lunes, 4 de marzo de 2019

Irène y el asesinato de la literatura



«Mi misión es contar la historia y entonces que tú decidas qué quieres hacer. Mi misión es estar seguro de que nadie pueda decir: yo no lo sabía». Yannis Behrakis. 


Terminé de leer Suite francesa al mismo tiempo que me enteraba del fallecimiento del brillante fotoperiodista Yannis Behrakis a causa de un cáncer. Este hombre retrató con su cámara muchos de los conflictos que han asolado y asolan el mundo a lo largo de varias décadas. Cuando me enteré de la noticia sentí, irremediablemente, como Yannis e Irène tuvieron la misma misión y visión de lo que pasaba en nuestro planeta con casi 80 años de diferencia. Decidieron dejar testimonio de lo que vivían como legado para las generaciones venideras, para agitar conciencias, para, por qué no, crear un mundo mejor.  

Sin embargo, han transcurrido 77 inviernos desde el asesinato de Irène en Auschwitz y la realidad es que poco hemos aprendido, pocas cosas han cambiado. Quizás el papel con el que escribimos, los sistemas fotográficos, la forma de plasmar la realidad,... Pero la verdad es que «las tempestades» siguen siendo las mismas...

Yannis Behrakis. Albaneses huyen de los combates en Patina, cerca de Pristina.


Un libro en una maleta.

Cuando uno se sumerge en un libro no solo se adentra en una historia, si no que también se acerca al autor/a y a su propia vida. En el caso de Suite francesa es imprescindible leer sobre los acontecimientos que rodearon esta novela y a su autora. 

Suite francesa es una novela inconclusa. Fueron las ideas y los actos extremistas los que no permitieron que Irène la terminara y únicamente podamos disfrutar de la mitad de lo que ella tenía proyectado. El manuscrito de este libro sobrevivió a la barbarie encerrado en una maleta en el que viajaba protegido por las hijas de Irène y su tutora. 60 años después, las niñas convertidas en mujeres, tuvieron la suficiente fuerza para recuperarlo, y darse cuenta de que no eran simples notas de su madre. Era una novela brillante y arrebatadora. Hasta 2004, 62 años después de la muerte de su autora, no surgió de las sombras. Sobre su historia puedes leer más aquí.


Autor desconocido. Imagen del éxodo de París, 1940.

Instrucciones para sobrevivir en situaciones desesperadas.


Me habían recomendado esta joya en muchas ocasiones, pero conociendo la temática quería esperar a que mi espíritu estuviera preparado. Lo que podemos leer está dividido en dos partes: Tempestad en junio y Dolce. En la primera parte, la autora nos narra la huida de los parisinos cuando la llegada de los alemanes es inminente. A través de los retratos de diversas familias y personajes nos conduce hasta las mejores y las peores facetas del ser humano, dejándonos escenas que nos pueden servir como apoyo en situaciones desesperadas. No puedo dejar de reproducir aquí algunos de esos escenarios que han quedado grabados para siempre en mi memoria.

«Una existencia de tan angustiosa incertidumbre sólo es soportable si se vive al día, si cuando cae la noche uno se dice: "Otras veinticuatro horas en las que no ha pasado nada especialmente grave, gracias a Dios. Veremos mañana"».

«Todo era superior a sus fuerzas, de modo que sólo podía quedarse tranquilamente donde estaba y esperar».

«(...) ocurre como en la naturaleza: a un periodo de calma le sucede la tempestad, que tiene su comienzo, su punto culminante y su final, y a la que siguen otros periodos de tranquilidad más o menos largos. Por desgracia para nosotros, hemos nacido en un siglo de tempestades, eso es todo. Pero al final se apaciguarán».

De Suite francesa.
No tengo dudas de que leer estos párrafos en momentos de incertidumbre, agobio, ansiedad en situaciones difíciles, pueden ayudar a una persona a comprender que, como dice Maurice, «lo primero es vivir», incluso dejando atrás el hogar y los recuerdos.

