sábado, 17 de diciembre de 2022

Leamos el mundo




Librería Desnivel, Madrid, agosto 2022.

«Cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso»
Chimamanda Ngozi Adichie. 

Se va acabando este 2022 en el que he leído 66 libros (serán 67 con el que tengo entre manos) de 33 países diferentes. Se lleva la palma nuestro país, claro, del que he leído 23 libros (24 con el actual), pero también he leído libros cuyos autores/as procedían de países tan dispares como Mauritania, Japón, Turquía, India, Sudáfrica, Argentina, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Belice, China, México, Ghana, Costa de Marfil, Mozambique, Etiopía, Angola, Noruega, Colombia, Ecuador, Uruguay, Tanzania o Nigeria entre otros.

No es un consejo ni nada que se le parezca, es solo una idea o, más bien, una propuesta: «Leamos el mundo». Leamos el mundo porque no estamos solos en él, porque somos parte de la humanidad, como decía John Donne «ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad». Sin embargo, se nos olvida.  

Una de las charlas TED que más me han impactado nunca es la que realizó la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie en el año 2009: la maravillosa El peligro de la historia única  que es absolutamente recomendable. En ella Chimamanda nos habla del riesgo de tener en cuenta solo una parte de la historia, quedarnos solo con una perspectiva de lo que ocurre en este planeta, porque así nos quedamos con una idea parcial, sesgada, y, con mucha probabilidad, fuente de prejuicios. 

«La consecuencia de la historia única es esta: roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana, enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes».

Por eso creo que es tan importante, urgente y primordial «leer el mundo» en un mundo como el que tenemos, un mundo en guerra, con muchos conflictos olvidados porque parece que no tenemos nada que ver ni con sus muertos, ni con sus consecuencias, con una humanidad cada vez más deshumanizada, separada y rota.

Por fortuna, cada vez más nos llegan voces de otros países, no sin dificultad, ya que es complicado que se traduzcan libros procedentes de países africanos, por ejemplo. Como no soy ninguna especialista en la materia os recomiendo seguir en sus redes sociales a Federico Vivanco y Chema Caballero para conocer lo que se cuece a nivel literario y cultural en el continente africano. También os recomiendo muchísimo la colección «Libros del Baobab» que nos está trayendo literatura africana nunca antes traducida al castellano, un verdadero privilegio. 

«Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han utilizado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla».

Lee a Chinua Achebe y su inolvidable Todo se desmorona, a Chimamanda y su brillante Americanah, o a Aminatta Forna y su hermosa La memoria del amor, y comprenderás mejor lo que Ngozi Adichie nos quiere decir con su clamor por no dejar de lado ninguna historia, ninguna perspectiva.

Este año he intentado recorrer los cinco continentes a través de la literatura y me ha fascinado lo que he encontrado, que viene a ratificar lo mismo que he pensado cuando he tenido la oportunidad de viajar y conocer otras culturas o de encontrarme con personas de otras nacionalidades: es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa; son muchas más nuestras similitudes que nuestras diferencias. Las historias son universales vengan del rincón del mundo del que vengan; todos hablamos de los mismos temas porque están enraizados en la esencia del ser humano: el amor y el desamor, la pérdida, el odio, la muerte, los anhelos, la supervivencia, el dolor... 

Me gustaría dejaros algunos de los libros que más me han gustado este año procedentes de otros países, por si os apetece leerlos:

  • Estoy solo, de Beyrouk. Mauritania. 
  • El minero, de Natsume Sóseki. Japón.
  • La mujer del pelo rojo, de Orhan Pamuk. Turquía.
  • El vagón de las mujeres, de Anita Nair. India.
  • Zuleijá abre los ojos, de Guzel Yájina. Rusia.
  • Kim Ji-young, nacida en 1982, de Cho Nam-joo. Corea del Sur.
  • La leyenda de las ballenas, de Witt Ihimaera. Nueva Zelanda.
  • ¡Vivir!, de Yu Hua. China.
  • Nirliit, de Juliana Léveillé-Trudel. Canadá.
  • Volver a casa, de Yaa Gyasi. Ghana.
  • Camarada papá, de Gauz. Costa de Marfil.
  • Neighbours, de Lilia Momplé. Mozambique.
  • Esta herida llena de peces, de Lorena Salazar Masso. Colombia.
  • Trajiste contigo el viento, de Natalia Garcia Freire. Ecuador.
  • Mugre rosa, de Fernanda Trías. Uruguay.
  • Paraíso, de Abdulrazak Gurnah. Tanzania.
  • La promesa, de Damon Galgut. Sudáfrica.
  • La muerte de Vivek Oji, de Akwaeke Emezi. Nigeria.


Creo que la literatura, al igual que el arte en general, es una arma magnífica para unirnos y comprendernos. Leamos literatura hecha en nuestro país, pero también demos la oportunidad (y démonos la oportunidad) de disfrutar de otras miradas, otras voces, otras historias, que enriquezcan nuestra forma de ver el mundo que todos habitamos. 

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí. 
Te deseo una Feliz Navidad llena de sosiego y lecturas. 
Un abrazo muy fuerte. 




PD: Todos las citas proceden de la charla TED (luego convertida en ensayo en papel) El peligro de la historia única de Chimamanda Ngozi Adichie.

Te dejo por aquí la foto de mi «Mapa de lecturas 2022» por si te animas conmigo a recorrer el mundo leyendo en 2023. A mí me ha servido mucho para ser consciente de dónde provienen los libros que leo. 



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