"No tienes por qué escribir sobre héroes que llevan a cabo actos memorables y extraordinarios". Raymond Carver.
martes, 19 de febrero de 2019
Cuando ya no puedo más
Cuando ya no puedo más
es tu mano la que atraviesa la nube negra que pesa sobre mi cabeza
y no permite que la lluvia golpee mis mejillas.
Cuando ya no puedo más
tu voz rompe los barrotes de mi mente,
desmadeja mis pensamientos
y me salva de la locura.
Cuando ya no puedo más
regresas desde la claridad
para abrazarme en la oscuridad
y solo tu tacto es capaz de devolverme la cordura.
Cuando ya no puedo más
tu luz me alumbra,
me transmite tu calor
y entonces tengo la esperanza de no morir mañana.
Cuando ya no puedo más
es tu amor el que me salva,
el que me consuela,
el que no me suelta,
el que me promete que la soledad nunca me encontrará.
lunes, 11 de febrero de 2019
La mujer que leía
Aquella mujer leía a cada instante; incluso cuando no estaba
leyendo, leía.
Leía en los recovecos escondidos entre las horas y el
transcurrir de los días.
Leía suspendida del borde de la incertidumbre, enlazada en
los recuerdos de los instantes perdidos o convertida en equilibrista de un
futuro ajeno.
Leía cuando no leía, jugando con su hija, sumergida en el
trabajo inhóspito que la consumía o cuando reflejaba una mirada que hacía
tiempo que no era suya.
Leía sin leer, rasgando la verdura de la cena o seccionando
el pan del desayuno.
Leía cuando lloraba, cuando no podía respirar, cuando dormía
sin dormir, cuando amaba imperturbable o cuando sonreía inconsciente.
Leía para vivir o para morir: intacta, callada, discreta,
invisible.
Leía incluso cuando se perdía en el tumulto de las palabras, entre las
fibras del papel, entre la tinta y el aroma de las hojas.
Leía para volverse a ver, para recuperar su alma, reconocer
sus ojos, sus labios, su voz.
Leía porque solo cuando leía volvía a encontrarse.
lunes, 28 de enero de 2019
Chimamanda o cómo no caer en los estereotipos
«Cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso».
Chimamanda Ngozi Adichie.
Hace ya unos cuantos años, mientras estudiaba el Máster de Ayuda Humanitaria, nuestro profesor Carlos Martín Beristain nos propuso un ejercicio. En un lado de la clase nos colocaríamos los alumnos que pensáramos que todas las personas valen lo mismo y, al otro lado, los alumnos que creyéramos que no todas las personas tienen el mismo valor. ¿Dónde te colocarías tú? ¿Dónde me coloqué yo? ¿Todas las personas tenemos el mismo valor? Han pasado unos diecisiete años y puedo decir que, ahora mismo, no me pondría en el mismo lado en el que me situé en aquel momento...
El desgraciado accidente que ha sufrido el pequeño Julen nos ha tenido a todos agitados, inquietos, enfurecidos. Incluso mi hija no ha podido escapar de la vorágine informativa que ha supuesto este triste suceso: lo han comentado en clase, en casa ha estado preguntado por él... Una tragedia difícil de olvidar.
Sin embargo, al mismo tiempo se tiene constancia de que varias embarcaciones con niños a bordo surcaban el mar en el que nos hemos bañado infinidad de veces sin que se permita su rescate. La escritora Lucía Extebarría, que no es santa de mi devoción, explicaba claramente en este artículo este doble rasero o, si se prefiere, esta hipocresía o doble moral.
No debemos creernos una sola historia
En estos momentos vivo con Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie siempre cerquita. En esta novela nos relata las vivencias de la joven Ifemelu a su llegada a Estados Unidos procedente de Nigeria... Contemplamos cómo es rechazada hasta llegar a poner en peligro su propia identidad.
Esta autora se ha convertido en una de mis escritoras favoritas, no solo por cómo cuenta lo que cuenta, sino por su labor y empeño en hacernos abrir los ojos. Y es que es muy peligroso creernos y asumir una única historia, una sola perspectiva (la nuestra) y no tener en cuenta otras historias, otras vivencias.
Esta autora se ha convertido en una de mis escritoras favoritas, no solo por cómo cuenta lo que cuenta, sino por su labor y empeño en hacernos abrir los ojos. Y es que es muy peligroso creernos y asumir una única historia, una sola perspectiva (la nuestra) y no tener en cuenta otras historias, otras vivencias.
Contar una sola historia de las cosas, quedarnos con un solo punto de vista, una sola idea de la sociedad o de los seres humanos, nos lleva, irremediablemente, a construir estereotipos, generalizaciones, que no reflejan la realidad e incluso pueden causar rechazo, exclusión y marginación hacia ciertas personas.
