| Ría de Huelva, 25 de diciembre de 2019. |
![]() |
| Parque de El Alamillo, 24 de diciembre de 2019. |