En Dolce Irène nos sumerge en la vida de los franceses durante la propia ocupación alemana. Nos describe como los soldados nazis conviven con los habitantes del centro de Francia, e intenta que veamos más allá de los uniformes y la maldad sembrada. Me pregunto si la autora hubiera cambiado esta parte si hubiera sabido su trágico final, si hubiera intuido la nula piedad que los nazis tuvieron con ella y con su familia. Su marido también fue asesinado, dejando a dos niñas huérfanas. 

Historias que se repiten. 


No sé si en todas las ediciones ocurre igual pero en la mía aparece al final un apartado que recoge las notas de Irène sobre el proyecto que tenía en mente. Quería construirlo como si fuera una suite musical. Una de estas notas llamó poderosamente mi atención: 

«2 de junio de 1942: no olvidar nunca que la guerra acabará y que toda la parte histórica palidecerá. Tratar de introducir el máximo de cosas, de debates... que puedan interesar a la gente en 1952 o en 2052».

Sin duda consiguió su objetivo. Las reflexiones que provoca este libro, tanto por la realidad que narra (tan semejante a la que vivimos en muchos rincones de nuestro mundo en 2019) como por los conflictos emocionales y el afán de supervivencia de sus personajes seguirán de actualidad en 2052 y posteriormente.

A lo largo de la historia, además, son numerosos los casos de escritores, pintores, músicos, etc. que perecieron o sufrieron vejaciones a manos de la intolerancia y la deshumanización. 

Quería acabar esta entrada recordando el caso actual de Behrouz Boochani, periodista, refugiado kurdoiraní, detenido desde 2013 en la isla de Manus, por intentar entrar en Australia sin visa. Durante su detención ha escrito el libro Sin amigos, pero con las montañas mediante mensajes de whatsapp que enviaba a su editor. Ha sido galardonado con uno de los premios más generosos de Australia, sin embargo, no ha podido acudir a recogerlo. Sigue detenido por el mismo país que reconoce su valor literario.  Aquí tienes más información sobre este caso. Por desgracia, estoy segura de que la literatura y la creación artística seguirán siendo asesinadas y maltratadas a manos de los cobardes, de los miedosos, de las mentes reducidas y del odio al diferente. 

Por mi parte, seguiré leyendo a Irène... Permanecerá siempre como una de mis escritoras favoritas, impregnada en mi memoria y en mi alma, y no olvidaré que a pesar de todo, de las atroces que puedan ser las circunstancias, «vivir es lo primero». 


martes, 19 de febrero de 2019

Cuando ya no puedo más


Cuando ya no puedo más
es tu mano la que atraviesa la nube negra que pesa sobre mi cabeza
y no permite que la lluvia golpee mis mejillas.

Cuando ya no puedo más
tu voz rompe los barrotes de mi mente,
desmadeja mis pensamientos
y me salva de la locura.

Cuando ya no puedo más
regresas desde la claridad
para abrazarme en la oscuridad
y solo tu tacto es capaz de devolverme la cordura.

Cuando ya no puedo más
tu luz me alumbra,
me transmite tu calor
y entonces tengo la esperanza de no morir mañana.

Cuando ya no puedo más
es tu amor el que me salva,
el que me consuela,
el que no me suelta,
el que me promete que la soledad nunca me encontrará.

lunes, 11 de febrero de 2019

La mujer que leía




Aquella mujer leía a cada instante; incluso cuando no estaba leyendo, leía.

Leía en los recovecos escondidos entre las horas y el transcurrir de los días.

Leía suspendida del borde de la incertidumbre, enlazada en los recuerdos de los instantes perdidos o convertida en equilibrista de un futuro ajeno.

Leía cuando no leía, jugando con su hija, sumergida en el trabajo inhóspito que la consumía o cuando reflejaba una mirada que hacía tiempo que no era suya.