Gracias a autoras como Chimamanda o Aminatta Forna (maravillosa su La memoria del amor) podemos conocer otras realidades de nuestra época, podemos mirar y empatizar con sus personajes, y «vivir» su existencia desde el lado que no solemos ver. De esta forma podemos acompañarlas en su misión de dar a conocer otras historias distintas pero que forman parte del mundo que compartimos. Quizás así recordemos que todos los seres humanos tenemos el mismo derecho de vivir en libertad, de buscar un futuro mejor para nuestras familias, de sobrevivir y de ser rescatados de un pozo o del mar. Y luchar para que esto cambie.
En conclusión, os invito a leer a autores de distintas procedencias para conocer diferentes perspectivas del feminismo, de la economía y, en general, de los problemas que nos acucian como humanidad. Recientemente he descubierto a la antillana Maryse Condé gracias a su Corazón que ríe, corazón que llora (delicioso compendio de relatos sobre su infancia y juventud). Y siempre recomendaré a Chinua Achebe, el enorme escritor nigeriano, y su Todo se desmorona, novela que todos deberíamos leer para comprender un poco más la realidad africana antes de la llegada del hombre blanco.
En mis pensamientos el propósito de huir de la «historia única» y que, algún día, todos nos pongamos, y con razón, en el lado del aula donde todas las personas tenemos el mismo valor.
lunes, 7 de enero de 2019
En los días en los que me muero
En los días en los que me muero, recuerdo el día en el que
nací. Era primavera, pero parecía invierno. La lluvia golpeaba la ventana
amortiguando la voz serena de mi madre que me llamaba. Evoco sus suaves
palabras y vuelvo a nacer, a reconfortarme en su abrazo, a ser una niña.
En los días en los que la siguiente respiración será la
última, vuelvo a casa, a buscarla por los pasillos tropezándome con mis juegos.
Me encuentro con su mirada, su piel y su aliento, y comprendo que otro día más
es posible, que la vida es capaz de continuar con ella a mi lado.
En los días en los que la existencia se me agota, vuelo
hacia mi madre y corro tras ella sintiendo la hierba en mis pies desnudos. La
alcanzo en la eternidad, respirando su olor a cebolla fresca, riendo con su
risa, volviendo a sentir mi alma.
En los días en los que me muero, recuerdo el día en el que
nací. Era primavera, y yo no tenía nombre. Quizás sigo sin tenerlo… Sigo siendo
una criatura en el vientre de mi madre, floto en su agua, me acuno en el vaivén
y sé que, cuando quiera nacer, siempre podré volver.
sábado, 5 de enero de 2019
La vida a veces
La vida a veces contenida en un chasquido de dedos, en un largo bostezo, en el cambio de luz del semáforo o en el pasar de una hoja.
La vida que te agita cuando menos lo esperas, que te sacude una y otra vez, que te envuelve en su abrazo o te escupe en la cara.
La vida impredecible como el oleaje en la arena y el viento caprichoso; no deja que rebobines, no permite que comiences de nuevo, ni que regreses a la casilla de salida; siempre serás otra, distinta, otra...
La vida no dejará de recordarte lo que realmente importa, lo que perdurará cuando seamos cenizas, aunque para ello haga que las lágrimas se sequen en tu rostro.
Mi vida es el instante que dura tu voz, tu abrazo, tu mirada sobre la mía, tu sabiduría de niña, tu puro amor, tu aliento protector.
La vida, tú, mi vida.
Dedicado con amor a mi hija.
jueves, 29 de noviembre de 2018
¡Quiero ser biblioterapeuta!
"Un buen libro te acuna, te aconseja, te consuela... Se convierte en tu mejor amigo, tu hermano, en las noches oscuras del alma."
www.paracuidadores.com
Siempre digo que mi salvavidas, literalmente hablando, es una niña de casi siete años que desborda amor y dulzura por todos su poros. Ella, mi compañero de vida, mi familia y mis amigos verdaderos, son mi sostén y mi red cuando me caigo.
Pero los libros... Los libros son mis grandes aliados, mis amigos eternos, mis confidentes, nunca fallan. No concibo, sobre todo los últimos años, mi vida sin un libro en las manos, deseosa siempre de tenerlos conmigo, de rascar tiempo al tiempo y sumergirme en sus palabras. Una obsesión. La ficción me ha ayudado, y me ayuda, a enfrentar la realidad que a veces se pone revoltosa y antipática.
