¿Y si la mejor forma de resistir es través del arte, del amor, de las buenas acciones, de las palabras? ¿Y si es verdad que la mayor protesta no es un grito, sino un verso (o una pintura, un dibujo, una escultura, una película o una canción)? ¿Y si podemos hacer las cosas de otra manera?
David Cantero, en Las tardes de RNE. 10/07/26.
«No quiero convertirme en un miserable, no quiero permanecer impasible, no quiero esconderme y ser un cobarde, no quiero volverme insensible, no quiero mirar callado como el mal avanza ante la indolencia de los que deambulan extraviados en la decadencia moral.
No cabe la neutralidad ante la amenaza de los que añoran dictaduras y guerras, los del siniestro aguilucho, los de la misoginia y la homofobia, los del machismo y el racismo. No sirve la equidistancia ante las injusticias, no vale la pasividad ante los que causan sufrimiento, ni la indiferencia ante la oscura sombra que se cierne ante esta sociedad adormecida, amodorrada.
No quiero dejar de conmoverme, de emocionarme, de inquietarme, no quiero mirar hacia otro lado, no quiero que me de igual, no quiero perder la poca esperanza que me queda, no quiero dejar de buscar la verdad, no quiero dejar de apreciar lo que es injusto, no quiero dejar de combatir la perversidad, no quiero permitir que me arrebaten la rebeldía, las ganas de cambiar lo que no está bien, de luchar contra lo que nos corrompe y nos pervierte.
No quiero quedar impávido ante los siniestros, acobardarme ante los malvados, encogerme de hombros, hacerme un ovillo y enterrarme hasta que pase lo peor. No quiero olvidar, quiero recordar con detalle todo lo que sucedió para no volver a caer en ello.
Quiero sumergirme en los confines del océano, bucear hasta el fondo y desenterrar todo lo que queda de aquel que fui, de aquel que no se rindió ni se rendirá, encontrar todo aquello que me hizo ser quien soy, como soy.
No quiero tener que arrepentirme de no haber hecho, de no haber dicho, de no haber sabido, de no haber escuchado. No quiero convertirme en madera podrida como tantos. No quiero ser lo que ellos quieren que sea, no quiero que la vida deje de ser lo que debe de ser la vida. No quiero renunciar a ser libre y bueno, no quiero plegarme ante su opresión y su estupidez, ante el pernicioso declive que pregonan sin reparos. No quiero naufragar en ese mar mugriento, no quiero ser como ellos, siquiera parecerme un poquito.
Quiero seguir alentando la libertad, la sensatez, la bondad y la compasión. No quiero caer en ese pozo de amarga indiferencia, en su ciénaga de odio y crueldad.
No quiero perder el sentido de la honestidad y la injusticia. No quiero mirar con apatía como con sus botas lo aplastan todo. No quiero permanecer sin hacer nada. No quiero conformarme con malvivir en medio de esa zozofra, de esa incertidumbre. No quiero ahogarme entre los restos del tremendo naufragio que vimos venir impásibles, inútiles, incapaces, impotentes, indiferentes, sin hacer absolutamente nada.
Seguiré haciendo lo que haga falta para que esta vida siga mereciendo la pena ser vivida sin miedo y con alegría».
Al final no estamos solos.

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