Leía sin leer, rasgando la verdura de la cena o seccionando el pan del desayuno.

Leía cuando lloraba, cuando no podía respirar, cuando dormía sin dormir, cuando amaba imperturbable o cuando sonreía inconsciente.

Leía para vivir o para morir: intacta, callada, discreta, invisible.

Leía incluso cuando se perdía en el tumulto de las palabras, entre las fibras del papel, entre la tinta y el aroma de las hojas.

Leía para volverse a ver, para recuperar su alma, reconocer sus ojos, sus labios, su voz.

Leía porque solo cuando leía volvía a encontrarse.

lunes, 28 de enero de 2019

Chimamanda o cómo no caer en los estereotipos



«Cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso».
Chimamanda Ngozi Adichie. 


Hace ya unos cuantos años, mientras estudiaba el Máster de Ayuda Humanitaria, nuestro profesor Carlos Martín Beristain nos propuso un ejercicio. En un lado de la clase nos colocaríamos los alumnos que pensáramos que todas las personas valen lo mismo y, al otro lado, los alumnos que creyéramos que no todas las personas tienen el mismo valor. ¿Dónde te colocarías tú? ¿Dónde me coloqué yo? ¿Todas las personas tenemos el mismo valor? Han pasado unos diecisiete años y  puedo decir que, ahora mismo, no me pondría en el mismo lado en el que me situé en aquel momento...

El desgraciado accidente que ha sufrido el pequeño Julen nos ha tenido a todos agitados, inquietos, enfurecidos. Incluso mi hija no ha podido escapar de la vorágine informativa que ha supuesto este triste suceso: lo han comentado en clase, en casa ha estado preguntado por él... Una tragedia difícil de olvidar.

Sin embargo, al mismo tiempo se tiene constancia de que varias embarcaciones con niños a bordo surcaban el mar en el que nos hemos bañado infinidad de veces sin que se permita su rescate. La escritora Lucía Extebarría, que no es santa de mi devoción, explicaba claramente en este artículo este doble rasero o, si se prefiere, esta hipocresía o doble moral.

No debemos creernos una sola historia


En estos momentos vivo con Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie siempre cerquita. En esta novela nos relata las vivencias de la joven Ifemelu a su llegada a Estados Unidos procedente de Nigeria... Contemplamos cómo es rechazada hasta llegar a poner en peligro su propia identidad.

Esta autora se ha convertido en una de mis escritoras favoritas, no solo por cómo cuenta lo que cuenta, sino por su labor y empeño en hacernos abrir los ojos. Y es que es muy peligroso creernos y asumir una única historia, una sola perspectiva (la nuestra) y no tener en cuenta otras historias, otras vivencias.



Contar una sola historia de las cosas, quedarnos con un solo punto de vista, una sola idea de la sociedad o de los seres humanos, nos lleva, irremediablemente, a construir estereotipos, generalizaciones, que no reflejan la realidad e incluso pueden causar rechazo, exclusión y marginación hacia ciertas personas.

Gracias a autoras como Chimamanda o Aminatta Forna (maravillosa su La memoria del amor) podemos conocer otras realidades de nuestra época, podemos mirar y empatizar con sus personajes, y «vivir» su existencia desde el lado que no solemos ver. De esta forma podemos acompañarlas en su misión de dar a conocer otras historias distintas pero que forman parte del mundo que compartimos. Quizás así recordemos que todos los seres humanos tenemos el mismo derecho de vivir en libertad, de buscar un futuro mejor para nuestras familias, de sobrevivir y de ser rescatados de un pozo o del mar. Y luchar para que esto cambie.

En conclusión, os invito a leer a autores de distintas procedencias para conocer diferentes perspectivas del feminismo, de la economía y, en general, de los problemas que nos acucian como humanidad. Recientemente he descubierto a la antillana Maryse Condé gracias a su Corazón que ríe, corazón que llora (delicioso compendio de relatos sobre su infancia y juventud). Y siempre recomendaré a Chinua Achebe, el enorme escritor nigeriano, y su Todo se desmorona, novela que todos deberíamos leer para comprender un poco más la realidad africana antes de la llegada del hombre blanco.