Gracias a ellos he descubierto mi nueva vocación: ¡Quiero ser biblioterapeuta! 😊 Como sabes mi profesión es la terapia ocupacional, esa gran desconocida entre las profesiones sanitarias que se ocupan de que las personas con las que trabajamos sean lo más autónomas posibles. Ya en el desarrollo de mi trabajo en ocasiones, ante mis pacientes y sus familiares, les he recomendado la lectura de uno u otro libro, y no solo de libros de autoayuda es de lo que estoy hablando.
Gracias a un artículo que escribí para nuestro proyecto www.paracuidadores.com (puedes leer el artículo aquí), descubrí un libro sin el cual ya no puedo vivir. ¿Cómo he pasado estos 41 años de vida sin él? 😅 Realmente es un libro especial, original y único. "Manual de remedios literarios. Cómo curarnos con libros" viene a refrendar lo que yo ya intuía.
En el 2017, cosa que prácticamente no había hecho antes, leí una cantidad ingente de libros llamados de "autoayuda". Algunos me sirvieron realmente, otros solo para frustrarme. Pero eso sí, entre lo que leí y lo que la vida me ha ido enseñando, me quedo con dos cosas que me siguen ayudando: (1) La importancia de vivir el ahora y (2) no avanzar lo que puede pasar en el futuro, todo cambia en el tiempo que dura un chasquido de dedos.
En 2018 llevo leídos algo más de cincuenta libros, prácticamente todos novelas de ficción y algunas historias reales. No tengo ninguna duda de que me han servido mucho más que todos los libros de autoayuda que leí en 2017, incluyendo los que pienso que de algo me fueron útiles.
En el prólogo del libro que os comparto hoy sus autoras nos cuentan de este modo de qué trata su manual:
"Sea como sea, las novelas tienen la capacidad de transportarte a otra
vida y hacerte ver el mundo desde otra perspectiva. Cuando estás enfrascado en
una novela, incapaz de despegar la mirada de sus páginas, estás viendo lo que
ve un personaje, tocando lo que toca, aprendiendo lo que aprende. Quizá creas
que estás sentado en el sofá de tu salón, pero las partes más importantes de tu
ser —tus pensamientos, tus sentidos, tu espíritu— se encuentran en un lugar
completamente distinto. «Para mí leer a un autor no es solamente entender lo
que dice, sino ponerme en marcha con él y viajar en su compañía», dijo André
Gide. Nadie regresa de un viaje como ese siendo la misma persona. (...)
Sea cual sea tu dolencia, nuestras recetas son muy sencillas: una novela (o
dos) que deberás leer a intervalos regulares. Algunos tratamientos te curarán
por completo. Otros simplemente te ofrecerán consuelo, mostrándote que no
estás solo. Todos ellos calmarán temporalmente tus síntomas, debido al poder
de la literatura para distraernos y transportarnos".
Este año llevo vividas cincuenta y tantas vidas diferentes, algunas de las cuales se asemejaban mucho a la mía. "Desde el mirador" de Clara Sánchez parecía hablar de la misma historia que yo vivía en el mismo momento con la operación de mi madre y mis viajes en tren del hospital a casa, de los pasillos del hospital de noche, y del dolor de ver a mi madre convaleciente. La historia de "La semilla de la bruja" de Margaret Atwood me sirvió para comprender que, a pesar de las grandes caídas que puede uno sufrir en la vida, es posible recomponerse y, quizás, encontrar un mejor camino que el que a priori teníamos marcado. Con "Todo se desmorona" del maravilloso Chinua Achebe, comprendí la importancia de ver las historias desde diferentes prismas, de saber que no podemos hacer caso a una historia única. ¿Y qué decir de Stoner? Creo que le he tenido pegado a mí, palpitando y respirando a mi lado, mostrándome su estoicismo y el poder de las pequeñas cosas. Y podría seguir hablando así de la mayoría de las libros que he tenido la fortuna de leer este año.
Lo dicho, a parte de terapeuta ocupacional (que ya soy), correctora editorial (para lo que estoy en proceso de formación), escritora (me río yo), ahora también quiero ser "biblioterapeuta", y mostrar a las personas el poder, gigantesco, de la literatura.
«Uno se libera de sus enfermedades
vertiéndolas en los libros; vuelve a presentar
y a experimentar sus sentimientos
para así dominarlos».
D.H. Lawrence.
lunes, 25 de junio de 2018
Las dos Emilias y el sentido de la vida.
![]() |
| Fotografía: María Requena. "Amor". |
"La salvación del ser humano es a través del amor y en el amor".
Viktor Frankl.
Seguramente haya sido una sencilla casualidad haber leído al mismo tiempo "La revolución de las agujas" de Emilia Arias y "El arte de cultivar una vida con sentido" de Emily Esfahani Smith. Sin embargo, "las dos Emilias" han escrito sendos libros que se complementan a la perfección, y ha sido, de forma casual, una experiencia enormemente enriquecedora... Os cuento.