En mis pensamientos el propósito de huir de la «historia única» y que, algún día, todos nos pongamos, y con razón, en el lado del aula donde todas las personas tenemos el mismo valor. 


  

lunes, 7 de enero de 2019

En los días en los que me muero






En los días en los que me muero, recuerdo el día en el que nací. Era primavera, pero parecía invierno. La lluvia golpeaba la ventana amortiguando la voz serena de mi madre que me llamaba. Evoco sus suaves palabras y vuelvo a nacer, a reconfortarme en su abrazo, a ser una niña.

En los días en los que la siguiente respiración será la última, vuelvo a casa, a buscarla por los pasillos tropezándome con mis juegos. Me encuentro con su mirada, su piel y su aliento, y comprendo que otro día más es posible, que la vida es capaz de continuar con ella a mi lado.

En los días en los que la existencia se me agota, vuelo hacia mi madre y corro tras ella sintiendo la hierba en mis pies desnudos. La alcanzo en la eternidad, respirando su olor a cebolla fresca, riendo con su risa, volviendo a sentir mi alma.

En los días en los que me muero, recuerdo el día en el que nací. Era primavera, y yo no tenía nombre. Quizás sigo sin tenerlo… Sigo siendo una criatura en el vientre de mi madre, floto en su agua, me acuno en el vaivén y sé que, cuando quiera nacer, siempre podré volver.


Dedicado con todo mi amor a mi madre.

sábado, 5 de enero de 2019

La vida a veces



La vida a veces contenida en un chasquido de dedos, en un largo bostezo, en el cambio de luz del semáforo o en el pasar de una hoja.

La vida que te agita cuando menos lo esperas, que te sacude una y otra vez, que te envuelve en su abrazo o te escupe en la cara.

La vida impredecible como el oleaje en la arena y el viento caprichoso; no deja que rebobines, no permite que comiences de nuevo, ni que regreses a la casilla de salida; siempre serás otra, distinta, otra...

La vida no dejará de recordarte lo que realmente importa, lo que perdurará cuando seamos cenizas, aunque para ello haga que las lágrimas se sequen en tu rostro.

Mi vida es el instante que dura tu voz, tu abrazo, tu mirada sobre la mía, tu sabiduría de niña, tu puro amor, tu aliento protector.

La vida, tú, mi vida.


Dedicado con amor a mi hija.

jueves, 29 de noviembre de 2018

¡Quiero ser biblioterapeuta!



"Un buen libro te acuna, te aconseja, te consuela... Se convierte en tu mejor amigo, tu hermano, en las noches oscuras del alma." 
www.paracuidadores.com


Siempre digo que mi salvavidas, literalmente hablando, es una niña de casi siete años que desborda amor y dulzura por todos su poros. Ella, mi compañero de vida, mi familia y mis amigos verdaderos, son mi sostén y mi red cuando me caigo.

Pero los libros... Los libros son mis grandes aliados, mis amigos eternos, mis confidentes, nunca fallan. No concibo, sobre todo los últimos años, mi vida sin un libro en las manos, deseosa siempre de tenerlos conmigo, de rascar tiempo al tiempo y sumergirme en sus palabras. Una obsesión. La ficción me ha ayudado, y me ayuda, a enfrentar la realidad que a veces se pone revoltosa y antipática. 

Gracias a ellos he descubierto mi nueva vocación: ¡Quiero ser biblioterapeuta! 😊 Como sabes mi profesión es la terapia ocupacional, esa gran desconocida entre las profesiones sanitarias que se ocupan de que las personas con las que trabajamos sean lo más autónomas posibles. Ya en el desarrollo de mi trabajo en ocasiones, ante mis pacientes y sus familiares, les he recomendado la lectura de uno u otro libro, y no solo de libros de autoayuda es de lo que estoy hablando. 