Una misionera "revolucionaria". Isabel Martín.
Conocí el proyecto del libro de Emilia Arias gracias a la plataforma www.libros.com que se encarga de organizar campañas de crowdfunding para la publicación de distintos libros. Su idea me encantó y ahora me alegro de haber participado como mecenas en ella. Lo recomiendo fervientemente porque, si entre todos ponemos un poquito, pueden ver la luz libros como éste que quizás de otra forma (cosas del mundo editorial) lo tendrían muy difícil.
En "La revolución de las agujas" Emilia y sus colaboradoras nos cuentan la historia de Isabel Martín (1916-2013), una misionera salmantina que decidió dedicar su vida a mejorar las vidas de las mujeres de la India, en concreto de un slum de Bombay, a través del empoderamiento. Los que conocemos un poco el mundo de la Cooperación al Desarrollo sabemos lo difícil que es encontrar proyectos que se mantengan en el tiempo y que además tengan una visión integral. Este proyecto me ha enamorado porque no es el típico de ayuda "norte-sur", "rico-pobre". Para nada. Es la visión de una mujer humilde que quería ayudar a los demás, que sabía cuál era el sentido de su vida y que trabajó para que otros se sumaran a su labor. Las ondas que está mujer creó se extendieron cual olas en el océano ayudando a miles y miles de mujeres a mejorar sus vidas y darles un futuro mejor a sus hijos. Actualmente existe la Fundación Isabel Martín encargada de perpetuar la labor de una mujer buena y valiente.
¿Una vida feliz o una vida con sentido?
Ya había empezado a leer el libro anterior cuando tuve ante mis ojos a Emily dando respuestas a algunas de mis preguntas de una forma que muchos libros de crecimiento personal no habían conseguido.
Emily, realmente, no me ha dicho nada nuevo... Su riqueza ha sido el volver a ratificarme lo que siempre debería tener en mi mente... Que la vida tiene sentido siempre que sea una vida dedicada a los demás, a ayudar a los demás desde nuestra posición en ella. Emily termina su libro hablando del doctor Viktor Frankl y su obra "El hombre en busca de sentido" que todos deberíamos leer una vez al año para no olvidarnos de lo que realmente importa.
"El amor, por supuesto, es el centro de una vida que tiene sentido. El amor está presente en cada uno de los pilares del sentido (pertenencia, propósito, contar historias y trascendencia)." Emily Esfahani Smith.
"El arte de cultivar una vida con sentido" es el único libro de esta joven autora traducido al español. No es un mero recetario de indicaciones de cómo llevar la vida feliz y extraordinaria que todos hemos soñado en algún momento... No, este libro está lleno de testimonios reales de personas sencillas como tú o como yo, con vidas "típicas" que en algún momento se sintieron perdidas, que sufrieron lo inimaginable, pero que consiguieron encontrarle sentido a su existencia...
Dos Emilias unidas en un mismo sentido.
"El acto de amor comienza con la definición de sentido: comienza saliendo de uno mismo para conectarse con algo más grande y contribuir al mismo". Emily Esfahani Smith.
Quizás esta frase del libro de la Emilia americana refleje el porqué, para mí, estos libros están unidos. Y es que Isabel encontró el sentido de su vida volcándose en la ayuda a las mujeres que estaban siendo denigradas por sus maridos, a la vez que les alzaba los ojos para que vieran, por ellas mismas, que su vida podía ser otra, indicándoles el "sentido" correcto de su existencia.
Emily crítica, al comienzo de su obra, a "la industria de la felicidad", esa tan de moda que nos dice que si no viajas, si no acumulas las cosas que salen por la tele, si no eres bella o bello, si no haces lo que te da la gana no serás feliz nunca. Emily da una visión realista de la vida de tantas personas que lejos de los cánones de esta industria consiguen una vida plena y con sentido. Emilia nos cuenta cómo Isabel, a través de su proyecto "Creative Handicrafts", dio la posibilidad a cientos de mujeres de una vida mejor y éstas supieron cómo seguir sus pasos para conseguirlo.
Emily acaba su libro con este párrafo: "Éste es el poder del sentido. No es una gran revelación. Es pararse un momento a saludar al quiosquero (...). Es ayudar a la gente a estar en mejor forma física, a ser un buen padre o mentor para un niño. Es sentarse a contemplar anonadado un cielo estrellado (...). Es escuchar con atención la historia de un ser querido. Es cuidar de una planta. Esto pueden parecer cosas sencillas por sí solas. Pero, en conjunto, son las que iluminan el mundo".
Emily Esfahani Smith en su charla TED.
También puedes verlo en castellano aquí.
Gracias por leerme.
Un abrazo con todo mi amor.
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