Gracias a un artículo que escribí para nuestro proyecto www.paracuidadores.com (puedes leer el artículo aquí), descubrí un libro sin el cual ya no puedo vivir. ¿Cómo he pasado estos 41 años de vida sin él? 😅 Realmente es un libro especial, original y único. "Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con libros" viene a refrendar lo que yo ya intuía.

En el 2017, cosa que prácticamente no había hecho antes, leí una cantidad ingente de libros llamados de "autoayuda". Algunos me sirvieron realmente, otros solo para frustrarme. Pero eso sí, entre lo que leí y lo que la vida me ha ido enseñando, me quedo con dos cosas que me siguen ayudando: (1) La importancia de vivir el ahora y (2) no avanzar lo que puede pasar en el futuro, todo cambia en el tiempo que dura un chasquido de dedos. 

En 2018 llevo leídos algo más de cincuenta libros, prácticamente todos novelas de ficción y algunas historias reales. No tengo ninguna duda de que me han servido mucho más que todos los libros de autoayuda que leí en 2017, incluyendo los que pienso que de algo me fueron útiles. 

En el prólogo del libro que os comparto hoy sus autoras nos cuentan de este modo de qué trata su manual:

"Sea como sea, las novelas tienen la capacidad de transportarte a otra vida y hacerte ver el mundo desde otra perspectiva. Cuando estás enfrascado en una novela, incapaz de despegar la mirada de sus páginas, estás viendo lo que ve un personaje, tocando lo que toca, aprendiendo lo que aprende. Quizá creas que estás sentado en el sofá de tu salón, pero las partes más importantes de tu ser —tus pensamientos, tus sentidos, tu espíritu— se encuentran en un lugar completamente distinto. «Para mí leer a un autor no es solamente entender lo que dice, sino ponerme en marcha con él y viajar en su compañía», dijo André Gide. Nadie regresa de un viaje como ese siendo la misma persona. (...)
Sea cual sea tu dolencia, nuestras recetas son muy sencillas: una novela (o dos) que deberás leer a intervalos regulares. Algunos tratamientos te curarán por completo. Otros simplemente te ofrecerán consuelo, mostrándote que no estás solo. Todos ellos calmarán temporalmente tus síntomas, debido al poder de la literatura para distraernos y transportarnos".

Este año llevo vividas cincuenta y tantas vidas diferentes, algunas de las cuales se asemejaban mucho a la mía. "Desde el mirador" de Clara Sánchez parecía hablar de la misma historia que yo vivía en el mismo momento con la operación de mi madre y mis viajes en tren del hospital a casa, de los pasillos del hospital de noche, y del dolor de ver a mi madre convaleciente. La historia de "La semilla de la bruja" de Margaret Atwood me sirvió para comprender que, a pesar de las grandes caídas que puede uno sufrir en la vida, es posible recomponerse y, quizás, encontrar un mejor camino que el que a priori teníamos marcado. Con "Todo se desmorona" del maravilloso Chinua Achebe, comprendí la importancia de ver las historias desde diferentes prismas, de saber que no podemos hacer caso a una historia única. ¿Y qué decir de Stoner? Creo que le he tenido pegado a mí, palpitando y respirando a mi lado, mostrándome su estoicismo y el poder de las pequeñas cosas. Y podría seguir hablando así de la mayoría de las libros que he tenido la fortuna de leer este año.

Lo dicho, a parte de terapeuta ocupacional (que ya soy), correctora editorial (para lo que estoy en proceso de formación), escritora (me río yo), ahora también quiero ser "biblioterapeuta", y mostrar a las personas el poder, gigantesco, de la literatura. 


«Uno se libera de sus enfermedades vertiéndolas en los libros; vuelve a presentar y a experimentar sus sentimientos para así dominarlos». 
D.H. Lawrence.